Pastoral

Absurdo

OrarDios

Orar es entrar en relación con una Persona y escuchar esa voz amorosa. Esto es en definitiva lo que significa “obedecer”. La palabra “obediencia” viene del latín “ob-audire”, que quiere decir: escuchar con atención. Si no escuchamos, nos hacemos “sordos” a la voz del amor. La palabra latina para decir “sordo” es “surdus”. Ser completamente sordo es ser “absurdus”, sí, absurdo. Cuando dejamos de rezar, cuando dejamos de oír la voz amorosa que nos habla en cada momento, nuestras vidas se convierten en vidas absurdas en las que somos arrastrados y zarandeados por el pasado y el futuro.

Bastaría que pudiéramos, aunque sólo fuera durante unos minutos al día, estar enteramente donde estamos, para que descubriéramos de hecho que no estamos solos y que Él, está con nosotros y sólo quiere una cosa: darnos amor.

Escuchar la voz del amor exige que dirijamos nuestras mentes y nuestros corazones hacia esta voz con toda nuestra atención. ¿Cómo podemos hacerlo? La manera más eficaz de hacerlo –al menos en mi experiencia- es pensar y repetir una sencilla oración, mediante una frase o una palabra y repetirla despacio.

P. Salvador Murguía sdb

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Creer y vivir

Testimonio

Dar ejemplo con nuestra vida de lo que creemos, es básico para cualquier persona y más para quienes tienen responsabilidad sobre otros y ejercen una autoridad sobre los demás, padres de familia, educadores, sacerdotes, autoridades, etc.

¡El testimonio! Aquí se encuentra el verdadero desafío que se pide al hombre de hoy para ser creíble. No se pide hoy grandes «maestros», sino más bien «testigos» válidos, en la realidad del tejido familiar, eclesial, cultural y social […]. Hoy nos viene desde muchas partes la invitación a que seamos creíbles y a que demos testimonio con la vida de aquello en que creemos […].

Jesús dijo varias veces a sus discípulos que fueran a anunciar la paz y se sentaran a la mesa con los otros en nombre de la paz, compartiendo los bienes. Aquí se encuentra el núcleo esencial del testimonio cristiano, que tiene como raíz el compartir con los pobres nuestros propios recursos, pensando que somos hijos del mismo Padre y tenemos derecho a alimentarnos de las mismas cosas, fruto del amor de Dios. Y sobre esto seremos juzgados un día: sobre cómo hemos tratado a los pobres, a los necesitados, a los olvidados, a los marginados, a los prófugos, a todos los que han sido golpeados por las injusticias y se ven obligados a languidecer en la pobreza más obscura.

Alrededor nuestro siempre hay personas marginadas por los demás, personas que sufren y otras que tienen necesidad, basta abrir los ojos, ver la realidad que nos rodea con una mirada atenta y más profunda y dejar que el corazón se dilate por los demás; de eso forma nuestra vida será un ejemplo que atrae e impacta por las “pequeñas – grandes acciones”.

P. Salvador Murguía sdb