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Mejora las relaciones familiares

familia

Las emociones van a definir nuestra forma de actuar en las interacciones sociales y en la relación afectiva, y en nuestras relaciones familiares. Un estado emocional positivo favorecerá nuestras relaciones y facilitarán que éstas sean más fluidas y constructivas. En cambio un estado emocional negativo tendrá repercusiones negativas en nuestras relaciones e interacciones, favoreciendo los conflictos e interfiriendo en la comunicación y en la solución de los mismos.

Es importante saber de qué manera nuestras emociones y las de nuestras personas cercanas van a influenciar nuestras relaciones, conocer las repercusiones que tienen y cómo podemos lograr que nuestro estado emocional no altere el clima y funcionamiento familiar, o que lo haga lo menos posible.

Emociones e interacciones sociales

Las emociones vienen determinadas por pensamientos y percepciones sobre uno mismo, sobre los demás y sobre las relaciones. En este sentido nuestras emociones van a influenciar nuestras relaciones y al mismo tiempo nuestras ideas y percepciones sobre dichas relaciones van a provocarnos determinados estados emocionales.

Las interacciones, suponen la implicación de al menos dos personas, en esa interacción cada uno es parte activa de la misma y ejerce una influencia en el funcionamiento de la misma.Es por ello que nuestros sentimientos en relación a la relación van a determinar en parte el funcionamiento de la misma y afectar a los pensamientos y sentimientos del otro.

Unos pensamientos adecuados sobre nuestras relaciones, nos ayudarán a sentirnos bien, y estas emociones positivas favorecerán el bienestar común de los implicados en la relación.

Qué factores influyen en nuestro modo de relacionarnos

  • La autoestima tiene un papel muy importante en nuestro modo de relacionarnos. Una baja autoestima lleva a no confiar en uno mismo. Cuando uno no confía en sí mismo, tiende a confiar en los demás, sobreestimando su valor y al mismo tiempo necesita ser valorado por los otros.
  • Estilo de apego. El estilo de apego es la base de nuestro patrón de conductas para relacionarnos. Un estilo de apego inseguro, hace experimentar la necesidad extrema de los afectos de los otros. Un estilo de apego seguro nos ayuda a querer a los otros sin necesitarlos.
  • Las emociones. Las emociones positivas nos llevan a experimentar bienestar y nos aporta confianza, facilitando las interacciones.
  • Habilidades sociales adecuadas. Saber comunicarse con los demás sin dañarlos y poder ponernos en su lugar son aspectos elementales para unas relaciones saludables.
  • Nuestros pensamientos. La manera de interpretar los afectos y determinadas circunstancias va a determinar nuestra forma de sentirnos y de relacionarnos.

Mejorar nuestras relaciones familiares a través de un estado emocional positivo

  1. Trabaja y cuida tu autoestima. Si te valoras a ti mismo, no buscarás esa valoración en las relaciones y además contribuye a no sentirse mal ante determinadas actitudes de los demás.
  2. Desarrolla patrones de apego seguros. Evita la dependencia, confía en el afecto de las otras personas y disfruta de su presencia.
  3. Desarrolla habilidades sociales que te permitan entender las reacciones del otro, evitando pensamientos sesgados y permitan comunicar nuestros estados emocionales sin dañar a los demás.
  4. Analiza los pensamientos que tienes sobre ti mismo, las otras personas y las relaciones. Los pensamientos nos llevan a experimentar emociones determinadas.
  5. Aprende a identificar, expresar y controlar tus emociones. De este modo dejaras que estas fluyan y su influencia negativa será menor.
  6. Procura desarrollar un pensamiento positivo que te lleve al bienestar.
  7. Comunícate de forma positiva y escucha a los demás.
  8. No escatimes en muestras de afecto, ayudan a sentirnos bien, todos.
  9. Crea un clima de confianza, donde puedas y puedan comunicarte los respectivos estados emocionales.

 

 

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

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Presentación del Aguinaldo 2019

Santidad

 “Para que mi alegría esté en vosotros”  (Jn15,11)

LA SANTIDAD TAMBIÉN PARA TI

I. Dios llama a la santidad.

Es evidente que el papa Francisco quiere centrar la atención de su exhortación sobre lo que es esencial en nuestra vida cristiana, ayudándonos a tener una visión amplia, sin caer en la tentación de perder el horizonte. Por esta razón, el Papa trata de ayudarnos dirigiendo una llamada a la santidad encarnada en el contexto actual, con los riesgos, los desafíos y las oportunidades que Dios ofrece en el camino de la vida, para que “mi alegría esté en vosotros” (Jn15,11) .

