Enseñanzas de la Pandemia

El coronavirus ha desestabilizado el escenario económico, político y social de muchos países en todo el mundo y ha afectado la forma de vivir de millones de personas. Ha significado un cambio que en muchos casos ha traído una mayor conciencia sobre la falta de control que tenemos sobre las cosas. 

Lo que hemos comenzado a vivir hace meses nos recuerda que algo muy pequeño e invisible nos hace vulnerables y nos obliga a pensar dónde estamos parados y cómo vamos a posicionarnos ante una realidad que hoy nos interpela. ¿Se trata de perseverar en lo que conocemos o de comprometernos con un cambio de rumbo?

Esta catástrofe de la pandemia nos muestra que más allá de los daños causados, podemos aprender algo de ella y parte de esa enseñanza la encontramos en símbolos que han sido reflejo de experiencias vividas y que han llegado con un mensaje que podemos tener cuenta de ahora en adelante.

La cuarentena nos ha recordado:

  • La vida en la intimidad del hogar, de mirar hacia dentro, de compartir más con los seres queridos…
  • Dejar de lado lo superficial, que se encuentra en los centros comerciales, en las salidas a la calle simplemente por salir.
  • Recuperar lo esencial, pues no hace falta mucho para tener una vida saludable y alegre desde la simplicidad.
  • Esperanza de seguir adelante, con una nueva realidad más real que antes cuando hay esperanza.
  • Valor y respeto por nuestros mayores.
  • Mascarillas: aprender a hacer silencio, pues nos da la oportunidad de encontrarnos con el mundo del otro.
  • Lavarse las manos: mantener hábitos de higiene personal, que nos prepara para afrontar el día a día.
  • Reconocer la defensa de la vida, de todos aquellos que participan en el sector salud para cuidarnos.
  • Momento de pausa en el camino.
  • Hacer lugar para todos.

¿Y tú? ¿Qué has aprendido con la pandemia?

Anidar la esperanza

“Ser hombre es precisamente ser responsable”, lo señala Antoine de Saint-Exupéry, en el libro del Principito que conoces bien. Y Elizabeth Kubler-Ros, psiquiatra de profesión y escritora, experta en el cuidado de los enfermos, dice:

“Las personas mas bellas con las que me ha encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada. La gente bella surge en los momentos de dificultad”.

Estamos en un momento que nos está recordando que somos vulnerables, más de lo que creemos y que necesitamos la fuerza de Dios para caminar en esta vida. Desechemos el miedo que está siendo “otro virus que nos paraliza”; y aunque se nos pide estar encerrados en casa, no nos encerremos en nostros mismos; abrámonos al bien de los demás, practiquemos la carida con los que están pasando en un mal moento y sobre todo como nos pide el Papa Francisco: “ante la paranoia del virus, respondemos con la universalidad de la oración”.

La gente más bella es la que anida en su corazón la esperanza en Dios y en ella misma.

Mons. Salvador Murguía sdb