Jóvenes

Sueños hechos realidad

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Hace un par de años, con motivo de la fiesta de San Francisco de Asís, Franco Zefirelli, director de cine italiano (autor de la película “Hermano sol, Hermana luna”), hablándole a los jóvenes y ante la pregunta de un periodista sobre cómo podemos cambiar este mundo, en este momentos, decía:

“El mundo no va a cambiar con esta subversión infame, sino que el mundo se conquista con la fuerza tenaz e invencible de la humildad”.

Y proponía para ello unos pasos progresivos:

  • Mirar dentro de nosotros mismos
  • Escuchar los latidos de nuestros corazones
  • Buscar los caminos que nos llevan a Quien nos ha creado.
  • Con la convicción (aunque suene presuntuosa) de que si cambiamos nosotros, cambiará también el mundo.

Y a continuación sacaba dos conclusiones, que lanzaba a los jóvenes como una proclama:

“Defiendan sus sueños, y que sus sueños se hagan gestos”

P. Salvador Murguía sdb

Un regalo para administrar

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Mirando por todas partes, escuchando todas las voces, dejando que desde dentro de sí irrumpa el grito espontáneo, puede decirse que todo está repitiendo: «¡La vida es tuya!». La vida es la bella invención que cada día brota de la mente y de los sentimientos del hombre, es la hermosa aventura que cada hombre realiza de manera personal, es la incógnita que cada día es descifrada y explotada para nuestra propia felicidad. La vida es tuya. Ahora bien, si miras alrededor, te darás cuenta de que la vida no está para nada en tus manos: no puedes hacer con ella lo que quieras.

En primer lugar hay que descubrir que la vida te ha sido dada: no la has pedido tú, no la has programado, no la has diseñado como un proyecto que debes seguir. La vida me ha sido dada para que pueda gozarla de una manera tan plena que agote el proyecto de Dios, de suerte que pueda convertirla en un momento importante en el camino de la civilización humana. Desde esta perspectiva, cada uno de nosotros tenemos ante sí campos ¡limitados de acción, modos inagotables de elección, posibilidades continuas para «inventar su propia vida», para administrar esta inmensa riqueza y hacer de él mismo y de toda la humanidad una aventura nunca acabada y cada vez más fascinante.
Si hemos sido llamados a la vivir esta vida, es porque hemos sido amados. Nuestro compromiso será el agradecer a Dios este regalo y administrarlo en bien de los demás.

P. Salvador Murguía sdb