La Sagrada Escritura nos invita a ser santos: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt5,48), y “sed santos, porque yo, el Señor, soy santo” (Lev11,44).

La santidad es un don, un mandato y una tarea. La santidad es para todosporque corresponde al plan fundamental de Dios sobre nosotros. Ser santos no es enajenarse de uno mismo o alejarse de los propios hermanos, sino vivir uno mismoen una intensa (y a veces difícil) experiencia de comunión.

Un Dios cercano que se revela en Cristo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5); “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn13, 15).

La santidad no es una teoría de la perfección moral, sino una vida conforme con la de Jesús. Algunas características de la vida de Jesús cercanas, concretas, bellas, apasionantes para cada uno, en las que tal vez la gente nunca piensa o piensa poco.

II. Una llamada a la santidad para todos

A lo largo de los siglos, muchos hombres y mujeres han vivido la santidad, pero solo unos pocos han sido declarados santos. Hay muchos ejemplos.

Lo importante es ser santos, no ser declarados como tales. Los santos canonizados representan la fachada de una iglesia; pero la iglesia contiene muchos tesoros preciosos en su interior que, sin embargo, permanecen invisibles. Esta parte interna, pero menos visible, es la que el Aguinaldo quiere invitar a descubrir y a hacer despertar la sed y la nostalgia.

La “santidad de la puerta de al lado” y la llamada universal a la santidad: san Francisco de Sales, Don Bosco; el Concilio Vaticano II; Jan Tyranowski y Karol Wojtyłaen la escuela de Don Bosco.

III. Don Bosco quiere que sus jóvenes sean felices en el tiempo y en la eternidad.

Al comienzo de su Carta de Roma, del 10 de mayo de 1884, Don Bosco escribió a sus jóvenes: “Uno solo es mi deseo, el de veros felices en el tiempo y en la eternidad”.

Al final de su vida terrena, estas palabras condensan el corazón de su mensaje a los jóvenes de todas las épocas y del mundo entero. Ser felices, como meta soñada por cada joven, hoy, mañana, a lo largo del tiempo. Pero no solo. En la eternidad está ese plus que solo Jesús y su propuesta de felicidad, la santidad precisamente, sabe ofrecer. Es la respuesta a la sed profunda de ‘para siempre’ que arde en cada joven.

El mundo, las sociedades de todas las naciones, ni siquiera pueden proponer ni ese ‘para siempre’ ni la felicidad eterna. Dios, sí.

Para Don Bosco todo esto estaba clarísimo. Sus últimas palabras a los jóvenes fueron: “Decid a mis muchachos que los espero a todos en el paraíso”. Por esto, el ‘Da mihi animas, coetera tolle’. 

IV. Jesús es la felicidad que ustedes, queridos jóvenes, buscan.  

Este fue el gran desafío de san Juan Pablo II en la Vigilia de oración de la XV Jornada Mundial de la Juventud (JMJ, el año 2000, en Roma Tor Vergata) cuando dice a los jóvenes del mundo: “En realidad, es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien os espera cuando no os satisface nada de lo que encontráis; es Él la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca con esa sed de radicalidad que no os permite dejaros llevar del conformismo; es Él quien os empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejaros atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometeros con humildad y perseverancia para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna”.

 V. “Siento en mí un deseo y una necesidad de hacerme santo” (Domingo Savio) 

Notas salesianas sobre la santidad:

  • En las Constituciones de los SDB, FMA, en el PVA de los SS.CC, y muchos grupos de la Familia Salesiana.
  • Diferentes llamadas en el Magisterio de la Congregación (SDB) a la santidad.
  • Algunos puntos sobre los cuales la espiritualidad salesiana puede decir mucho:
  1. La santidad es florecimiento de lo humano. Donde está el santo, se ve al hombre y a la mujer. (Cf. Don Rinaldi pide a las VDB que sean verdaderas mujeres, con un toque femenino, etc.)
  2. Santidad y comunidad: ser santos juntos.
  3. Santos-con: santos para los jóvenes, pero sobre todo santos con los jóvenes. En cierto modo, es bastante lógico que Domingo Savio sea el primer canonizado después de Don Bosco, es decir, los frutos de la santidad de los Salesianos son los jóvenes santos, y la santidad de los jóvenes es casi el indicador retroactivo de la santidad de los miembros nuestra Familia Salesiana.
  4. Santidad y familias heridas; santidad y límites personales (Francesco Convertini, Ignác Stuchlý, etc.); santidad de los límites biográficos, históricos, sociales… No existe ninguna condición personal, biográfica, histórica que sea impedimento para la santidad.
  5. La santidad juvenil… jóvenes santos y juventud de los santos (Cf. n. 214 de la Instrumentum Laboris del próximo Sínodo).

