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La principal característica

 

Fotolia_66199634_Subscription_Monthly_MIniciar el día de trabajo con actitudes y pensamientos positivos nos ayuda a tomar la vida más llena de esperanza y la Madre Teresa nos puede ayudar mucho con sus meditaciones que eran tan sencillas, pero profundamente espirituales y llenas de realismo y optimismo. Ella meditaba así:

Libre significa: alegre y afectuosamente, sin temor y de modo abierto, dando gratuitamente lo que hemos recibido de manera gratuita, sin aceptar compensaciones, premios o gratitud.

La alegría debería ser uno de los aspectos principales de nuestra vida cristiana. Quien da con alegría da mucho. La alegría es el signo distintivo de una persona generosa y mortificada que, olvidándose de todas las cosas y hasta de sí misma, busca complacer a Dios en todo lo que hace por los hermanos. A menudo es un manto que esconde una vida de sacrificio, de continua unión con Dios, de fervor y de generosidad.

“Que habite la alegría en ustedes”, dice Jesús. ¿Qué es esta alegría de Jesús? Es el resultado de su continua unión con Dios cumpliendo la voluntad del Padre. Esa alegría es el fruto de la unión con Dios, de una vida en la presencia de Dios. Vivir en la presencia de Dios nos llena de alegría. Dios es alegría. Para darnos esa alegría se hizo hombre Jesús.

María fue la primera en recibir a Jesús y se llenó de alegría: “Exulta mi espíritu en Dios mi salvador». El niño saltó de alegría en el seno de Isabel porque María le llevaba a Jesús. En Belén, todos estaban llenos de alegría: los pastores, los ángeles, los reyes magos, José y María. La alegría era también el signo característico de los primeros cristianos. Durante la persecución, se buscaba a los que tenían esta alegría radiante en el rostro. A partir de esta particular alegría veían quiénes eran los cristianos y así los perseguían”

Mons. Salvador Murguía sdb

 

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Quien llena tu vida

1528374086457Si quieres ser significativo en esta vida, no tienes otro camino que ir en contra de la corriente ordinaria de vida. Cuando se da uno cuenta de que a nuestro alrededor crece como un hongo el individualismo feroz y el punto de referencia es cada uno en su propio egoísmo y orgullo; una alternativa de solución creíble es la fraternidad. Compara la publicidad de hoy en dia y confróntala con lo que pide el Papa Francisco y entenderás su lenguaje de “ir a los más alejados de nuestras ciudades”.

Tenemos muchos retos en nuestra vida, pero el principal es el reto de construir nuestra misma familia y nuestra comunidad como los lugares en los que se aprende a pasar del yo al nosotros poniendo por delante el bien del hermano a mis intereses y necesidades.

Es necesario comprometernos por humanizar la vida en familia, la vida en común para superar soledades y multiplicar la misericordia. En un mundo agresivo y violento, la apuesta por el perdón y la paz como opciones de vida, hace creíble nuestro modo de vivir y hace más evangélico nuestro anuncio. Así hay que vivir el Evangelio.

Este es el reto: ser ungüento que ayude a cicatrizar las heridas de los vencidos en la batalla. Las comunidades y las familias han de vivir un movimiento centrífugo. El servicio generoso y desinteresado es hoy una opción en contra de la realidad que nos envuelve. El ambiente de familia tiene que ser una llamada de atención en contra del egoísmo y la auto-referencialidad: se trata de salir al encuentro de las necesidades de los demás.

No pretendemos ser mejores que otros. Ni aspiramos a reconocimientos públicos; tampoco a que nos entiendan o aplaudan. Queremos ser tan solo una alternativa del Evangelio en nuestro modo de vivir denunciando un sistema que olvida a los que más fatigan para salir adelante y no protege a los más débiles.

Y si alguien te pregunta ¿por qué lo haces? Responde con libertad que Dios llena tu vida y su amor desborda tu corazón.

Mons. Salvador Murguía sdb