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Educar en la responsabilidad

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Tratar con un adolescente no es algo fácil. Es la última etapa del camino en su paso a la edad adulta. En este sentido ellos se sienten capaces y reivindican ser dueños de su vida. Esto se suele convertir en un conflicto y más cuando el adolescente actúa de manera irresponsable.

Es imprescindible enseñarles a ser responsables y dejarles que poco a poco sean ellos los dueños de su destino y tomen sus decisiones.

¿Qué significa que sean responsables?

La responsabilidad es una forma de actuar que hace referencia a la madurez y al compromiso con uno mismo y con los demás. Porque implica asumir y cumplir obligaciones, así como asumir lasconsecuencias de los propios actos. La persona responsable será capaz de mostrarse sincero aunque sea difícil, de ser valiente para defender los propios principios, de cumplir con su deber y de respetarse.

El adolescente respetable sabrá que es lo que tiene que hacer y la manera adecuada de proceder sin que se lo manden.

Educar para que los adolescentes sean responsables tiene como objetivo favorecer la interiorización de las normas, haciendo que estén tan arraigadas que sean capaces de comportarse de forma responsable sin que haya nadie que les indique lo que deben hacer o no hacer.

Cómo podemos educarles en la responsabilidad

  1. Elabora con ellos un conjunto de normas, que sean claras y concisas. La elaboración de las normas ha de hacerse de manera conjunta, debemos permitirles decidir, de forma que no lo vean como una imposición sino como una decisión conjunta en la que ellos han colaborado.
  2. Déjale cumplir las normas a él solo. No estés recordándole continuamente, ni presionándole. Después de establecer las reglas ellos ya saben lo que tienen que hacer.
  3. Aporta la información sobre las diferentes opciones para cumplir las normas, y sobre las consecuencias de no cumplir con las mismas.
  4. Ten en cuenta que la responsabilidad como forma de actuar se aprende y se interioriza poco a poco. Empieza por normas sencillas, pequeñas cosas que no supongan una gran responsabilidad y a medida que adquieran la capacidad aumenta el tipo de normas.
  5. Hazle responsable de diferentes tareas (una parte de la casa, recoger su ropa, hacer sus tareas, etc.), y deja que realice las tareas sin estar detrás de él.
  6. Cuando veas que no va a cumplir una norma o tarea deja que lo haga, no se lo recuerdes. Si esto ocurre no le evites las consecuencias. Es bueno que comprueben las consecuencias de sus actos y decisiones.
  7. Negocia con ellos diferentes alternativas relacionadas con su vida como las horas de entrada y salida, las metas a alcanzar, las horas de TV y de estudio, etc. Es importante que en esta negociación tengas confianza en ellos. Tienen que percibir que les consideras capaces de elegir.
  8. Enséñale a solucionar sus problemas. Puedes guiarle y aconsejarle, pero no lo hagas por él, deja que sea el adolescente el que aplique la solución.
  9. Permítele tener cierto margen de vida privada, es fundamental para que sean adultos independientes.
  10. Refuerza su responsabilidad y ayúdale a ser consciente de los beneficios. A medida que nos demuestren responsabilidad debemos darles más libertad.

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

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Respuesta libre

Fraternidad

¿Cómo sería hermoso que mientras descubrimos planetas lejanos, volvamos a descubrir las necesidades de nuestro hermano y hermana que gravitan entorno a mí?”.
¿Cómo sería hermoso que la fraternidad (…) no fuera reducida sólo a asistencia social, sino que fuera una actitud profunda en las decisiones que se toman tanto a nivel político, como económico y científico en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y los países.

Educar a la “fraternidad” es construir para el futuro, es cimentar para lograr una “solidaridad concreta”, que ayuda a salir de una “cultura del descarte” tan mencionada por el Papa Francisco. Una cultura que no tiene sólo que ver con “la comida y con los bienes”, sino en primer lugar con las “personas”, especialmente con quienes son “marginadas” por el sistema “tecno-económico”, donde “en el centro, sin darnos cuenta, a menudo, no se encuentra el hombre, sino los productos del hombre”.

“Solidaridad” es la palabra que tantos quisieran borrar del diccionario” porque ella, no obedece a “un mecanismo automático” pues no se puede “programar o mandar”. Es una respuesta libre que nace del corazón de cada uno. “¡Es una respuesta libre!”.
“Sí uno comprende que su vida, a pesar de estar en medio a tantas contradicciones, es un regalo, y que el amor es la fuente y el sentido de la vida… ¿cómo se puede inhibir el deseo de hacer el bien a los demás?”.

P. Salvador Murguía sdb