 

VI. La santidad vivida en el carisma salesiano  

El mensaje de la santidad en proceso de reconocimiento ayuda a releer e integrar el carisma salesiano.

  •  Dimensión misionera: misioneros en sentido estricto; misioneros “de vuelta” a su país (Stuchlý); personas que habían sido propuestas para ser en misioneros, pero que eligieron quedarse (Zeman) …
  • Santidad de los salesianos obispos
  • Santidad con una tonalidad mariana explícita (muchas bellas figuras de FMA, y también T. Zeman, Stuchlý, Lustosa, etc.)
  • Santidad con un carisma fundacional…
  • La santidad de los salesianos coadjutores (Zatti, Srugi, Sandor, etc.)
  • El mensaje de los mártires en los años anteriores y posteriores al bicentenario (Sandor, Zeman, padre Rodolfo y Bororo Simao, Comini …)
  • Dimensión oblativo-víctimal como encarnación del “caetera tolle”. Augusto Czartoryski, Andrea Beltrami, Luigi Variara, Ana María Lozano, Laura Vicuña, Alexandrina Maria da Costa, etc. Esta dimensión se expresa de muchas maneras:
  1. Sufrimiento físico, inmovilidad forzada
  2. Separación o alejamiento de dinámicas comunitarias
  3. La incomprensión de los superiores (Variara, Zeman, Della Torre, etc.)
  4. La imposibilidad de poner en práctica sus propios proyectos por restricciones externas (Vicuña, Lozano…) o de salud (Zatti, etc.)
  5. El legado sufrido de las propias familias de origen (Laura Vicuña, Braga, Stuchlý que pierde a su padre dramáticamente, etc.)
  6. La participación explícita y la conformación a los sufrimientos de Cristo (Alexandrina, Vera Grita, etc.)ü  Santidad salesiana y contemplación…

 VII. ¿Qué quiere decir: “La santidad también para ti”?  

Es una cosa cercana, real, concreta, posible. De hecho, es la vocación fundamental.

Ser santos no es difícil, de hecho es fácil y Dios nos espera en el cielo después de nuestro camino de santidad. “Lo dicho hasta ahora no implica un espíritu apocado, tristón, agriado, melancólico, o un bajo perfil sin energía. El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor” (Gaudete et exsultate, 122).

El camino de la santidad no puede eludir la dimensión de la cruz, pero también está lleno de alegría: “aquí hacemos consistir la santidad en estar muy alegres”.

La santidad no nos aleja de nuestros propios deberes, intereses, afectos. Pero los asume en la caridad. La santidad es la perfección de la caridad y, por tanto, responde a la necesidad fundamental del hombre: ser amado y amar. Cuanto más santo, más humano porque “no es que la vida tenga una misión, sino que es misión” (Gaudete et exsultate, 27).

La santidad no es un ‘plus’ facultativo ni un objetivo solo para algunos. Es la vida plena, según el proyecto y el don de Dios. Por tanto, es un camino de humanización. La verdadera vida espiritual es el florecimiento de lo humano. “Nos hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación”(Gaudete et exsultate, 31)

La santidad es un deber (es decir, una vocación, una responsabilidad, un compromiso), pero sobre todo un don. La santidad es la participación en la vida de Dios, no una perfección entendida de una manera moral y que presume de lograrla con las propias fuerzas, ni, por otro lado, un objetivo accesible únicamente para los  “mejores” en el sentido de los “más preparados”. Es, ante todo, un acoger, recurriendo a los instrumentos de la Iglesia, incluida una sólida vida sacramental y piedad.

Juntos, es más fácil. Santidad y caminar juntos y experiencia de comunión. Esto es hermoso y al mismo tiempo exigente.

VIII. ¿Algunos posibles indicadores de santidad? Algunos dinamismos para ayudar a los jóvenes y a todos nosotros en este camino 

El fruto del Espíritu Santo: amor, alegría, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí. La santidad no es pelea, contención, envidia, división, prisa. “La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia” (Gaudete et exsultate, 34).

Las virtudes: no solo rechazar el mal y aferrarse al bien, sino apasionarse por el bien, hacer bien el bien, todo el bien… “nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión” (Gaudete et exsultate, 26).

