Dios

Llamados a la vida

BuenosDias

¿Sabes qué significa decir “Buenos Días”? Es el deseo de que hoy todo salga tan bien que las bendiciones abunden a tu alrededor y que tu corazón no deje de sonreír porque se encuentra lleno de esperanza en la vida. Pues estoy convencido, junto con el monje francés Jacques Philippe, que es un hombre que irradia alegría en su vida y esperanza en su mensaje, de que:

“Solo podemos realizarnos plenamente en la medida en que percibamos las llamadas que diariamente nos dirige la vida y consintamos en responder a ellas: llamadas a cambiar, a crecer, a madurar; a ensanchar nuestros corazones y nuestros horizontes; a salir de la estrechez de nuestro corazón y de nuestro pensamiento para aceptar la realidad de un modo más amplio y más confiado.

Estas llamadas llegan a nosotros a través de acontecimientos, del ejemplo de personas que nos impactan, de los deseos que nacen en nuestro corazón, de las peticiones que nos llegan por parte de un allegado, del contacto con la Sagrada Escritura o por otros medios. Tienen su origen último en Dios, que nos ha dado la vida, que no cesa de velar por nosotros, que, con ternura, desea conducirnos por los caminos de la existencia, y que interviene permanentemente, de un modo discreto, a menudo imperceptible pero eficaz, en la vida de cada uno de sus hijos. Esta presencia y esta acción de Dios, aunque desgraciadamente quedan ocultas a muchos, se revelan a aquellos que saben adoptar una actitud de escucha y de disponibilidad”.

P. Salvador Murguía sdb

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Mirada diferente

Miradas

¿Qué es lo que a Dios le enamora de nosotros? Me gusta hacerme seguido esta pregunta viendo la vida de tantas personas, pero en especial de María, su madre.

Como personas somos muy dados a hacer juicios rigurosos, no nos perdonamos los errores cometidos, nos frustramos por no alcanzar esa imagen idealista que hemos pensado y planeado para nosotros. Se nos olvida que somos frágiles, que nos equivocamos y que también somos pecadores. Nos quedamos en la apariencia y nos cuesta ver nuestro corazón. De esta misma manera creemos que nos ven y valoran los demás, y más aún, pensamos que así nos mira Dios.

Se nos olvida que Dios tiene una mirada de amor, que no le importa cuantas marcas o manchas tengamos, cuantas cicatrices por las heridas que nos hemos hecho al caer; no logramos entender con el corazón que Él, no está ahí para juzgarnos, sino que nos tiende la mano para ayudarnos a ponernos en pie. Él solo nos quiere sanos y nos consuela, alienta y valora. Para Él, cada uno de nosotros somos preciosos y maravillosos.

Hace unos meses cuando el Papa se dirigía a los jóvenes en Perú les decía:

Queridos jóvenes, el Señor los mira con esperanza, nunca se desanima de nosotros. Cuando Jesús nos mira, no piensa en lo perfectos que somos, sino en todo el amor que tenemos en el corazón para brindar y para seguirlo a Él. Para Él eso es lo importante, es lo más grande, ¿cuánto amor tengo yo en mi corazón? Hay fotos que son hermosas, pero están trucadas, y déjenme decirles que el corazón no se puede «photoshopear», porque ahí es donde se juega el amor verdadero, ahí se juega la felicidad y ahí se muestra lo que eres. ¿Cómo es tu corazón? Jesús no quiere que te «maquillen» el corazón; Él te ama así como eres y tiene un sueño para realizar con cada uno de ustedes.

¡Que nada ni nadie nos lleve a mirarnos con desánimo ni desconfianza! Que las apariencias no nos engañen. Somos más que eso, confiemos en lo esencial, aquello invisible a nuestros ojos tantas veces, pero que es lo que a Dios le enamora de nosotros. Que sea Dios el que nos enseñe a mirarnos con misericordia.

P. Salvador Murguía sdb