familia

Difícil y fácil

Hoy, la renuncia de las familias a su misión educativa no nace de la falta de convicción del deber-educar. Nace del desaliento: educar es algo imposible. Se trata de un sentimiento de derrota ante fuerzas que se consideran invencibles y con las que es mejor “pactar” (por ejemplo, los medios de comunicación). Debemos liberar totalmente nuestro corazón de este sentimiento de impotencia, que no tiene fundamento…

Los verdaderos peligros para la educación de la familia son los que ponen en peligro la verdad de la comunión interpersonal: el poco tiempo pasado juntos, un diálogo que se detiene en la superficie de la vida o la imposibilidad-incapacidad de ofrecer respuestas sólidas a las preguntas de los hijos… [Ser padre] es el oficio más difícil de todos porque es el más fácil de todos.

Es como el “oficio de vivir”. Es el más difícil porque se trata de generar a una persona humana y nada es más grande que una persona humana; es el más fácil, porque se educa sencillamente conviviendo.

Siempre me pregunto si es posible educar cristianamente a los hijos y… sin dudarlo y convencido digo que ¡¡¡Sí!!!

Mons. Salvador Murguía sdb

Anuncios

Quien llena tu vida

1528374086457Si quieres ser significativo en esta vida, no tienes otro camino que ir en contra de la corriente ordinaria de vida. Cuando se da uno cuenta de que a nuestro alrededor crece como un hongo el individualismo feroz y el punto de referencia es cada uno en su propio egoísmo y orgullo; una alternativa de solución creíble es la fraternidad. Compara la publicidad de hoy en dia y confróntala con lo que pide el Papa Francisco y entenderás su lenguaje de “ir a los más alejados de nuestras ciudades”.

Tenemos muchos retos en nuestra vida, pero el principal es el reto de construir nuestra misma familia y nuestra comunidad como los lugares en los que se aprende a pasar del yo al nosotros poniendo por delante el bien del hermano a mis intereses y necesidades.

Es necesario comprometernos por humanizar la vida en familia, la vida en común para superar soledades y multiplicar la misericordia. En un mundo agresivo y violento, la apuesta por el perdón y la paz como opciones de vida, hace creíble nuestro modo de vivir y hace más evangélico nuestro anuncio. Así hay que vivir el Evangelio.

Este es el reto: ser ungüento que ayude a cicatrizar las heridas de los vencidos en la batalla. Las comunidades y las familias han de vivir un movimiento centrífugo. El servicio generoso y desinteresado es hoy una opción en contra de la realidad que nos envuelve. El ambiente de familia tiene que ser una llamada de atención en contra del egoísmo y la auto-referencialidad: se trata de salir al encuentro de las necesidades de los demás.

No pretendemos ser mejores que otros. Ni aspiramos a reconocimientos públicos; tampoco a que nos entiendan o aplaudan. Queremos ser tan solo una alternativa del Evangelio en nuestro modo de vivir denunciando un sistema que olvida a los que más fatigan para salir adelante y no protege a los más débiles.

Y si alguien te pregunta ¿por qué lo haces? Responde con libertad que Dios llena tu vida y su amor desborda tu corazón.

Mons. Salvador Murguía sdb