Don Bosco

Amigos para hacer el bien

amigos

Toda su vida Don Bosco buscó y fomentó la amistad y fue apreciado y querido como un hombre que congregaba jóvenes y reunía en torno a sí grupos de personas para hacer el bien a todos pero especialmente a los jóvenes. Son innumerables las personas que fueron sus amistades, hombres y mujeres de todas las clases y condiciones sociales y no se diga credos y hasta ateos; autoridades civiles y eclesiásticas, príncipes y reyes, pobres de ciudad y de campo y hasta obispos, cardenales y no se diga los papas de la Iglesia; es decir que su corazón era capaz de atender a las personas, respetar sus creencias y opiniones e invitarles a colaborar, por el bien de los jóvenes y la salvación de todos.

Una ilustre señora de Turín que ocupa, en aquellos años un lugar de primer plano en la sociedad ciudadana: es la marquesa de Barolo, sesenta años. Sin hijos y con un inmenso patrimonio, se dedica completamente a las mujeres y a las muchachas marginadas.
Para ver concretamente cuáles son las condiciones de las mujeres encerradas en la cárcel, pasa durante muchos meses tres horas al día encerrada también en las celdas con ellas. Soporta humillaciones, insultos, es golpeada. Al final, su relato a las autoridades es tan convincente, que obtiene para las prisioneras un edificio más sano y condiciones de vida mucho más humanas.

De aquella experiencia sufrida en su piel, nacen todas sus actividades. Compromete su patrimonio para construir, al lado del hospital del Cottolengo, el Refugio. Es un conjunto de edificios situados en el barrio de Valdocco. Hay también una casa para las muchachas en peligro con menos de catorce años. Va a recogerlas ella por las calles, o se las trae la policía.

Esta ilustre mujer, fue una gran amiga y colaboradora del joven sacerdote Don Bosco que le ayudó en sus Obras de Misericordia confesando y celebrando misas para sus obras de misericordia a favor de las niñas; pero se distanció de ella cuando le pedía que se quedara a trabajar para sus niñas.

Don Bosco contesta con claridad: “Mi respuesta está pensada. Usted tiene dinero, y encontrará fácilmente cuantos sacerdotes quiera para sus instituciones. No pasa lo mismo con mis pobres chiquillos. Si ahora yo me retiro, quién se ocupara de ellos. Por tanto… me daré de lleno al cuidado de los muchachos abandonados”

Sin embargo la Marquesa, sin que lo sepa el mismo Don Bosco, lo seguirá ayudando y le concede un lugar prestado por seis meses para su primer oratorio donde podrán jugar sus muchachos sin disturbar a sus muchachas.

Esta noble mujer, la Marquesa Barolo, ha sido declarada Venerable por el Papa Francisco el 5 de mayo de 2015, como una mujer dedicada a hacer el bien a los mas necesitados.

Un sacerdote por las calles

San Juan Bosco5 de junio de 1841. El arzobispo de Turín extiende las manos sobre la frente de Juan Bosco arrodillado a sus pies. Invoca al Espíritu Santo para que venga y lo consagre para siempre. Cuando se levanta, ya es sacerdote, es Don Bosco.

Su primera Misa la celebra en el altar del Ángel de la Guarda. Declara así que quiere llegar a ser un ángel que custiodiará, ayudará dará fuerza a todos los muchachos que encuentre. La segunda Misa la celebra en el altar de la Virgen en el gran santuario de Turín llamado “de la Consolata”. Alzando los ojos, ve a la <<Señora esplendente como el sol>> que le llamó a los nueve años y que le ha ido conduciendo hasta aquí.

El jueves es la fiesta del Cuerpo del Señor: Don Bosco dice su primera Misa en Castelnuovo. Luego va a su casa de Los Becchi. Don Bosco, veintiséis años, está en el patio delante de su pobrisima casita. A su lado está Mamá Margarita, cincuenta y tres años. A su alrededor está el campo verde que le ha visto crecer, jugar, recorrer sus senderos en busca de nidos, o con los libros bajo el brazo yendo a la escuela. Lento, como todos los diálogos de los campesinos, se desarrolla el diálogo entre Don Bosco y su madre:
-Ya eres sacerdote. ¿Qué piensas hacer?
-Yo creo, mamá, que los muchachos desbandados vistos en el sueño no están entre estas colinas, sino que me esperan en la ciudad. Iré a Turín a trabajar como sacerdote.
-La ciudad puede ser difícil también para ti. Puede desbandarse un muchacho, pero puede desbandarse también un sacerdote joven. Ve a aconsejarte con don Cafasso. Siempre te ha dado buenos consejos.

Don Cafasso lo escucha. Luego le dice con calma:

-Tu sitio es Turín. Ven a vivir aquí, en el Colegio Eclesiástico. Y mientras tanto, vas por la ciudad, mira a tu alrededor. Dios te dirá lo que quiere de ti.

En el colegio, al lado de la iglesia de San Francisco de Asís, viven 45 sacerdotes jóvenes, que se preparan durante dos años a ser apóstoles en la ciudad de Turín. Desde los primeros días, Don Bosco va por la ciudad. Quiere hacerse una idea de los jóvenes. Queda desconcertado. Las periferias, los suburbios, son zonas de explotaciones y de miseria. Adolescentes vagabundean desocupados por las calles, pendencieros, blasfemos, dispuestos a intentar cualquier aventura para abrirse camino en la vida.

Al lado del mercado general de la ciudad, descubre un verdadero “mercado de brazos jóvenes”: en una zona de Puerta Palazzo encuentra un hervidero de <<merceros ambulantes, vendedores de fósforos, limpiabotas, barrenderos, mozos de cuadra, distribuidores de folletos, criados de los negociantes en el mercado, todos pobres muchachos que vivían al día, buscando algún oficio, con tal de poder seguir viviendo>>

ORACIÓN

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo.

Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano.

Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia.

Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.