oración

Abandonados de Dios

she-left-me-alone-wallpaper-2-796570Cuando la vida nos presenta momentos difíciles sin querer, porque no es voluntario, o mejor es involuntario, reclamamos a Dios y… esto es también oración. Podemos ver en la Biblia el caso del Profeta Jeremías que hace cosas contra su voluntad y se queja con Dios y… reza bellas oraciones desde su dolor. A eso le llaman algunos santos “noches oscuras” o “desierto espiritual”.

La Madre Teresa de Calcuta hubo de pasar sus terribles desiertos espirituales. En una etapa de su vida sufrió una dolorosa “noche oscura”. La propia Teresa lo explicaba en una carta fechada en 1959 a su director espiritual:

“Me siento perdida. Dios no me quiere. Dios podría no ser Dios. Podría no existir”

El proceso de beatificación de la célebre madre Teresa de Calcuta, dirigido por el sacerdote canadiense Brian Kolodiejchuk, examinó los documentos y testimonios sobre su vida, especialmente su correspondencia con el sacerdote que la dirigía espiritualmente. En ella aparecen reflejadas sus dolorosas inquietudes, que incluyeron dudas sobre la existencia de Dios. Dudas que -según explicó el secretario de la Congregación para la Causa de los Santos, monseñor Nowak-, no pusieron en entredicho nada de su proceso de beatificación:

“Se trata de un fenómeno por el que atraviesan todos pero en especial los grandes místicos y maestros espirituales, como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, llamado noche espiritual o noche de los sentidos. Son periodos especiales de la vida espiritual en los que se sienten abandonados por un Dios al que ven lejano” y que quieren sentir su amor más palpable.

Tal vez hayas sentido Tú lo mismo. Es importante no dejar de estar en comunicación con Dios.

Mons. Salvador Murguía sdb

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Pedir para recibir

manos-abiertasCuando nos animamos a platicar con Dios con el corazón y con valentía, el Señor nos da la gracia, e incluso se da a sí mismo en la gracia: el Espíritu Santo, es decir, ¡a sí mismo! Nunca el Señor da o envía una gracia por correo: ¡nunca!

“¡La lleva Él mismo! ¡Él es la gracia! Y es Él que viene a traérmela. Es Él. Nuestra oración, si es valiente, recibe lo que pedimos, pero también aquello que es lo más importante para el Señor”. Esto lo dijo el Papa Francisco en mayo de 2013.

No se vale cansarse de pedir y de implorar a Dios por nuestras necesidades. Necesitamos pedir para poder recibir; ésa es la dinámica que usa Dios, pero hay que ser perseverantes en nuestras peticiones, hay que pedir con la fe y la convicción de que Dios conoce nuestras necesidades. Es necesario que busquemos, que no permanezcamos pasivos, que agotemos todas las posibilidades en esa búsqueda para encontrarnos con Dios y con nuestros hermanos en todos nuestros espacios interiores y exteriores. Debemos llamar para que nos abran las puertas, para que los demás nos abran sus corazones y nos dejen ver a Dios a través de sus ojos.

Nos corresponde también vivir atentos a las necesidades de las otras personas, colaborar en la búsqueda de los que creen no poder encontrar nada, acompañar y solidarizarnos con los que llaman y no parecen encontrar respuesta.

Cuando sean pocas nuestras fuerzas para pedir, basta con que nos pongamos en silencio en las manos de Dios para que él obre en nosotros y nos bendiga.

Si estamos cansados de buscar y no encontramos el camino, entregarnos en sus manos para que sea él el que nos encuentre y nos dé el alivio que tanto anhelamos, nos llenará de satisfacción. O si tal vez hemos perdido la capacidad para llamar dejemos que él nos hable al oído y nos conduzca por caminos de esperanza.

En los pocos momentos de oración profunda que tenemos durante nuestro día,  encontrarlo a Él, a Dios, le dará sentido a nuestra vida.

Se puede rezar así:

“Señor, abre mis oídos a lo que quieras de mí; ante mi desconfianza, dame seguridad;
cuando no te escuche, insiste una vez más; si aún no te hago caso, envíame una señal.
¡Susúrrame al oído! ¡Háblame en sueños! ¡Grítame fuerte! ¡Muéstrate descaradamente!
Dame pruebas. Haz lo que sea necesario. Vence mi terquedad y logra lo que quieras de mí”.

Mons. Salvador Murguía sdb