Educación

¿Por qué escoger una escuela católica?

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Escoger para tus hijos una escuela católica es una opción. Y puede ser una opción excelente si la escuela sigue su ideario al cien por cien. ¿Cuál es su valor esencial, al que nunca renuncian este tipo de centros? La educación integral de la persona siguiendo los valores cristianos.

8 razones por las que un colegio católico te aporta seguridades en la educación de los niños.

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  1. La auténtica escuela católica favorece la formación integral de la persona. Para ello, parte de la antropología y trabaja la pedagogía, la psicología y la didáctica. Los modelos escolares fallan cuando solo se basan en la psicología y la didáctica. 
  2. Una escuela católica al cien por cien no tiene miedo a la innovación  y a la creatividad. Es Dios quien deja escrito en la Biblia: “Yo hago nuevas todas las cosas”, por lo que es el Creador quien suscita renovación y cambio a mejor. 
  3. Los colegios católicos están haciendo un esfuerzo por mantener su identidad y ser fieles a lo que cada fundador indicó. 
  4. Los colegios católicos están llamados a crear una cultura cristiana de raíz, algo que va mucho más allá de dar clase de religión. Por eso se impregna de sentido cristiano toda la vida del colegio.
  5. La identidad religiosa es lo que hace atractivos los colegios católicos. No se trata de una aspiración sino de una exigencia. Eso implica defender sus derechos ante posibles leyes injustas.
  6. El auténtico colegio católico no se avergüenza de serlo ni lo esconde. 
  7. Los colegios católicos ayudan a los padres y les enseñan cómo educar a los niños.  “Nuestros hijos pasan, en total, solo un 11 por ciento de su vida escolar en el colegio. Por lo tanto, pedimos a los colegios que nos enseñen cómo educarlos en ese 89% de tiempo restante”.
  8. Los colegios católicos tienen la libertad y el derecho a rechazar los contenidos que vayan contra su ideario. 

Dolors Massot – Aleteia

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Estar con ellos

PatioLos educadores fueron donde el mismo Don Bosco para quejarse de que los jóvenes no los escuchaban y ya no sabían cómo comportarse con ellos, Don Bosco solía repetirles: “¡Vayan a la llave de agua!”. En efecto, había y existe todavía una llave de agua a mitad del patio de Valdocco, alrededor del cual los jóvenes se empujaban para beber o tomar un poco durante el desayuno.

El educador, mezclándose en una fila y estando en medio de los jóvenes, podía escuchar sus conversaciones, conocer sus intereses. Sugería el padre de los jóvenes que el educador debe ser menos duro, estar con ellos para comprenderlos y “endulzar” su vida diaria.

El patio siempre ha sido el lugar privilegiado en el sistema preventivo de Don Bosco como lo es la clase, la iglesia, las habitaciones y el comedor. Solía decir que en el patio y a la hora de las comidas se conoce la personalidad de los muchachos. Don Bosco, teorizó muy poco su Sistema Preventivo, tan sólo escribió, al final de su vida, una carta fechada el 10 de mayo de 1884 desde Roma en el que expresaba su pensamiento pedagógico. Él en su escrito soñaba con darles a los jóvenes una formación familiar y por esto trabajó toda su vida.

Estar en el patio con los muchachos expresa para Don Bosco

“la familiaridad, la cercanía que produce el afecto y el afecto que genera la confianza. Esto es lo que abre los corazones de los jóvenes… “Y ellos, los jóvenes, se sienten bien y se vuelven obedientes a las órdenes de alguien que están seguros que les ama”.

Es verdad que padres y educadores trabajan mucho, dedican su vida a los hijos, pero no es suficiente. Es necesario que “no solo se ame a los muchachos, sino que sepan que son amados”. Y para esto es necesario que los jóvenes sientan que sus papás y educadores quieren aquello que ellos desean, que se adapten a sus gustos, y a partir de esto, los jóvenes empiezan a descubrir que se les ama.

No es suficiente estar en el patio. Lo que los jóvenes quieren son personas “significativas” para sus vidas; que hagan su trabajo, como papás, como maestros y como directores, pero que empezando por compartir sus juegos y adatarse a su mentalidad, sepan ser padres, hermanos, amigos y socios y hasta confidentes.

Mons. Salvador Murguía sdb