Familia

Difícil y fácil

Hoy, la renuncia de las familias a su misión educativa no nace de la falta de convicción del deber-educar. Nace del desaliento: educar es algo imposible. Se trata de un sentimiento de derrota ante fuerzas que se consideran invencibles y con las que es mejor “pactar” (por ejemplo, los medios de comunicación). Debemos liberar totalmente nuestro corazón de este sentimiento de impotencia, que no tiene fundamento…

Los verdaderos peligros para la educación de la familia son los que ponen en peligro la verdad de la comunión interpersonal: el poco tiempo pasado juntos, un diálogo que se detiene en la superficie de la vida o la imposibilidad-incapacidad de ofrecer respuestas sólidas a las preguntas de los hijos… [Ser padre] es el oficio más difícil de todos porque es el más fácil de todos.

Es como el “oficio de vivir”. Es el más difícil porque se trata de generar a una persona humana y nada es más grande que una persona humana; es el más fácil, porque se educa sencillamente conviviendo.

Siempre me pregunto si es posible educar cristianamente a los hijos y… sin dudarlo y convencido digo que ¡¡¡Sí!!!

Mons. Salvador Murguía sdb

Anuncios

Tarea del corazón

Educacion CasaLa educación es la tarea más importante que reciben los padres, y que no consiste solo en pagarle los estudios o en darles más cosas sino en conducirle en el crecimiento como persona.

Es más, lo más importante no es que acaben sabiendo cosas que le hagan ganar dinero ni tampoco que sean famosos. Lo crucial es que lleguen a ser personas, maduras y de bien. Don Bosco decía que cualquier muchacho que entrara en su casa tenía que saber que empezaba a formarse para ser un “Buen Cristiano y un honrado ciudadano”. Que no es poco.

Es importante que como padres se conozca: su temperamento, su carácter, qué cosas le mueven a obrar bien, sus sentimientos, sus emociones, qué hechos exteriores le han afectado, qué le preocupa de la familia o de la escuela…

¿ Y cuántas horas al día es necesario hablar con el pequeño para recabar todos esos datos? No es cuestión de cantidad sino de calidad, aunque es evidente que no dar nada de tiempo a los hijos no es la vía correcta. Sin embargo, pueden servirte como referencia algunos criterios:

  • Nunca te acuestes sin haber visto la cara de tu hijo y despedirlo y hasta dalre la bendición o pedirle que salude y bese a su mamá.
  • Observa bien al hijo cuando llega a la casa: su indumentaria, su olor y su forma de comportarse y saludar son indicadores importantes para conocerlo.
  • Advierte si hay un cambio de comportamiento en él y ahora es más agresivo, apático, hipersensible…
  • No desperdicies ocasiones: aprovecha los momentos en que tiene encargos en la familia para hablar con él.
  • No permitas que esté mucho tiempo “solo” encerrado en su habitación y con las redes sociales de su teléfono celular. Empújalo a tratar a los amigos reales.
  • Involúcralo en actividades de ayuda a otras personas: en el barrio, donde viven, en la escuela…
  • Si eres una persona de fe, es lógico que tus hijos sean el motivo por el cual intensificas tu oración por ellos: háblale a Dios de ellos y que Dios te hable de ellos a ti. No sólo pide por ellos: también da gracias, pide perdón por tus faltas y errores como padre o como madre.

Lo más importante es estar con tus hijos, hablar con ellos y que ellos platiquen contigo. No que noten tu autoridad o tu control, sino que noten tu cercanía y tu amor por ellos.

Mons. Salvador Murguía sdb