Convicciones

Conviccion

Las personas con convicciones se levantan una y otra vez. Los hombres de convicción llegan a hacer cosas que a los ojos de otros parecerían imposibles.

El destacado poeta alemán Heinrich Heine comenta el siguiente detalle en su vida: Un amigo me preguntaba por qué no construíamos ahora catedrales como las famosas catedrales góticas, y le dije:

“Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”.

El que habla o predica con convicción respaldada por el propio testimonio de vida, mueve los corazones, persuade, invita al seguimiento, es “convincente”.
Con este criterio de las convicciones es bueno analizar no sólo la vida de los demás, que nos traerá tantas sorpresas, sino también nuestra vida. 

Porque estoy convencido que nuestra sociedad sí tiene muchas personas que son “verdaderos líderes” movidos por convicciones, sólo que son otros y con otras motivaciones los que aparecen en regularmente en medios de comunicación. Ejemplos de personas los tenemos en la punta de la lengua… personas que avalan con el ejemplo de su vida lo que predican.

P. Salvador Murguía sdb

Anuncios

Contar historias

relatos

Hablar de espiritualidad es hablar de relatos. “Había una vez…”. “Existía una princesa…”. “Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto…” (Deuteronomio). “Al principio existía la palabra…” (Evangelio de Juan). Se pueden añadir historias de personas, testimonios…: el de Monseñor Romero, la experiencia de Auroville (Aurobindo), el testimonio de una profesora que admirábamos porque nos escuchaba y nos hacía pensar.

Padres de familia y educadores estamos llamados a desarrollar este género de la literatura, pues los relatos ponen en contacto con la experiencia de tiempo, de construcción, de devenir que todos hacemos. Ser persona, ser más persona, es también un devenir. Los niños disfrutan los relatos porque quieren ser como el personaje que es presentado con valores.

Hay narraciones que “aguantan” lecturas y relecturas. Y también sabemos de las que, tras una lectura, mejor dejarlas guardadas: no sentimos que nos puedan acompañar. Hay relatos que sirven para atravesar el desierto o cruzar el océano, y otros que no resisten la menor sequía o marejada.

P. Salvador Murguía sdb