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Retos ante la vida

Retos

La vida siempre es vida y hay que vivirla en plenitud, es decir aprender a realizarse como persona en ella y llegar a ser feliz, creo que para eso nos creó Dios, para la “Felicidad”. El reto es vivir con pasión cada momento y experiencia, y los problemas y dificultades que se tienen o se encuentran no tienen que ser impedimentos. En este sentido, siempre ha habido y existirán siempre personas que vivan la vida con pasión y en forma virtuosa y que llegan a profundos niveles y a grandes aventuras nunca imaginadas.

Hoy te hablaré de una mujer que supo vivir con pasión, Elisabeth Arrighi Leseur:

Elisabeth Arrighi LeseurElisabeth Arrighi Leseur nació en París en el 1866, hija de una adinerada familia francesa. Cuando era pequeña tuvo hepatitis, enfermedad que marcó toda su existencia.
En 1887, conoció al médico Félix Leseur (1861-1950), también nacido en una rica familia y católica; pero poco antes de casarse el 31 de julio de 1889, Elisabeth descubrió que Félix había dejado de ser católico practicante. El Dr. Félix Leseur se hizo conocido más tarde como materialista y colaborador de periódicos anticlericales en París.

Rica porque así era su familia y así fue con su matrimonio, Elisabeth formaba parte de un grupo social cultivado, educado y generalmente antireligioso. El vínculo matrimonial era fuerte, aunque oscurecido por la falta de hijos y por su desacuerdo religioso creciente, pues el su esposo, el Doctor, hizo todo lo que pudo para extinguir la fe de su esposa.

Sin embargo, los ataques de su marido contra el cristianismo y la religión, fortalecieron a Elisabeth que a los 32 años de edad tuvo una conversión religiosa y desde ese momento en adelante, consideró como su principal tarea rezar por la conversión de su marido, permaneciendo paciente ante los constantes ataques sobre su fe.

Enferma como estaba se dedicó a trabajar en proyectos de caridad para las familias pobres y fundó algunas actividades caritativas; pues la caridad era el principio que organizaba todos su ascetismo. Escribiendo cartas ayudaba a infinidad de personas a vivir su vida y fortaleciendo sus corazones espiritualmente; y de todo esto su marido desconoció durante muchos años su vasta correspondencia espiritual. Y mientras ella se preocupaba con mayor intensidad por los “pobres”, su salud se deterioraba también intensamente y le restringía en su capacidad de responder a esta preocupación.

Desde 1907 se vio forzada a llevar una vida sedentaria, recibiendo a visitantes y dirigiendo su casa desde un sillón. Murió de un cáncer generalizado en mayo de 1914.
Después de su muerte, su marido encontró una nota dirigida a él en la que ella profetizaba sobre su conversión y que posiblemente se convertiría en sacerdote. Para librarse de esas “supersticiones”, el Dr. Félix fue al santuario de Lourdes queriendo exponer los relatos de las curaciones allí como falsos. En la gruta de Lourdes, sin embargo, él vivió también momentos de conversión personal a Dios. Pero fue hasta el 1919 cuando consideró la posibilidad de hacerse sacerdote después de analizar a fondo lo vivido y escrito por su esposa. Y después de un proceso de formación recibió la ordenación sacerdotal en 1923. El Padre Leseur pasó la mayor parte de sus restantes 27 años de vida hablando públicamente sobre los escritos espirituales de su esposa.

P. Salvador Murguía sdb

Satisfacciones de la vida

satisfacciones

Dicen, los especialistas en comunicación que nosotros “comunicamos con toda nuestra persona”, pero especialmente y de primera intención y tal vez sin darnos cuenta, con el rostro, la cara y con los ojos. Y dicen, los primeros salesianos que conocieron a Don Bosco que su rostro y sus ojos vivísimos transmitían mucha confianza y alegría.

Es un arte que nace del fondo del corazón como bien señala el padre José Kentenich:

“En este tiempo tan pobre de alegrías sería una tarea importante: gozar de las ‘gotitas de miel’, de las pequeñas alegrías donde Dios se nos ofrece. Es el arte de alegrarse, el arte de educar a los demás en la alegría.”

Tenemos muchas y muy variadas alegrías en nuestra vida. A veces no les damos la importancia que se debe y sigimos el camino. Corremos el peligro de quedarme en lo que nos hace falta, en lo que no tenemos o en lo que no hemos conseguido. Nos detenemos en lo que no funciona; lloramos tras una derrota; lamentamos y nos paralizamos ante lo que ya no existe. Y lo peor es que no disfrutamos lo que tenemos y a las personas con las que vivimos y esto, nos pone en peligro de vivir la desesperanza.

Alegrarnos con lo que vivimos en cada momento. En un presente continuo que me da vida y esperanza. Ser capaz de recoger la alegría de cada momento es un verdadero arte. Vivir en presente. Saborear las cosas sencillas de la vida.

Dice le refán que “de la abundancia del corazón habla la boca” y yo creo que se expresa en acciones; la capacidad de ser felices y hacer felices a los otros está en nuestras manos. Ése es un paso hacia delante en este año nuevo; son las semillas de esperanza.

P. Salvador Murguía sdb