Historia de los Salesianos en México

Les compartimos una imagen con la historia condensada de los Salesianos en México, que apareció publicada en el Anuario de 1985 del Colegio Anáhuac Chapalita.

Leyendas del Revo 17 Alberto Barón “Flaca” Santoyo

De Tecomatlán, Jalisco, allá por el rumbo de los Altos, ​Alberto Barón Santoyo ​llegó a Guadalajara, ya que su papá había fallecido, a buscar mejor fortuna con su familia, nacido el 1 de abril de 1933 en el seno de una familia católica, se asentaron a vivir en la calle de Catalán No. 798, ahí donde ahora la Avenida Revolución hace cuchilla con la calle Constitución.

Con el sobrenombre de “La Flaca” en alusión a su delgada figura, apodo con el que un tío le bautizó, hoy en día aún luce su esbelto físico. De Catalán, su abuelito compró una casa y se cambiaron a la Colonia Obrera, a unas cuadras de la Capilla y hoy Templo de María Auxiliadora, así que a la mano le quedó cuando tenía 7 años lo que le gustaba, el Padre Rafael Sánchez Vargas S.D.B. iniciaba el Oratorio Festivo de María Auxiliadora: ​la iglesia y el campito, oración y deporte.

Acudía a la Capilla al rezo del Santo Rosario, fue acólito, muy apreciado por el Padre Juan Ignacio Sandoval Márquez S.D.B. del que rememora: ​“era un Santo, un ejemplo de Don Bosco con nosotros”​. Recuerda que después de la celebración, si había, el Padre Nacho los invitaba a cenar, se desvivía por conseguir donativos para los niños, ello le llevó a tener dos accidentes ya que fue aventado en su bicicleta mientras visitaba a sus benefactores. En las fiestas de Santos Reyes y de María Auxiliadora, el Sacerdote émulo de Don Bosco conseguía ropa y cobijas para premiar a aquellos que acudían a la doctrina o recibían al Señor en la comunión.

En la misa del Oratorio había un Coadjutor Pedro “Petrus” Tagliaferri, continúa narrando, que los disciplinaba con un bastón dentro del Templo, para disgusto del Padre Sandoval, lo cual ocasionaba reclamos por la forma de tratar a los niños a esa persona. El Padre siempre protegió a sus oratorianos, buscaba entre la gente como llevarles el pan, a veces había hasta para tamales, otro día solo bolillos de la panadería del “Natillas” Salcedo y si no galletas. Tenía el Padre Sandoval su ropero donde guardaba los uniformes de cada equipo del Oratorio, además de sus pares de zapatos con el nombre de cada uno de ellos. El “campito” era un hervidero de niños, a todos vestía y alimentaba el venerado Sacerdote.

Los niños competían entre éllos, aún no salían a jugar contra equipos de la Asociación de Fútbol del Estado. Había insistencia de parte de los cooperadores más grandes: Gilberto “Cocoliso” Gutiérrez, “El Chayote”, Melquiades Meza. Para que se metiera una categoría Junior. Así con esas idea de competir en las grandes ligas nació el Don Bosco del barrio de la Bandera.

Nuestro entrevistado narra que Él empezó jugando en la Infantil Junior, Infantil de Primera, Infantil Estándar, Juvenil de Segunda, Juvenil de Primera. Sus compañeros: Abraham Casillas “Patotas”, Germán Puga, Salvador Cardona, Antonio “Piolín” Mota, Fernando”Nando” Meza, Armando Barba, Manuel Rosales “El Lagañas” junto con Él fueron campeones en las ligas que compitieron.

Recuerda que disputando el juego por el título del campeonato de la categoría juvenil contra el SUTAJ en la cancha del Guadalajara, Fernando Meza le gritó: “Flaca”, Alberto que jugaba de extremo izquierdo ya sabía que el balón iba a ir filtrado delante de él, se llevó por piernas a su marcador y al defensa central contrario, un tal Guillermo “Tigre” Sepúlveda, y anotó el gol con el que se coronaban campeones. En ese equipo de los camioneros del SUTAJ alineaba además del ya mencionado futuro integrante del Guadalajara, Sabás Ponce, Mellone Gutiérrez, Chava Reyes, Elías Vázquez. Al bajar al

vestidor después del término del partido escuchaba como el responsable del equipo contrario también Sacerdote, regañaba a Sepúlveda y le decía que cómo era posible que no lo hubiera detenido, le dijo al jugador camionero: “éstos para qué te sirven”, señalando los genitales del jugador.

El otro clásico contra el San Luis del Padre Francisco Gámez Carrillo S.D.B. siempre lo vivían con intensidad, recuerda que el regaño y la arenga a dar más estaba siempre a flor de piel. “Baboso, tírale”, había que ganarlo como fuera, exigía el Padre Nacho.

Jugando contra el Occidente una final de copa, que coincidía con el aniversario de dicho club, se lleva jugadores por la banda, tira a gol, el balón que iba para adentro, de pronto hace un extraño, se sale, vuelve a pegar en otro bordo y entra. Al término del juego le dijo al Padre Sandoval: ​“no cabe duda que somos milagrosos, somos de Don Bosco”

A los 19 años se van todos en “bola” a las Reservas del Oro, con el disgusto del Padre Sandoval a quien no le agradaba el equipo de Oblatos porque le pirateaban muchos jugadores. Es el primero de sus compañeros en debutar en la Primera División Profesional a la edad de 21 años contra el Atlante en el Estadio de la Ciudad de los Deportes.

Equipo del Oro que era dirigido por Eduardo “Ché” Valdatti, masajista Chon Hermosillo, el Dr. Hugo MIchel y el dueño Don Rosendo Martínez Sandoval. Estuvo 5 años con los Mulos hasta que en un juego Oro vs. Atlas fue lesionado del tendón de Aquiles por el defensa rojinegro “Palmareño” Solís, le pronosticaron 9 meses para restablecerse de la lesión, eran otros tiempos menciona, no quiso que le practicaran la cirugía y se retiró del profesionalismo.

Padre de 5 hijas, 14 nietos y 8 bisnietos. Sigue trabajando como despachador del Sitio 13 hasta el mediodía, al término de su labor va a seguir su misión como miembro de la Guardia de Honor de la Virgen de Zapopan que la acompaña en su recorrido por los templos de la ciudad. Con sus compañeros Oratorianos se reúne en misa de 8 de la mañana en María Auxiliadora cada domingo primero de mes, a recordar los tiempos del atole y el bolillo del Padre Sandoval.

Texto: Ing. Javier Nuño