Pastoral

Lágrimas

Si tienes amigos sacerdotes o conoces a alguno, habrás escuchado de él decir: “No tengo tiempo, estoy muy ocupado” “tengo mucho trabajo”. Y es así. Nos pasa a todos porque ya tenemos nuestra agenda del día llena de compromisos y todavía hay personas que se acercan a pedirte un favor, una intención, una oración.

A mi me pasa mucho y continuamente. Pero en un espacio de dos días se han presentado dos personas, con lágrimas en los ojos, a pedirme oraciones por su hijo que ya murió y la otra persona, por un amigo que falleció y para que yo ponga la intención en mis oraciones y en la misa que celebraré durante el día. Me arriesgo a preguntar sobre la causa de su fallecimiento y se me cae el corazón cuando me dicen la forma de su muerte y su edad: 21 años uno y se suicidó y el otro, la misma forma de morir y tan sólo 18 años. 

Esto frena el ritmo de mi vida y de mi agenda y me hace olvidar todo y atender, vivir y entrar en empatía con las personas que viven este drama con éste profundo dolor. Y si en un primer momento me pregunto ¿porqué éstos muchachos se quitaron la vida, cuál fue la razón para que no sintieran motivos para vivir? Lo más inmediato es entrar en el dolor de estas personas y me enfoco en consolar y hasta llorar con quienes sufren la ausencia y sobre todo la forma de ésta ausencia de su ser querido.

Y me golpea muy fuerte lo que escribió el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Cristo Vive: 

“Quizá aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades, no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas. Les invito a que cada uno se pregunte: ¿Yo aprendí a llorar? ¿Yo aprendí a llorar cuando veo a un niño con hambre, un niño drogado en la calle, un niño que no tiene casa, un niño abandonado, un niño abusado, un niño usado por una sociedad como esclavo? ¿O mi llanto es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más? Intenta llorar por los jóvenes que están peor que tú. La misericordia y la compasión también se expresan llorando. Si no te sale, ruega al Señor que te conceda derramar lágrimas por el sufrimiento de otros. Cuando sepas llorar, entonces sí serás capaz de hacer algo de corazón por los demás”

Christus vivit.76.

Mons. Salvador Murguía sdb

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Un ideal muy alto

Cada día se narran gestas heroicas de personas que por amor a su Fe son capaces de entregar la vida convencidos de lo que hacen. Personas que viven por un ideal cristiano. Dice el Papa Francisco que hoy hay más mártires que en los primeros tiempos del cristianismo.

El mismo ideal espiritual que motivaba a san Serapión a ir hasta el Magreb, entrar en la prisión de un sultán y liberar a un desconocido, convencido de que aquel acto de amor era un tributo a Dios. Es el que motivó a Isabel Solà Matas, una joven enfermera catalana, perteneciente a la Congregación de Jesús-María, a estar dieciocho años en Guinea y ocho en Haití, hasta que fue asesinada. Durante todos estos años de entrega, dejó su estela de bondad y servicio, y, gracias a ella, por ejemplo, existe ahora el Proyecto Haití, un centro de atención y rehabilitación de mutilados que fabrica prótesis para los haitianos que no tienen recursos. La conocían como «la monja de los pies», porque, gracias a ella, muchos haitianos pobres habían tenido una segunda oportunidad.

Casi ochocientos años separaban a san Serapión de Isabel Solà, y, en ocho siglos, el mismo alto ideal de servicio y entrega los motivaba, empujados por la creencia en un Dios de amor.