Profesores

El mejor vestido

El domingo, mamá Margarita vestía con más cuidado a sus hijos diciendo: «Es justo que los cristianos manifiesten también en el modo de vestir la alegría que sienten en este día. Pero, ¿para qué sirve vestirse bien si se está en pecado?». Lecciones sencillas de una madre para enseñar a sus hijos a vivir en gracia de Dios. 

La alegría más grande de don Bosco fue precisamente la de ayudar a los muchachos a vivir en gracia de Dios. De aquí la importancia que daba a la confesión frecuente, no impuesta sino motivada. La pedagogía aprendida de su madre, hizo de Don Bosco el gran educador cristiano siempre interesado en infundir convicciones profundas en sus muchachos. 

En los retiros espirituales mensuales, en el que normalmente los muchachos se confesaban, existía la costumbre de dar un buen trozo de pan. Don Bosco una vez vio, en el día del retiro, a un muchacho triste y, sin pensarlo dos veces, le dijo: «¿Por qué no has comido el trozo de pan?». El muchacho repuso: «No me he confesado». «Pero, bendito muchacho, -dijo don Bosco- es el hambre lo que te da derecho al pan, no la confesión». Vemos, pues, a Don Bosco preocupado ciertamente por las necesidades espirituales de sus muchachos, pero también por las materiales. Por las Memorias del Oratorio, que él nos dejó escritas, conocemos bien cuánto tuvo que penar para dar de comer a sus muchachos, cada día más numerosos. 

Mons. Salvador Murguía sdb

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