Don Bosco

Primero la persona

Amor Hijos
Dos características del amor educativo por los jóvenes y por los hijos que nos enseña Don Bosco

1. Amar por primero: amor preveniente y paciente (cfr. 1 Juan 4,10-19)

“No esperen que los jóvenes se acerquen: vayan ustedes a ellos, den ustedes el primer paso y para ser aceptos por ellos, bajen de su altura. Respetando el sentido de una bien entendida autoridad, colóquense a su nivel, mejor aún, a su lado: procuren comprenderlos, gustar lo que a ellos les gusta, perder su vida y su tiempo en la vida de ellos… Así se verán ellos apremiados a amarlos a ustedes y podrán llevarlos a Dios.”

Un padre acepta amar al propio hijo por mucho tiempo como pura donación, aunque no llegue a ver el fruto inmediato de su entrega.

2. Amar a cada uno: amor universal y personal.

La mejor cualidad de Don Bosco educador: ser suficientemente desprendido y celoso para encontrar el tiempo, la ocasión y la manera de escuchar y tratar a cada adolescente como un ser único, amado por Cristo, que tiene su vocación personal, a quien hay que ayudar en el descubrimiento de su personalidad y del designio secreto que Dios tiene sobre él. No había para Don Bosco grupos de muchachos o clases de alumnos o fichas o listas (“los de 2° año”, “los del equipo tal”, etc.), sino el gran Roberto, el tímido Santiago o el incomprensible Antonio.

P. Salvador Murguía sdb

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Dejar pasar la luz

DB VitralUn niño estaba emocionado mirando las hermosas ventanas de una catedral iluminada por un hermoso sol.

“Ahora entiendo quién es un santo”, dijo de repente.
“¿Sí? ¿De verdad? “Dijo la catequista.
“Es un hombre que deja pasar la luz”.

Y Don Bosco era una ventana radiante que dejaba pasar la luz de Dios.

El sacerdote José Cafasso que fue su maestro, su confesor y su amigo diría: ¿Saben bien Ustedes quién es Don Bosco? Para mí es un misterio. Yo cuanto más lo estudio menos lo entiendo. Lo veo sencillamente extraordinario, humilde y grande, pobre y ocupado en planes grandiosos, aparentemente irrealizables y aunque contrariado, diría incapaz, triunfa esplendorosamente en todo lo que se propone. ¡Para mí Don Bosco es un misterio! Estoy convencido, sin embargo, de que trabaja para la gloria de Dios, que sólo Dios lo guía y que sólo Dios es la finalidad de todas sus acciones”

P. Salvador Murguía sdb