Educación

Variedad de facetas

Diamante

Es verdad que la vida enseña y que siempre hay que estar aprendiendo de ella. Con las personas y en la relación con ellas cada día se aprende mucho más, especialmente, a ser muy respetuosos y evitar catalogar o definir, porque las personas tenemos muchas facetas desconocidas y además estamos en un constante cambio.

Recuerdo claramente una larga historia que sucedió en la época de los estudios de la preparatoria: es la historia de un niño que en la escuela primaria y después en la preparatoria, era un fracaso total. Su incapacidad, por ejemplo, para distinguir verbos transitivos de los intransitivos, desanimó tanto a su profesor de letras, que lo catalogó rápidamente bajo el signo de la “incapacidad intelectual radical”. Con el tiempo, murió el padre de este chico y dejó la escuela y siguió adelante con su vida. Unos años más tarde, el viejo profesor en un momento de su vida fue llevado por el capricho para hacer un poco de vino, un verdadero vino de uvas y fue al mercado mayorista para comprar precisamente ese lote de uvas que necesitaba. Pero estando ahí descubrió lo inepto que era en cosas como esta y lo poco que valía su latín para lidiar con las cosas concretas de la vida. Y aquí tropezó con aquel chico que tenía cierta incapacidad intelectual y que ahora era un joven emprendedor, que se hizo cargo de la administración de los negocios de su padre, donde el mercado y el comercio eran como su casa y se movía ahí como un pez en el agua. Supo éste joven de la dificultad del maestro y en pocos minutos logró solucionar el problema. Este antiguo estudiante que fue rechazado en la escuela pero que logró triunfar en la vida. Y al despedirse, el alumno se permitió una inocente ironía: “Profesor – preguntó – , sáqueme de una duda ¿Los verbos transitivos son los que pasan o los que no pasan?

Hemos sido creados para ser personas y cada uno somos como un diamante en bruto, un misterio por descifrar, es cierto; pero también, para ser visto desde diferentes facetas.

P. Salvador Murguía sdb

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Contar historias

relatos

Hablar de espiritualidad es hablar de relatos. “Había una vez…”. “Existía una princesa…”. “Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto…” (Deuteronomio). “Al principio existía la palabra…” (Evangelio de Juan). Se pueden añadir historias de personas, testimonios…: el de Monseñor Romero, la experiencia de Auroville (Aurobindo), el testimonio de una profesora que admirábamos porque nos escuchaba y nos hacía pensar.

Padres de familia y educadores estamos llamados a desarrollar este género de la literatura, pues los relatos ponen en contacto con la experiencia de tiempo, de construcción, de devenir que todos hacemos. Ser persona, ser más persona, es también un devenir. Los niños disfrutan los relatos porque quieren ser como el personaje que es presentado con valores.

Hay narraciones que “aguantan” lecturas y relecturas. Y también sabemos de las que, tras una lectura, mejor dejarlas guardadas: no sentimos que nos puedan acompañar. Hay relatos que sirven para atravesar el desierto o cruzar el océano, y otros que no resisten la menor sequía o marejada.

P. Salvador Murguía sdb