aprendizaje

Una escuela para todo tipo de aprendizajes

La escuela es el espacio para el desarrollo y para el aprendizaje por excelencia. La escuela ha de procurar potenciar tanto el desarrollo, como el aprendizaje. Sin embargo, a menudo nos encontramos con escuelas tradicionales ancladas en un modelo anticuado que se centran en una única manera de aprender y una única manera de enseñar y educar.

Existen muchas maneras de ser y de aprender, no todos somos iguales físicamente, tampoco tenemos el mismo carácter y tampoco pensamos o aprendemos de la misma manera.

La escuela tradicional, una escuela que no tiene esto en cuenta, está limitada a un grupo de alumnos y alumnas, a aquellos cuya manera de aprender se adapta al sistema, sin embargo aquellos que tienen diferentes maneras de aprender o pensar quedan condenados al temido fracaso escolar.

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La diversidad de las personas

Las personas son diferentes, por fuera y por dentro. Las personas aprenden y piensan cada uno a su manera. Recientes investigaciones ponen el acento y demuestran la existencia de diferentes tipos de inteligencia y de diferentes estilos de aprendizaje.

Una escuela que educa, debe procurar impulsar el desarrollo de todos y cada uno de los niños y niñas en lugar de limitarlo. Una escuela que educa debe ser una escuela para todos los estilos de aprendizaje, tipos de inteligencia y formas de pensar y aprender.

Las personas son diferentes, aprenden de manera diferente y necesitan una educación diferente.

Una escuela para todos

A priori podemos pensar que una escuela para todos, una escuela capaz de adaptarse a las diferentes maneras de aprender de cada uno es una utopía, un imposible. Nada más lejos de la realidad, una escuela para todos es posible, se trata de dar la vuelta al modelo tradicional y dar sentido al aprendizaje.

Si en lugar de dar clases magistrales, nos proponemos guiar el aprendizaje de cada alumno y alumna y permitimos que ellos mismos sean los responsables del proceso, lograremos cambiar y lograremos una escuela para todos.

  • Deja que los alumnos se conviertan en los responsables de su proceso. Limítate a indicarles que es lo que pueden aprender, pero no les impongas como hacerlo.
  • Crea diferentes rincones para cada aprendizaje en el aula y permite que los alumnos experimenten libremente las formas de aprender.
  • Destierra la idea del aprendizaje aburrido. Deja que se diviertan que investiguen mientras aprenden.
  • Deja que practiquen y que prueben más que escuchar y repetir mecánicamente lo “aprendido”.
  • Respeta los ritmos de aprendizaje de cada uno, no impongas un mismo ritmo, recuerda que las personas son heterogéneas y cada uno sigue su propio proceso.
  • Permite que demuestren lo aprendido a través de diferentes medios, no todos son buenos en lo mismo. Aléjate de las pruebas estándares, y de las puntuaciones que generan tensión.
  • Deja que se ayuden y que aprendan unos de otros.
  • Ayúdales a mejorar en aquello que no son buenos. Aunque cada uno tenga su propio estilo, podemos proponerles retos para que se superen. Recuerda que se trata de proponer y no imponer.

 

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

 

El entusiasmo favorece el aprendizaje

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El aprendizaje es un proceso único y personal, es un proceso de desarrollo y de crecimiento personal que implica operaciones mentales complejas. Los últimos avances en neurociencia demuestran que las emociones positivas favorecen el aprendizaje.

Para que el proceso de aprendizaje se produzca es necesario que los que aprenden quieran aprender,el entusiasmo favorece el aprendizaje.

El entusiasmo favorece el aprendizaje

Las últimas investigaciones demuestran cómo las emociones positivas son capaces de potenciar y favorecer el aprendizaje. El entusiasmo funciona como un estimulante para el cerebro, facilita la conexión entre las neuronas y potencia las operaciones mentales y por tanto el aprendizaje.

Sabiendo esto puede parecer sencillo favorecer los procesos de aprendizaje. Sin embargo, asegurar el entusiasmo en el acto de aprender se suele convertir en una labor muy complicada. Y realmente lo es en sistemas educativos tradicionales, donde la información sigue una única dirección, y el aprender se convierte en una rutina, en un proceso global que ha de ser igual para todos. En estos sistemas educativos que emplean métodos obsoletos, no se respeta la individualidad de cada aprendiz, no se le permite descubrir el contenido, explorarlo, darle un significado y hacerlo suyo.

Por el contrario, los sistemas tradicionales convierten el aprender en un acto mecanizado, y con ello desnaturalizan el proceso. Todo esto conlleva una lógica desilusión, desmotivación, ausencia de entusiasmo  y una ausencia de aprendizaje. Finalmente nos encontramos con un panorama de fracaso escolar al que no sabemos poner solución y del que no terminamos de entender las causas, ya que nos alejamos de la comprensión del proceso de aprendizaje.

Si es cierto que el entusiasmo favorece el aprendizaje, tenemos que asumir que la falta de entusiasmo es una barrera para el aprendizaje.

Cómo devolver entusiasmo al aprendizaje

Es obligación de todos los agentes educativos acabar con las barreras que impiden y dificultan el aprendizaje. Es nuestro deber derribar esas barreras y devolver la ilusión a un proceso que no se entiende sin ella. Devolver esa emoción que nunca se debería haber perdido por el camino.

  • Permite que los aprendices sean buenos aprendices. Para ello deja que se hagan responsables de su aprendizaje, que elijan lo que quieren aprender y cómo (no todos aprenden igual), que sean capaces de seguir su propio ritmo. Una alternativa muy efectiva para lograr esto es el aprendizaje por proyectos, o la división del aula en rincones de aprendizaje.
  • Ilusiónate y transmíteles la ilusión. En numerosas ocasiones nos quejamos de la falta de motivación de los estudiantes, y no nos percatamos de que es lo que les transmitimos. Está demostrado que las emociones se contagian, es fundamental que el educador se entusiasme cada día con su trabajo y que sea capaz de transmitir dicho entusiasmo a los aprendices.
  • Déjales participar en su aprendizaje y colaborar de forma activa. En lugar de limitarte a exponer la información, deja que ellos la busquen, que la elaboren, que sean ellos los que decidan (siguiendo una guía), que es lo que van a aprender y como.
  • Enséñales a buscar soluciones. Si no son capaces de buscar soluciones, se atascaran cuando encuentren cualquier obstáculo.
  • Desarrolla su tolerancia a la frustración. Aprender es un proceso y como tal, está plagado de altibajos, es normal que las cosas no salgan como queremos, y que tampoco nos salgan a la primera. Si son capaces de tolerar esas pequeñas frustraciones serán capaces de mantener el entusiasmo.
  • Trata de buscar aplicaciones reales y útiles de lo que aprenden.

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga