Identidad Salesiana

Familiaridad

familiaridadLaura Vicuña se llamaba una chica chilena, nacida en Junín de los Andes en los primeros años de mil novecientos que ya desde sus primeros años de vida vivió las dificultades de la vida familiar: perdió a su padre muy pronto y su madre obligada por la pobreza tuvo que emigrar a través de la cordillera altísima para encontrar nuevos horizontes en su vida; y buscando mejores lugares y condiciones de vida, encontraron en cambio mayores dificultades y violencia de género en el seno de la familia. Pero la pequeña Laurita encontró, en un colegio salesiano, un ambiente de familia y un refugio a todas estas situaciones pero sobre todo un horizonte a su vida y el de su familia, descubriéndose amada y querida. Mostró desde su tierna edad un espíritu contemplativo y grande inquietud por las cosas y amistades profundas. Muere a los 12 años sacrificándose por la conversión de su mamá que tomando un camino de vida equivocado y poco ejemplar para la pequeña, también la fortaleció siendo un modelo, a esa edad, de cómo afrontar los contratiempos y dificultades dentro de su familia.

Que los jóvenes no sólo sean amados, sino que ellos mismos sientan que son amados”, decía siempre Don Bosco.

Descubrir qué piensan y cómo se sienten los muchachos es tarea de padres y educadores, lo mismo que serles cercanos y acompañarles en los momentos especialmente difíciles de sus vidas; pero a los jóvenes y adolescentes se les entiende, se les comprende, además se les respeta y sobre todo se les ama solo en la convivencia; esta era la práctica de Don Bosco. La familiaridad se expresa en pequeños detalles pero en el fondo se da en la amistad, en la aproximación, en la cercanía, en estar presentes en sus vidas. Tenemos que convencernos con el corazón que el amor es presencia educativa. El principio evangélico del amor se hace presencia constante de padres y educadores en la vida de los hijos y muchachos. Y nada suple la presencia.

P. Salvador Murguía sdb

157 años de vida

congregacionsalesiana

Los Salesianos cumplen hoy 157 años de vida. La Congregación fundada por Don Bosco nació el 18 de diciembre de 1859 en Turín, con 17 miembros (un sacerdote, 15 clérigos y un estudiante) además del propio Don Bosco, que tenía 44 años. Se fundó con el nombre de Pía Sociedad de San Francisco de Sales en honor al obispo de Ginebra, a quien siempre admiró el santo salesiano, hasta el punto de elegirlo como protector y modelo de su nueva congregación.

El sueño que tuvo el pequeño Juan Bosco a los 9 años marcó su vida. Tardó en interpretarlo, pero cuando comprendió lo que significaban los lobos, las ovejas y la mujer que brillaba junto a él lo puso en práctica hasta el último día de su vida.

Cuando ingresó en el seminario mayor de Turín, Don Bosco empezó, con la aprobación de sus superiores, a reunir todos los domingos a un grupo de chiquillos abandonados de la ciudad en una especie de escuela y lugar de recreo al que llamó Oratorio Festivo.

Ese primer oratorio se llamó San Francisco de Sales. La primera iglesia construida en Valdocco por Don Bosco fue dedicada a San Francisco de Sales. En su habitación, el salesiano tenía un letrero en el que estaba escrito el famoso mensaje divulgado por él “Da mihi animas, cætera tolle” (“Dame almas, llévate lo demás”), una frase bíblica que solía repetir San Francisco de Sales.

Desde su fundación, la Congregación Salesiana creció rápidamente: en 1863 había 39 salesianos y a la muerte del fundador, en 1888, eran ya 768.


El apelativo salesiano hace, por tanto, referencia al obispo de Ginebra
, pero no sólo a su persona, sino también a su espíritu y a su mensaje, transmitidos por Don Bosco. Este sentido salesiano se ve en toda su autenticidad en un pequeño tratado que escribió sobre el Sistema Preventivo y cuya puesta en práctica supone la bondad, dulzura y mansedumbre del que, junto el amor, surge la espiritualidad salesiana, que es la espiritualidad de Don Bosco.

No tardó en darse cuenta de que todo el bien que hacía por sus chicos se perdía con las malas influencias del exterior y decidió construir sus propios talleres de aprendizaje. Los dos primeros fueron inaugurados en 1853. En 1856 había ya 150 internoscuatro talleres, una imprenta, cuatro clases de latín y 10 sacerdotes. Los jóvenes externos eran 500.

En diciembre de 1859, Don Bosco y sus compañeros deciden finalmente organizar la congregación, cuyas reglas habían sido supervisadas por Pío IX. El 2 de febrero de 1860 es aceptado el primer coadjutor. El 23 de julio de 1864 llega de la Santa Sede el “decreto de alabanza de la Sociedad”. Más tarde, el 1 de marzo de 1869, 15 años después, llega su aprobación y, finalmente, el 3 de abril de 1874 llega la aprobación de las Constituciones por parte de la Santa Sede.

Fuente: Misiones Salesianas