La Comunión: la santidad se experimenta juntos y se consigue juntos. Los santos siempre están juntos (incluso integrando el componente masculino y femenino). Donde hay uno, siempre encontramos muchos otros. ü  Por ejemplo: Don Cafasso, Don Bosco, Madre Mazzarello, Rosmini, marqueses de Barolo, don Guanella, don Rua, María Romero Meneses, Laura Vicuña, Ceferino Namuncurá, jóvenes mártires de Poznań, Zatti, Czartoryski, Beltrami, Stuchlý, Zeman, Braga… y muchos otros.ü  La santidad del cotidiano hace florecer la comunión y es un generador “relacional”.

La creatividad y la inventiva del Espíritu. La santidad nunca es repetitiva: de Don Bosco han florecido 31 grupos de la Familia Salesiana y otros en el proceso de reconocimiento, y que, a veces, han sido capaces de expresar sensibilidades muy diferentes entre ellos, aunque convergentes en la raíz. Imitar a los santos no significa copiarlos.

La comunión eclesial. Nadie es “de Pablo, de Cefas, de Bernabé”, sino que todos “somos de Cristo y Cristo es de Dios”. Ser Familia Salesiana no significa absolutizar el mensaje de Don Bosco, sino valorizarlo insertándolo en el conjunto de la Iglesia. Algunas cosas no se pueden pedir a Don Bosco, porque Dios las ha dado a la Iglesia a través de otros. Y, por tanto, se le pedirá a otros santos no salesianos, y a otras tradiciones espirituales de la Iglesia. Esto no significa ser menos Salesianos, sino creyentes enamorados de la Iglesia en la variedad de sus carismas, y conscientes de formar parte de ella a partir de la propia especificidad. El propio Don Bosco recurrió a esta pluralidad y polifonía de santidad que le precedió: Ignacio de Loyola y Felipe Neri, por ejemplo, no solo Francisco de Sales, etc. Esta transversalidad también está presente en las figuras de nuestra santidad: Ignazio Stuchlý era cercano a los jesuitas; Vandor inicialmente se orientó por los franciscanos. Vendrame vivió en el campo de prisioneros una intensa experiencia de fraternidad con los carmelitas y fue un gran devoto de Santa Teresita de Jesús.

La fama de santidad y de signos, entendida como un eco persistente de la belleza de una vida, de su fragancia evangélica, de la riqueza de su mensaje. Los efectos son siempre desproporcionados a las causas aparentes. Por tanto, incluso en la “santidad ordinaria de la puerta de al lado”, es importante valorar los vínculos que son generadores de bien, de relaciones y amistades, de alegría.

IX. ¿Caminos de santidad hoy?

“No debemos poner en la santidad más perfección de la que realmente tiene” (Adrienne von Speyr). Es decir: heroicidad cristiana no es heroísmo, perfección cristiana no es perfeccionismo del superhéroe.

abemos que algunos son santos, pero nunca uno sea más santo que otro. Solo Dios conoce los corazones. Hay una belleza en cada cosa. Hay muchos caminos para llegar al cielo. No se debe pedir a una persona lo que no puede y no debe dar. Decirlo es alentador, sanador. De lo contrario, muchos se convencerán de que no pueden ser santos, porque nunca conseguirán serlo como algunos santos que les han propuesto como modelos.

Por tanto: incluso los “formatos pequeños” (Adrienne von Speyr) pueden, a su manera, ser perfectos. ü  Es decir: la santidad nunca es desalentadora. No tengas miedo a la santidad. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Jn 14,2). El Paraíso es como un jardín: está la humilde violeta o el sublime lirio y la rosa.

Cada santo es una palabra de Dios encarnada. No hay dos santos iguales. Imitar a los santos no es copiarlos. Cada uno necesita sus propios tiempos y tiene su camino. ü  ¿Qué palabra de Dios soy? ü  ¿A qué me llama esto? ü  ¿Qué palabra de Dios intuyo que “sea” el joven que tengo al lado? ¿Cómo ayudarlo a comprenderla y a vivirla?

La santidad también se mide por la categoría de fecundidad, pero no por el eficientismo de rendimientos al que estamos acostumbrados hoy.

La santidad es responsabilizante. Hay algo que solo TÚ puedes hacer. – “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5).

La experiencia de una sana dependencia. El camino de la santidad es compromiso, pero nunca autosuficiencia. Se vive juntos y genera comunión. ¡Santos sí, pero santos juntos! Ante todo, los santos son la obra maestra de Dios.

Santidad es dejar una señal y vivir la  fecunda dependencia de las relaciones.

 

 

 

Ángel Fernández Artime, sdb

Rector Mayor