El valor de la convivencia familiar

PROPÓSITOS SEMANALES PARA VIVIR EN FAMILIA

La sociedad contemporánea ha generado un modo de vida sumamente agitado, donde el trabajo, la tecnología y demás ocupaciones, hace que muchas veces nos olvidemos de algo importante… La familia.

Muchas veces no pensamos en la importancia que tiene nuestra familia, en todos los momentos, buenos malos, felices, tristes, incluso pequeños detalles que hasta entonces son irrelevantes. Y, sin embargo, siempre hemos escuchado sobre la importancia que es mantenerse unidos dentro del grupo familiar; es un mensaje que se escucha en la escuela, la iglesia, y la misma sociedad trata de inculcar dentro de nosotros una conciencia de unidad familiar. 

Con todo, pese a que escuchamos continuamente ese mensaje, hoy en día muchas veces parece caer en saco roto y el estar en y con la FAMILIA se ven opacadas por el tan famoso “avance tecnológico”, el cual es el “responsable” de que no se pueda sostener una conversación entre un padre y su hijo, puesto que cada uno vive sumergido en el mundo de su celular, y hacen lo que mejor les parece, lastimosamente, no se disfruta como en verdad debe hacerse, y son los mismos miembros del núcleo, quienes se encargan de invertir en tener esa tecnología, sin pensar en las consecuencias tan dolorosas que esto acarrea, ya que cuando se está lejos de la familia es cuando se desea tener el tiempo que antes se perdió. Y es por eso, aprovechemos este tiempo aún en medido de la situación dramática que está viviendo la humanidad de la pandemia del COVID-19 y más que enfocarnos a las causas, debemos mirar a los efectos. No sólo los negativos, cuyo triste parte escuchamos cada día, sino también los positivos que sólo una observación más atenta nos ayuda a captar.

Algunos PROPÓSITOS que podemos trabajar semanalmente en familia durante el mes de mayo. Aprovechemos al máximo el tiempo. 

OTROS PROPÓSITOS QUE SE PUEDEN SUGERIR 

  1. REPARTIR LAS TAREAS Llevar una familia implica numerosas tareas que, desde bien pequeños, los niños pueden aprender. El reparto dependerá de la edad y la disponibilidad, pero todos deberían colaborar en las tareas domésticas sin necesidad de tener que recibir.
  2. COMPARTIR HISTORIAS. Aprovechen momentos en familia, para contarse historias de lo que hacían de jóvenes. Los hijos siempre quieren saber cómo vivían y las historias son la mejor forma de contárselos. Después pregúntales qué hicieron durante el día y si ellos te cuentan una historia, compleméntala contándole algo que tu hacías de joven.
  3. CONSTRUIR RITUALES FAMILIARES. Estos rituales no deben ser rígidos ni obligatorios, pues lo único que producirá es que lo vean como un mal momento que tienen que pasar con la familia y no como una experiencia que los unirá. Estos pueden ser: rezar juntos, jugar juegos de mesa, ver una película,  con el tiempo se volverán gratos recuerdos y serán respetados por todos los miembros de la familia. 
  4. BAJAR LA VOZ. Los errores se corrigen conversando y explicando porqué estuvo mal lo que se hizo. Gritar no soluciona nada, solo logra que el ambiente sea más tenso. Conversar es la mejor forma de corregir los errores.

Esperamos que estos consejos o propósitos sirvan para mejorar la convivencia familiar durante este tiempo de contingencia sanitaria, pero sobre todo para la vida. De esta manera todos los miembros de ella crecerán juntos en armonía y tendrán una mejor vida.

P. Lauro Prudencio sdb 

Compartir la vida

“Viva apasionadamente la vida”, le decía un anciano al Rector Mayor de los Salesianos, hace tiempo; y le animaba a que la exprimiera como se exprime un limón o un racimo de uvas para sacarle el jugo; refiriéndose a ese apasionante ejercicio de ser dueño de la propia vida, ese regalo recibido como verdadero don=regalo por el Señor de la Vida.

Y yo pensaba, continuaba el Padre, imaginémonos que existe un banco que cada mañana abona en nuestra cuenta personal, la cantidad de ochenta y seis mil cuatrocientos euros. Este extraño banco no arrastra nuestro saldo de un día para otro, sino que cada noche borra, de nuestra cuenta personal, el saldo que no hemos gastado. Pues bien, cada uno de nosotros tenemos ese banco que se llama ¡TIEMPO!

Cada día ese banco, además de abonar cuenta nueva, elimina lo restante del día anterior. Nunca queda saldo. Si no se usa el saldo del día, es uno mismo quien lo pierde. No se puede dar marcha atrás. No existen cargos a cuenta del ingreso del día siguiente. Se debe vivir el presente con el saldo de hoy. Y es por eso que podemos preguntarnos sobre cuál es el valor que tiene el tiempo para una persona y para un creyente en Dios.

Para entender el valor de un año podemos preguntarle a algún estudiante que repitió curso.
Y para entender el valor de un mes le podemos preguntar a la madre que alumbró a un bebé prematuro.
Para entender el valor de una semana preguntémosle al editor de un periódico.
Para entender el valor de una hora pueden ayudarnos los enamorados que esperan encontrarse muy pronto.
Para entender el valor de un minuto basta preguntarle al viajero que perdió el tren o el avión, justamente por un minuto de tiempo.
Para entender el valor de un segundo podemos preguntar a quien estuvo a punto de tener un accidente en un instante.
Para entender el valor de una milésima de segundo preguntémosle al deportista que ganó por esa diferencia de tiempo la medalla de oro en unas Olimpiadas.
Para entender el valor de un momento preguntémosle a tus papás o a nuestros ancianos el momento que tardaste en hacerles una llamada ahora que están aislados y solos.
… Así es el tiempo.

Y por eso creo que podemos desearnos unos a otros que vivamos como un tesoro cada momento, y ese tesoro tendrá mucho más valor si lo compartimos con personas tan especiales como para dedicarnos su tiempo.

Es cierto que el tiempo no espera a nadie y sigue su marcha; como creyentes sabemos que el tiempo es solo una medida, pero el don es justamente la vida misma, ese regalo maravilloso recibido por gratuidad, recibida como don de Dios, recibido para compartirlo y para ser felices compartiéndolo.

Mons. Salvador Murguía sdb