Difícil y fácil

Hoy, la renuncia de las familias a su misión educativa no nace de la falta de convicción del deber-educar. Nace del desaliento: educar es algo imposible. Se trata de un sentimiento de derrota ante fuerzas que se consideran invencibles y con las que es mejor “pactar” (por ejemplo, los medios de comunicación). Debemos liberar totalmente nuestro corazón de este sentimiento de impotencia, que no tiene fundamento…

Los verdaderos peligros para la educación de la familia son los que ponen en peligro la verdad de la comunión interpersonal: el poco tiempo pasado juntos, un diálogo que se detiene en la superficie de la vida o la imposibilidad-incapacidad de ofrecer respuestas sólidas a las preguntas de los hijos… [Ser padre] es el oficio más difícil de todos porque es el más fácil de todos.

Es como el “oficio de vivir”. Es el más difícil porque se trata de generar a una persona humana y nada es más grande que una persona humana; es el más fácil, porque se educa sencillamente conviviendo.

Siempre me pregunto si es posible educar cristianamente a los hijos y… sin dudarlo y convencido digo que ¡¡¡Sí!!!

Mons. Salvador Murguía sdb