Nomofobia o el miedo de estar desconectados

La nomofobia (el miedo incontrolable a salir de casa sin el teléfono móvil) o el tecnoestés son otros ejemplos de los problemas derivados de las nuevas tecnologías y, en los últimos años, los psicólogos han ido reconociendo distintas patologías asociadas a las mismas: todos ellos trastornos que provocan infelicidad.

Sin embargo, hay quienes no lo hacen. Y lo hacen por libre elección. Y no es broma. Hay quienes han preferido formar parte de una nueva “tribu urbana” cada vez más numerosa: la de los desconectados. La forman, usuarios que, voluntariamente, han decidido escapar de la necesidad hiperconectividad.

No es que no tengan teléfonos móviles, es que no tienen smartphones, es decir, teléfonos con conexión a internet. Con los suyos, pueden cubrir las necesidades básicas de comunicación: hacer llamadas y mandar mensajes solo cuando estos son realmente relevantes. 

Mientras los demás miramos como unos «bichos raros» a aquellos que quieren estar alejados de la conexión, ellos nos sorprenden explicándonos cómo los demás estamos perdiendo capacidad de conversar cara a cara. Ellos se conectan lo justo, leen solo lo que les interesa en lugar de perder el tiempo saltando de una página a otra. También le dan mucha importancia a la protección de sus datos. La nueva generación a como le llaman ellos: “tribu urbana” se llama «desconectados» y abandona internet para abrazar la vida real.

Jaron Lanier, un músico y científico al que la revista Wired considera uno de los veinticinco personajes cruciales en el mundo de la tecnología, publicó un decálogo pertinente: diez razones para desconectarte de las redes sociales. Las redes se han convertido, a su juicio, en una adicción que cancela el juicio propio, debilita la verdad, incendia desacuerdos, destruye el sentido de empatía e imposibilita la política. Malditas, no benditas redes.
Yo más bien pienso que hay que hacer opciones y sostener tus convicciones de vida buscando lo más importante sobre todo en el uso de estos medios de comunicación.

Mons. Salvador Murguía sdb

Retados a crecer

Pensando

Cuando los hijos, especialmente adolescentes y jóvenes, cuestionan la vida y la forma de proceder de los padres, parece que entra en crisis la estructura familiar; pero esto se vuelve más crítico cuando los hijos cuestionan la fe en la que han crecido. Desafiar las creencias religiosas, se convierte en una prueba importante para los padres. Los hijos, niños y adolescentes, son curiosos y muy perceptivos. Hacen preguntas, a veces difíciles, sobre cosas en las que nosotros nunca hemos pensado mucho o que hemos dado totalmente por supuestas como hechos sabidos.

Cuando esto sucede, nosotros, como padres y adultos, podemos tener dificultades para ofrecerles respuestas adecuadas y comprensiblemente adecuadas.

Cuando un hijo empieza a cuestionar su fe y hasta llega a afirmar que la está perdiendo, siempre es un tema serio, pero reaccionar de forma exagerada puede “hacer salir el tiro por la culata” y únicamente alejarles más.

Las preguntas que hacen los jóvenes y adolescentes son muy típicas de su edad. Es claro que andan en “búsqueda” más que de “desafío” a la fe.

Están buscando formas concretas de hacer coincidir las creencias en las que le han crecido con lo que ellos han visto y experimentado en su propia vida.

Y se cuestionan: Si Dios existe, ¿por qué hay sufrimiento, enfermedad, crueldad, injusticia y pobreza en el mundo? Si Él es real, ¿por qué no responde directamente a mis oraciones? ¿Por qué no se da a conocer más fácilmente?

Estas preguntas son muy comunes y probablemente todos nosotros nos las hemos preguntado en algún momento de la vida. Si el catolicismo fuera fácil, entonces todo el mundo sería católico.

¿Qué tipo de religión tendríamos si no exigiera nada de nosotros y no fuera un desafío para nosotros? Sin reto, no hay margen para el crecimiento. 

Así que lo más recomendable no es minusvalorar como una simple fase por la que pasan los hijos, pero tampoco reaccionar en forma exagerada; hay que poner cuidado, ayudar a reflexionar y orientar con respuestas sencillas y adaptadas pero no debe ser objeto de una preocupación en exceso.

Una ayuda a jóvenes y padres creyentes para explicar ¿En quién y porqué creemos en Dios? Es la ofrecida por el Papa Benedicto XVI elaboró el “Youcat”, el Catecismo de la Iglesia Católica en lenguaje adaptado a la mentalidad y comprensión de los jóvenes.

P. Salvador Murguía sdb