Pastoral

Un ingrediente necesario

SantosLo que puede llegar a hacer extraordinaria nuestra vida y nuestro trabajo, no es lo que hacemos, que es muy bueno, pero mucho mejor es el amor con el que hacemos cada cosa.

La experiencia dice que para comer lo que se nos antoje, busquemos el restaurante que nos sirva lo que deseamos; pero si queremos comer compartiendo y llenando de sentido las vidas, se come más sabroso el alimento que sirven las mamás en casa porque además de preparar la comida, la hacen con amor… amor a los hijos, al esposo, a los nietos. Y la comida adquiere otro sabor, tiene un ingrediente de más, “un plus”. Y esto es lo grandioso!

Dios suscita santos que hacen grandes cosas, como Santa Teresa de Calcuta o San Juan Pablo II, pero también necesita santos anónimos, santos de lo pequeño, santos de lo cotidiano.

Cuando el Cristo de San Damián le dijo a san Francisco de Asís “restaura mi Iglesia”, san Francisco pensó que se refería a la iglesia destruida donde estaba rezando en ese momento y no a la Iglesia Universal. Y vendió algunas telas y le llevó el dinero al párroco. Como el párroco de san Damián se lo rechazó, se quedó allí a ayudar a los pobres y a restaurar por sus propias manos esa parroquia. De ese modo, con el ofrecimiento diario de su trabajo, san Francisco fue creciendo en su vida interior y realmente restauró a la Iglesia.

Como personas, nuestros sueños más ambiciosos pasan por la idea de cambiar el mundo y creemos que para hacerlo tenemos que irnos a lugares lejanos a hacer cosas difíciles para cambiar la vida de gente a la que no conocemos. Y no acabamos de entender que Dios nos llama a una misión ahí donde vivimos y estamos y quiere que hagamos nuestro trabajo constante y fiel, a veces aburrido y muy ordinario, pero que lo hagamos cada día con otro ingrediente.

Tan importante a los ojos de Dios es el sacrificio gigante del misionero que está todos los días en peligro por predicar la Verdad, como el que hace, calladamente, cada día y en casa una mamá, un padre con la familia, o el que se hace en el trabajo ordinario buscando cambiar las pequeñas cosas que no caminan bien y que ayudan a renovar el corazón de las personas. 

P. Salvador Murguía sdb

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Llamados a la vida

BuenosDias

¿Sabes qué significa decir “Buenos Días”? Es el deseo de que hoy todo salga tan bien que las bendiciones abunden a tu alrededor y que tu corazón no deje de sonreír porque se encuentra lleno de esperanza en la vida. Pues estoy convencido, junto con el monje francés Jacques Philippe, que es un hombre que irradia alegría en su vida y esperanza en su mensaje, de que:

“Solo podemos realizarnos plenamente en la medida en que percibamos las llamadas que diariamente nos dirige la vida y consintamos en responder a ellas: llamadas a cambiar, a crecer, a madurar; a ensanchar nuestros corazones y nuestros horizontes; a salir de la estrechez de nuestro corazón y de nuestro pensamiento para aceptar la realidad de un modo más amplio y más confiado.

Estas llamadas llegan a nosotros a través de acontecimientos, del ejemplo de personas que nos impactan, de los deseos que nacen en nuestro corazón, de las peticiones que nos llegan por parte de un allegado, del contacto con la Sagrada Escritura o por otros medios. Tienen su origen último en Dios, que nos ha dado la vida, que no cesa de velar por nosotros, que, con ternura, desea conducirnos por los caminos de la existencia, y que interviene permanentemente, de un modo discreto, a menudo imperceptible pero eficaz, en la vida de cada uno de sus hijos. Esta presencia y esta acción de Dios, aunque desgraciadamente quedan ocultas a muchos, se revelan a aquellos que saben adoptar una actitud de escucha y de disponibilidad”.

P. Salvador Murguía sdb