Pastoral

Vivir es soñar

NiñosReyes

Niños, regalos, alegría y emociones; hoy se habla de todo eso en la fiesta de los Reyes Magos, que en estos tres “sabios” o “magos” que señala la Biblia estamos representados todos los creyentes de diferentes partes de este mundo y de diferentes culturas, y somos invitados a llenarnos de alegría porque la estrella de Belén que es una Persona ha llenado de esperanzas la vida, nos ha mostrado su hermosura y nos ha regalado su amistad.

Unamuno, escritor y filósofo, en un fragmento de una bella poesía escrita por él, dice:

“Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños , yo he crecido, mi pesar.
Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad
vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar”.

Feliz Fiesta de Día de Reyes

P. Salvador Murguía sdb

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Primera lección de teología

Miradas

Aimé Duval tiene un libro bello que se llama: “El niño que jugaba con la luna” y dice que es en la familia donde se deja ver con el testimonio, el lugar en el cual la fe se vuelve atractiva y atrayente. Son los ojos de la madre y aquellos del padre la primera lección de teología. Y lo narra así:

“En mi casa la religión no tenía para nada un carácter solemne: nos reuníamos a recitar todos los días las oraciones de la tarde todos juntos. Sin embargo había una cosa particular que recuerdo muy bien y que se me quedó grabada en la memoria para todos los días de mi vida. Las oraciones eran entonadas por mi hermana Elena y, porque para nosotros los pequeños de la familia eran demasiado largas (duraban cerca de un cuarto de hora), sucedía muy frecuentemente que nuestra “guía” aceleraba el ritmo y se comía rápidamente algunas palabras hasta que mi padre interrumpía y pedía que se comenzara de nuevo. Aprendí entonces que con Dios debemos hablar despacio, con seriedad y delicadeza.

También tengo grabada en mi memoria la posición que mi padre tomaba en esos momentos de oración. Él regresaba cansado del trabajo del campo y, después de la cena, se arrodillaba por tierra, apoyaba los codos en una silla y con la cabeza entre sus manos sin mirarnos, y sin hacer ningún movimiento o dando la menor señal de impaciencia. Yo pensaba: mi padre, que es muy fuerte, que manda en la casa, que guía los bueyes, que no se doblega ni siquiera ante el presidente municipal, ni ante los ricos o menos ante los malvados… mi padre delante de Dios se vuelve como un niño. Se transforma su aspecto cuando se pone a hablar con él!

Debe ser muy grande Dios, si mi padre se arrodilla ante él! Pero también debe ser muy bueno si se le puede hablar sin cambiarse de ropa. Todo lo contrario de él, a mi madre nunca la ví arrodillada. Ya por la noche ella estaba demasiado cansada, para hacerlo. Se sentaba en medio de nosotros con el más pequeño en brazos… Recitaba también ella las oraciones desde el principio hasta el final y no dejaba ni un momento de mirarnos, uno a uno pasaba su mirada en todos nosotros mientras continuaba a rezar, pero se detenía un tiempo más largo sobre los más pequeños. Ni siquiera se distraía cuando los pequeños la molestaban, ni mucho menos cuando se desataba la tormenta y los truenos y la lluvia estremecían la casa o si el gato jugueteando combinaba algunos problemas.

Y yo pensaba que debe ser muy sencillo Dios, si se le puede hablar cuando se tiene un niño en los brazos y puesto el delantal. Y debe ser también una persona muy importante si mi madre cuando le habla no hace caso ni al gato, ni al mal tiempo!

Las manos de mi padre y los labios de mi madre me han enseñado cosas importantes sobre Dios!”.

P. Salvador Murguía sdb