Jóvenes

Dios quiere que seamos santos

acompanamiento

El Principito dice:

“Si quieres construir una nave, no busques a tus hombres para recolectar madera, dar órdenes y distribuir la obra, sino enséñales a anhelar el vasto e interminable mar”

Quizá el más grande éxito de Don Bosco como educador ha sido éste, inspirar en adolescentes y jóvenes, y no precisamente en los mejores de su tiempo, profundas aspiraciones para alcanzar los grandes ideales en forma apasionada.

Esto se vio claramente alcanzado con un adolescente de 14 años que hoy, 6 de mayo celebramos, Domingo Savio, que habiendo convivido sólo durante tres años, logró asimilar lo mejor de la educación y formación de Don Bosco y alcanzó la grande meta de la santidad.

En la primavera de 1855 don Bosco predicó a los jóvenes del Oratorio y les habló de santidad. En la plática desarrolló tres ideas: – Dios quiere que todos nos hagamos santos. – Es cosa relativamente fácil llegar a serlo. – Hay un gran premio en el Cielo para el que se haga santo. Domingo quedó impresionado y empezó a soñar con la santidad. En su corazón habían quedado grabadas las palabras de don Bosco: Debes hacerte santo. Tienes que ser santo. Dios lo quiere. Él, un joven flaco, débil, pálido, sin salud, no tendría fuerzas para hacerle frente a una empresa tan grande, como la santidad.

Estando Domingo sumido con estos pensamientos, llegó el día de la fiesta del Nacimiento de Juan el Bautista, era el día del onomástico de don Bosco, que como todos los años se celebraba en el Oratorio. Don Bosco, en un gesto de correspondencia por el afecto que recibía de los muchachos, les dijo: Escriban cada uno en un papelito el regalo que desea recibir de mí. Les aseguro que haré todo lo posible por concedérselo.

Las peticiones eran muy variadas. Había una -la de Domingo Savio- que era escueta. En su papelito no había más que cuatro palabras: Ayúdeme a hacerme santo. Don Bosco tomó en serio aquella petición. Llamó a Domingo y le dijo: Quiero regalarte la fórmula de la santidad. Mira: Primero: alegría: lo que perturba y quita la paz, no viene de Dios. Segundo: tus deberes de escuela y de piedad. Atiende con responsabilidad tus deberes escolares y tu entrega al estudio, y tu entrega a la piedad. Todo ello por amor al Señor y no por ambición. Tercero: hacer el bien a los demás. Ayuda siempre a tus compañeros, aunque te cueste algún sacrificio. En eso, está toda la santidad.

Acompañar y sembrar grandes ideales en el corazón de chicas y chicos es la responsabilidad de papás, de educadores y de adultos.

P. Salvador Murguía sdb

Un sacerdote por las calles

San Juan Bosco5 de junio de 1841. El arzobispo de Turín extiende las manos sobre la frente de Juan Bosco arrodillado a sus pies. Invoca al Espíritu Santo para que venga y lo consagre para siempre. Cuando se levanta, ya es sacerdote, es Don Bosco.

Su primera Misa la celebra en el altar del Ángel de la Guarda. Declara así que quiere llegar a ser un ángel que custiodiará, ayudará dará fuerza a todos los muchachos que encuentre. La segunda Misa la celebra en el altar de la Virgen en el gran santuario de Turín llamado “de la Consolata”. Alzando los ojos, ve a la <<Señora esplendente como el sol>> que le llamó a los nueve años y que le ha ido conduciendo hasta aquí.

El jueves es la fiesta del Cuerpo del Señor: Don Bosco dice su primera Misa en Castelnuovo. Luego va a su casa de Los Becchi. Don Bosco, veintiséis años, está en el patio delante de su pobrisima casita. A su lado está Mamá Margarita, cincuenta y tres años. A su alrededor está el campo verde que le ha visto crecer, jugar, recorrer sus senderos en busca de nidos, o con los libros bajo el brazo yendo a la escuela. Lento, como todos los diálogos de los campesinos, se desarrolla el diálogo entre Don Bosco y su madre:
-Ya eres sacerdote. ¿Qué piensas hacer?
-Yo creo, mamá, que los muchachos desbandados vistos en el sueño no están entre estas colinas, sino que me esperan en la ciudad. Iré a Turín a trabajar como sacerdote.
-La ciudad puede ser difícil también para ti. Puede desbandarse un muchacho, pero puede desbandarse también un sacerdote joven. Ve a aconsejarte con don Cafasso. Siempre te ha dado buenos consejos.

Don Cafasso lo escucha. Luego le dice con calma:

-Tu sitio es Turín. Ven a vivir aquí, en el Colegio Eclesiástico. Y mientras tanto, vas por la ciudad, mira a tu alrededor. Dios te dirá lo que quiere de ti.

En el colegio, al lado de la iglesia de San Francisco de Asís, viven 45 sacerdotes jóvenes, que se preparan durante dos años a ser apóstoles en la ciudad de Turín. Desde los primeros días, Don Bosco va por la ciudad. Quiere hacerse una idea de los jóvenes. Queda desconcertado. Las periferias, los suburbios, son zonas de explotaciones y de miseria. Adolescentes vagabundean desocupados por las calles, pendencieros, blasfemos, dispuestos a intentar cualquier aventura para abrirse camino en la vida.

Al lado del mercado general de la ciudad, descubre un verdadero “mercado de brazos jóvenes”: en una zona de Puerta Palazzo encuentra un hervidero de <<merceros ambulantes, vendedores de fósforos, limpiabotas, barrenderos, mozos de cuadra, distribuidores de folletos, criados de los negociantes en el mercado, todos pobres muchachos que vivían al día, buscando algún oficio, con tal de poder seguir viviendo>>

ORACIÓN

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo.

Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano.

Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia.

Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.