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Ponernos en marcha

marcha

Como humanos estamos hechos de cuerpo y alma, aunque a veces tendemos a olvidar lo mucho que nuestro cuerpo influye en el estado del alma. Tenemos días que nos quedamos horas sentados en el sofá, pensando que hay muchas menos probabilidades de que tenga la energía para hacer lo que es debido hacer; le dedicamos menos tiempo a la familia, somos menos atentos con los demás, especialmente con los que nos rodean, con hijos, con padres con amigos y, por lo general, tendemos a agrandar los problemas, lo cual lleva a una sutil desesperación.

En cambio hay otros días que estamos motivados para salir, para caminar para afrontar la vida y tenemos deseos de hacer algún ejercicio, nuestro ánimo no podía ser más diferente. Estamos más alegres, más optimistas con más energía que ofrecer a mi familia. Es el perfecto estado mental para intentar empezar a hacer cambios en nuestra vida.

Así es nuestra condición humana y porqué no aprovechar esos momentos para tomar conciencia de lo que somos, primero y después de lo que tenemos como valores de nuestras personas y además, también de lo que nos ha sido dado como regalo y que podemos hacer que crezca, que son nuestras cualidades.

Nutrir nuestra mente, nuestros corazones y nutrir la voluntad es descubrir el regalo que es Dios y cuánto nos ama, lo podemos hacer en un tiempo como éste que iniciaremos y que se llama cuaresma. ¡pongámonos en marcha!

P. Salvador Murguía sdb

Enseñar a gestionar las emociones

Gestionar Emociones

Las emociones forman parte de las personas, no podemos separarnos de nuestras emociones. Las emociones aparecen por algo, cumplen una función muy importante para nuestra adaptación y supervivencia. Incluso las emociones, que comúnmente llamamos emociones negativas tienen también una función y aparecen como reacción a situaciones de nuestro entorno. Sin embargo, tendemos a reprimir las emociones que asociamos a estados negativos, y reprimirlas puede hacer que el malestar asociado aumente. La educación emocional ha de partir de enseñarles a gestionar las emociones, y no a reprimirlas.

¿Qué pasa si reprimimos las emociones negativas?

Tradicionalmente, las emociones negativas han tenido muy mala reputación y expresarlas ha estado socialmente mal visto. En numerosas ocasiones se les ha dicho a los niños y niñas: “no llores, estás más feo/a cuando lloras”, “no te enfades”, etc.

Parece que las emociones negativas tienen que reprimirse, que han de ocultarse, ya que son vistas como algo malo que causa malestar. Sin embargo, al reprimir las emociones negativas no mitigamos el malestar, al contrario, a veces podemos incrementarlo.

Las emociones, incluso las que se conocen como emociones negativas, cumplen una función y son algo natural. El enfado es nuestra reacción ante algo que no nos gusta, y nos sirve para responder ante lo que no nos gusta,  el miedo es la respuesta a una amenaza, y nos sirve para protegernos del peligro, y la tristeza es la reacción a algo que nos hace daño, que nos duele, y nos ayuda a reflexionar y pedir ayuda. El problema de las emociones negativas ocurre cuando provocan reacciones ante situaciones que no son tales,  que no son ni peligrosas, ni dolorosas, o cuando su reacción es demasiado intensa, frecuente o prolongada en el tiempo.

Cuando reprimimos una emoción negativa, conseguimos que esta se intensifique y no se gestione de manera adecuada, queda dentro y con el tiempo puede hacer que se intensifiquen o generalicen emociones similares. Cuando esto ocurre las emociones nos controlan a nosotros, en lugar de nosotros a ellos.

La importancia de enseñar a los niños y niñas a gestionar las emociones.

Es muy importante enseñar a los niños y niñas a gestionar sus emociones desde un primer momento. La gestión de las emociones no debe confundirse con la represión de las mismas.

  • Cuando reprimimos una emoción, la negamos, nos la negamos a nosotros mismos. La rechazamos y la tapamos. Sin embargo, aunque intentemos hacer esto, permanece en nuestro interior y deja una huella en nuestro inconsciente.
  • Cuando gestionamos una emoción, la identificamos adecuadamente, la aceptamos y la dejamos pasar con calma, pero controlando nuestra conducta. No podemos decidir nuestra emoción, pero si nuestras conductas. Cuando las gestionamos dejamos que la emoción cumpla su función y se disipe.

Consejos para enseñar a los niños y niñas a gestionar las emociones.

  • Ayúdales a identificar y reconocer sus emociones. Es muy importante poner nombre a las emociones y reconocer las señales asociadas a cada emoción.
  • No les presiones para que repriman sus emociones, en lugar de decirles no llores, o no te enfades, prueba con estos mensajes: “Es normal que te enfades, yo también me enfadaría sí…” “No pasa nada si estas enfadado….” “Es lógico que estés triste, todo el mundo está triste a veces”, “Con un poco de tiempo se te pasará”, etc.
  • Educa con tu ejemplo y no reprimas tus emociones.

Celia Rodríguez Ruiz 

Psicóloga y Pedagoga