Anidar la esperanza

“Ser hombre es precisamente ser responsable”, lo señala Antoine de Saint-Exupéry, en el libro del Principito que conoces bien. Y Elizabeth Kubler-Ros, psiquiatra de profesión y escritora, experta en el cuidado de los enfermos, dice:

“Las personas mas bellas con las que me ha encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada. La gente bella surge en los momentos de dificultad”.

Estamos en un momento que nos está recordando que somos vulnerables, más de lo que creemos y que necesitamos la fuerza de Dios para caminar en esta vida. Desechemos el miedo que está siendo “otro virus que nos paraliza”; y aunque se nos pide estar encerrados en casa, no nos encerremos en nostros mismos; abrámonos al bien de los demás, practiquemos la carida con los que están pasando en un mal moento y sobre todo como nos pide el Papa Francisco: “ante la paranoia del virus, respondemos con la universalidad de la oración”.

La gente más bella es la que anida en su corazón la esperanza en Dios y en ella misma.

Mons. Salvador Murguía sdb

Resilencia, todo un arte

“La resilencia es la capacidad de hacer frente a eventos traumáticos de manera positiva, de reorganizar la vida frente a las dificultades. Es la capacidad de reconstruirse sin dejar de ser sensible a las oportunidades positivas que ofrece la vida sin perder la humanidad”, lo señala el P. Pascual Chávez en estos días y ante esta situación que estamos viviendo.

Y José Luis Martín Descalzo, sacerdote y escritor español, se preguntaba qué entiende la gente cuando se le habla de que “hay que amarse los unos a los otros” son muchos los que se te quedan mirando y te preguntan: ¿y amar, qué es eso? ¿Cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de personas desconocidas o semiconocidas? 

Eso, le puso a meditar y le hizo comprender que el amar es un arte… Y después escribió una serie de pequeños gestos de amor, de esos que seguramente no cambian el mundo, pero que lo hacen más llevadero y que llenan de satisfacción el corazón de una persona. Son pequeñas maneras de amar:

  • Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el elevador y tratarles luego por su nombre.
  • Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.
  • Pensar, por principio, bien de todo el mundo.
  • Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se lo merecerían teóricamente.
  • Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.
  • Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos.
  • Visitar a los enfermos, sobre todo si son crónicos.
  • Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.
  • Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.
  • Entretenerse con los niños pequeños. No pensar que pierdes el tiempo estando con ellos.
  • Animar a los ancianos. Subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.
  • Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos.
  • Hacer regalos muy pequeños, que demuestran el cariño pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo.
  • Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.
  • Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.
  • Dar buenas noticias.
  • Mandar con tono suave. No gritar nunca.

La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable.

El momento que estamos viviendo nos exige despertar la creatividad e inventar nuestras propias manera de manifestarles a los demás, especialmente a nuestra familia y a los que nos rodean que les queremos.

Mons. Salvador Murguía sdb