Educación en Valores

Tolerancia a la frustración

Info Frustracion

La frustración es una mezcla de tristeza, rabia y decepción. La frustración aparece cuando no se cumple nuestras expectativas, cuando esperábamos algo y no sucede.

Los adultos tendemos a evitarles las frustraciones a los niños y niñas. Sin embargo, la frustración forma parte de la vida y no podremos evitárselas, debemos enseñarles a tolerar la frustración, para reformular la situación y buscar alternativas o continuar en el mismo camino.

Consejos para enseñarles a tolerar la frustración

Educarles para tolerar la frustración puede ser un gran reto para muchos padres y madres, ya que ver malestar en los hijos e hijas puede ser muy duro, pero vamos a ver algunos consejos para ello.

  1. Deja que se enfrenten a la frustración. A menudo tratamos de evitarles las decepciones, pero esto puede ser negativo. No se trata de procurarles decepciones y malestar, pero de dejar que se enfrenten a sus pequeñas frustraciones.
  2. Apóyales en los momentos de frustración y de decepción. En lugar de evitarles estas situaciones, apóyales en esos momentos y ayúdales a superarlo.
  3. Explícales que los fracasos y las decepciones son parte de la vida. Habla con ellos y evita dramatizaciones, es importante que entiendan que es algo normal, que a todos alguna vez nos pasa y que se puede superar.
  4. No hagas cosas por ellos que ellos pueden hacer. A veces tendemos a hacer por ellos ciertas cosas, para que no se enfrenten a la frustración.
  5. Evita la sobreprotección. Protégeles pero no les sobreprotejas.

¿Qué es mejor?

perdonar
Lo que cuenta es soportar al otro en todas las facetas de su carácter, incluso las difíciles y desagradables, y callar sus errores y pecados -también los que ha cometido contra nosotros-; aceptar y amar sin descanso: todo esto se acerca al perdón.

Quien adopta una postura así en las relaciones con los otros, con su padre, con su amigo, con su mujer, su marido, también en las relaciones con extraños, con todos los que encuentra, sabe bien lo difícil que es. A veces se verá impulsado a decir: “No, ya no puedo más, no logro soportarlo; estoy al límite de mi paciencia; esto no puede seguir así”. Y sin embargo, me pregunto, ¿cuántas veces deberé perdonarle o dejarle pasar lo que ha hecho?’. ¿Cuánto tiempo tendré que soportar su dureza contra mí, que me ofenda y que me hiera; sus faltas de atención y delicadeza; que continúe haciéndome mal? Señor, ¿cuántas veces?’.

Esto deberá acabar, alguna vez tendremos que llamar al error por su nombre; no, no es posible que siempre se pisotee mi derecho. ‘¿Hasta siete veces?'” […].

Es un verdadero tormento preguntarme: “¿Cómo me las arreglaré con este individuo, cómo podré soportarlo? ¿Dónde comienza mi derecho en mis relaciones con él?”.
No hay otra forma; hagamos como Pedro, vayamos a Jesús, vayamos a plantearle siempre esa pregunta.

Si acudimos a otro o nos preguntamos a nosotros mismos, quedaremos desasistidos o la ayuda recibida será fatal. La respuesta ante Jesús será diversa. Pero sorprendente: “No te digo hasta siete veces -responde a Pedro-, sino hasta setenta veces siete”; y sabe muy bien que es la única manera de ayudarle.