hijos

Primero la persona

Amor Hijos
Dos características del amor educativo por los jóvenes y por los hijos que nos enseña Don Bosco

1. Amar por primero: amor preveniente y paciente (cfr. 1 Juan 4,10-19)

“No esperen que los jóvenes se acerquen: vayan ustedes a ellos, den ustedes el primer paso y para ser aceptos por ellos, bajen de su altura. Respetando el sentido de una bien entendida autoridad, colóquense a su nivel, mejor aún, a su lado: procuren comprenderlos, gustar lo que a ellos les gusta, perder su vida y su tiempo en la vida de ellos… Así se verán ellos apremiados a amarlos a ustedes y podrán llevarlos a Dios.”

Un padre acepta amar al propio hijo por mucho tiempo como pura donación, aunque no llegue a ver el fruto inmediato de su entrega.

2. Amar a cada uno: amor universal y personal.

La mejor cualidad de Don Bosco educador: ser suficientemente desprendido y celoso para encontrar el tiempo, la ocasión y la manera de escuchar y tratar a cada adolescente como un ser único, amado por Cristo, que tiene su vocación personal, a quien hay que ayudar en el descubrimiento de su personalidad y del designio secreto que Dios tiene sobre él. No había para Don Bosco grupos de muchachos o clases de alumnos o fichas o listas (“los de 2° año”, “los del equipo tal”, etc.), sino el gran Roberto, el tímido Santiago o el incomprensible Antonio.

P. Salvador Murguía sdb

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Frenesí

MamaTeAmo.jpgVivimos ante un ritmo acelerado de la vida, un delirio o una agitación o conmoción de ánimo por hacer cosas y olvidamos a las personas; vemos sus funciones y nos motivan sus acciones inmediatas y nos olvidamos de mirar sus ojos y los sencillos detalles y resaltar su importancia porque marcan la diferencia, porque vienen del corazón y porque nos hacen más personas.

“¡Mamá, mira!”, Exclamó Marta, la niña de siete años.
“¡Sí, sí!” La mujer murmuró nerviosamente mientras conducía y pensó en las muchas cosas que le esperaban en casa.
Luego el ritmo de vida siguió con la cena, la televisión, el baño, varias llamadas telefónicas e incluso el tiempo para ir a dormir. “¡Vamos hija, es hora de ir a la cama!” Y ella comenzó a correr por las escaleras. Cansada, muerta, la madre le besó, recitó las plegarias con ella y ajustó las cobijas.
“¡Mamá, mira!” La pequeña niña volvió a decirle.
“¡Escucha, hija, estoy cansada, muerta!”, Respondió la madre “Mañana…”. “¡Buenas noches!” Agregó y cerró la puerta con firmeza.
Y aunque se fue a dormir, no podía quitar los ojos decepcionados de su pequeña hija de su mente. Regresó a la habitación de la niña, tratando de no hacer ruido. Pudo ver que tenía la mano apretada y dentro de ella pedazos de papel. Se acercó y lentamente abrió la manita de Marta. La niña había roto en pedazos un dibujo grande de un corazón rojo y con un poema escrito por ella titulado “Porque amo a mi madre”.
Lentamente y con mucho cuidado recuperó todas las piezas e intentó reconstruir la hoja.
Una vez que el rompecabezas fue reconstruido, pudo leer lo que Marta había escrito:

“Porque amo a mi madre.
Aún cuando trabaja mucho y tiene mil cosas por hacer,
siempre algo de tiempo para jugar.
Te amo mamá, porque soy la parte más importante del día para ti “.
Esas palabras volaron directo a su corazón. Diez minutos después regresó a la habitación de la niña con una charola llevando con dos tazas de chocolate y dos rebanadas de pastel. Ella acarició tiernamente los cachetitos de Marta.
“¿Qué pasó Mamá?”, Preguntó la niña, confundida por la visita nocturna.
“¡Es por ti, porque eres la parte más importante de mi día!”

P. Salvador Murguía sdb