vida

Estar a la espera

niñossembrando

La espera no es una actitud muy común. No se suele pensar con mucha simpatía en la espera. De hecho, la mayor parte de la gente piensa que la espera es una pérdida de tiempo…; quizás porque la cultura que nos ha tocado vivir dice «¡Vamos, muévete!, ¡haz algo! ¡Demuestra que eres capaz de actuar! ¡No te quedes sentado ahí, esperando!»

Sin embargo, esperar es una actitud enormemente radical en la vida. La espera en la vida es confiar en que sucederá algo que supera con mucho nuestra imaginación. Es abandonar el control de nuestro futuro y dejar que sea Dios que actúe y quien determine nuestra vida. No entendemos porqué siempre queremos ser los protagonistas y no caemos en la cuenta que somos criaturas y fuimos creados por Dios.

Esperar es vivir con la convicción de que Dios nos va formando con su amor divino y no con nuestros temores y miedos. La vida espiritual es una vida en la que estamos a la espera, activamente presentes en el momento actual, esperando la novedad que acontecerá, novedad que va más allá de nuestra propia imaginación o previsión. Esta actitud, ciertamente, es muy radical en la vida en este mundo preocupado en controlar los acontecimientos.

P. Salvador Murguía sdb

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Un encuentro que transforma

JovenMisionero

Los muchachos y jóvenes de hoy, que se les llama millennials, tienen como característica la inmediatez con la que se vive la vida. El WhatsApp, el formato de programas televisivos, los vídeos de YouTube, Twitter, Instagram… lo llevan en la sangre y todo eso nos lleva a una cultura de lo inmediato, del “ya, ahora.”

Cambia el contexto, cambia el perfil de los jóvenes. No creo que cambien los valores de éstos. Tampoco sus necesidades más profundas. Lo que yo vivo y descubro cada día con mi trabajo es que los jóvenes, aunque a veces no nos lo parezca, están más vivos que nunca: quieren aprender, quieren comprometerse, quieren ser felices y ayudar a que lo sean las personas que les rodean, quieren superarse, quieren cambiar lo que no les gusta, quieren descubrir y descubrirse, quieren amar y sentirse amados.

Y con la comunicación, el joven, traspasa fronteras y acude al encuentro sintiéndose vivo y transformando su vida. Esto no es nuevo, siempre se ha dado y lo siguen viviendo los jóvenes. 

El teólogo dominico Edward Schillebeeckx lo expresó así:

“Todo comenzó con un encuentro. Unos hombres (judíos de lengua aramea y quizá también griega) entraron en contacto con Jesús de Nazaret y se quedaron con él. Aquel encuentro y todo lo sucedido en la vida y en torno a la muerte de Jesús hizo que su vida adquiriera sentido nuevo y un nuevo significado. Se sintieron renovados y comprendidos, y esta nueva identidad personal se tradujo en una solidaridad análoga con los demás, con el prójimo. El cambio de rumbo de sus vidas fue fruto de su encuentro con Jesús. No fue un resultado de su iniciativa personal, sino algo que les sobrevino desde fuera”.

P. Salvador Murguía sdb