¿Sirve rezar?

“En estas semanas de preocupación por la pandemia que está haciendo sufrir tanto al mundo, entre las muchas preguntas que nos hacemos, también puede haber preguntas sobre Dios: ¿Qué hace ante nuestro dolor? ¿Dónde está cuando todo se tuerce? ¿Por qué no resuelve nuestros problemas rápidamente? Son preguntas que nos hacemos sobre Dios. Así se expresaba el Papa Francisco hace unos días. 

Muchísimas familias cristianas, encerradas en su hogar, han multiplicado súplicas, rosarios y cadenas de oración, para que no siga el contagio. Sin embargo, éste cobra más y más víctimas en todo el mundo, aunque de momento, gracias a Dios, no tenemos familiares enfermos de este mal. ¿Tienen un efecto real nuestras plegarias? 

¡Claro que sirven! Dice Monseñor Felipe Arizmendi:

“No somos capaces de advertir toda su eficacia, porque su efecto es espiritual, es invisible. Sólo Dios sabe cuánto bien hemos hecho al mundo unidos en la plegaria. Si no fuera por tantas oraciones, la pandemia ya habría causado muchos más destrozos”. 

Pero, como no vemos resultados palpables e inmediatos, nos puede llegar la duda de si en verdad ayudan en algo nuestras oraciones. Aún más, nos podemos preguntar si Dios nos escucha. Y todavía más, algunos pueden dudar de la existencia de Dios. 

Rezar es la mejor ayuda y sirve de mucho y, en la mayoría de las circunstancias, no sólo es lo único que podemos hacer, sino que es nuestra aportación más valiosa, sólo apreciada por el corazón de Dios, que ve lo más profundo de nuestro ser. No podremos comprobar físicamente su efecto, porque es algo espiritual. 

La vida no es sólo dinero y medicinas, sino también fortaleza espiritual, ánimo y esperanza, lucha por la vida propia y de los demás. Dios puede hacer milagros inmediatos, físicos, corporales, y la historia los consigna; pero su fuerza es sobre todo espiritual, invisible, aunque real y efectiva. No solamente cuenta lo material sino también y lo espiritual; como ser papá, no es sólo llevar recursos económicos a la familia, sino también dar ternura, cariño, seguridad y fortaleza, y eso no se mide materialmente. 
Claro que no basta rezar; también hay que hacer cuanto podamos para ayudar en lo material; el mundo necesita no sólo dinero, sino también espiritualidad, fe, amor y esperanza. Necesitamos volver a Dios.

Mons. Salvador Murguía sdb

Dios nos habla de muchas formas

Estamos convencidos de que Dios nos habla de muchas formas y aprender a descubrirlo y escucharlo es nuestra tarea de cada día, es decir aprender a discernir su voz; pero a veces su forma de hablar nos sacude hasta el alma porque cambia nuestra forma de entenderlo; Él, Dios (si se puede hablar de Él así), tiene su propio y original tiempo, método y forma. 

Hay hechos que son difíciles de entender pero lo impactante es el mensaje que trasmiten y lo cuento:  

El Dr. Abraham, un conocido especialista en cáncer, una vez se dirigía a una conferencia importante en otra ciudad donde recibiría un premio en el campo de la investigación médica.
Él estaba entusiasmado por el premio que recibiría y así abordó un avión hasta el lugar. Sin embargo, dos horas después de que despegó el avión, realizó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto más cercano debido a un problema técnico.
Temeroso de no llegar a tiempo a la conferencia, fue inmediatamente a la recepción para hacer averiguaciones. ¡Descubrió que tendría que esperar diez horas para el próximo vuelo a su destino! Alquiló un automóvil y condujo hasta la ciudad de conferencias que estaba a cuatro horas de distancia.
Poco después de su partida, el clima cambió y comenzó una fuerte tormenta.
El aguacero hizo que le resultara difícil verlo, por lo que se perdió un turno que se suponía que debía tomar.
Conduciendo bajo la fuerte lluvia en una carretera desierta, sintiéndose hambriento y cansado, comenzó a buscar frenéticamente cualquier signo de civilización. Encontró una pequeña casa hecha jirones y llamó a la puerta. Una mujer hermosa abrió la puerta. Explicó su situación y quiso usar el teléfono de la señora, pero ella no tenía teléfono. Sin embargo, ella le pidió que entrara y esperara a que mejorara el clima. El médico que estaba hambriento y agotado aceptó la oferta. La mujer le ofreció algo para comer y beber.
Ella le pidió que le acompañara a rezar a Dios por su hijo; pero él rehusó. Según él, creía en el trabajo duro, ¡no en las oraciones! Y así, sentado en la mesa y bebiendo su té, el doctor observó a la mujer rezar con mucha devoción al lado de la cuna de su bebé. Sintiendo que la mujer podría necesitar ayuda, el médico le preguntó qué era exactamente lo que necesitaba de Dios y le preguntó si Dios alguna vez escuchó sus oraciones.
Cuando preguntó por el niño en la cuna, la mujer le explicó que su hijo estaba enfermo de cáncer. Y los doctores le había aconsejado ver a un médico llamado Abraham que podría curarlo, pero ella no tenía dinero suficiente para pagar sus honorarios.
Ella dijo que Dios todavía no había contestado sus oraciones, pero estaba segura en que Dios crearía una salida algún día. ¡Agregó que no permitiría que sus temores superaran su fe!
Aturdido y sin palabras, ¡el Dr. Abraham comenzó a llorar! Se vio obligado a decir en voz alta: “Dios es maravilloso”, y le recordó a la mujer toda la secuencia de los malos sucesos: el mal funcionamiento en el avión, una tormenta y cómo perdió el rumbo. ¡Todo lo que sucedió porque Dios responde las oraciones, quería darle la oportunidad de salir de su esclavitud de la búsqueda de una carrera materialista y darle un tiempo a una mujer pobre e indefensa que no tenía nada más que oraciones ricas!

Mons. Salvador Murguía sdb