Autor: csgcomunicacion

Estar a la espera

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La espera no es una actitud muy común. No se suele pensar con mucha simpatía en la espera. De hecho, la mayor parte de la gente piensa que la espera es una pérdida de tiempo…; quizás porque la cultura que nos ha tocado vivir dice «¡Vamos, muévete!, ¡haz algo! ¡Demuestra que eres capaz de actuar! ¡No te quedes sentado ahí, esperando!»

Sin embargo, esperar es una actitud enormemente radical en la vida. La espera en la vida es confiar en que sucederá algo que supera con mucho nuestra imaginación. Es abandonar el control de nuestro futuro y dejar que sea Dios que actúe y quien determine nuestra vida. No entendemos porqué siempre queremos ser los protagonistas y no caemos en la cuenta que somos criaturas y fuimos creados por Dios.

Esperar es vivir con la convicción de que Dios nos va formando con su amor divino y no con nuestros temores y miedos. La vida espiritual es una vida en la que estamos a la espera, activamente presentes en el momento actual, esperando la novedad que acontecerá, novedad que va más allá de nuestra propia imaginación o previsión. Esta actitud, ciertamente, es muy radical en la vida en este mundo preocupado en controlar los acontecimientos.

P. Salvador Murguía sdb

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Retados a crecer

Pensando

Cuando los hijos, especialmente adolescentes y jóvenes, cuestionan la vida y la forma de proceder de los padres, parece que entra en crisis la estructura familiar; pero esto se vuelve más crítico cuando los hijos cuestionan la fe en la que han crecido. Desafiar las creencias religiosas, se convierte en una prueba importante para los padres. Los hijos, niños y adolescentes, son curiosos y muy perceptivos. Hacen preguntas, a veces difíciles, sobre cosas en las que nosotros nunca hemos pensado mucho o que hemos dado totalmente por supuestas como hechos sabidos.

Cuando esto sucede, nosotros, como padres y adultos, podemos tener dificultades para ofrecerles respuestas adecuadas y comprensiblemente adecuadas.

Cuando un hijo empieza a cuestionar su fe y hasta llega a afirmar que la está perdiendo, siempre es un tema serio, pero reaccionar de forma exagerada puede “hacer salir el tiro por la culata” y únicamente alejarles más.

Las preguntas que hacen los jóvenes y adolescentes son muy típicas de su edad. Es claro que andan en “búsqueda” más que de “desafío” a la fe.

Están buscando formas concretas de hacer coincidir las creencias en las que le han crecido con lo que ellos han visto y experimentado en su propia vida.

Y se cuestionan: Si Dios existe, ¿por qué hay sufrimiento, enfermedad, crueldad, injusticia y pobreza en el mundo? Si Él es real, ¿por qué no responde directamente a mis oraciones? ¿Por qué no se da a conocer más fácilmente?

Estas preguntas son muy comunes y probablemente todos nosotros nos las hemos preguntado en algún momento de la vida. Si el catolicismo fuera fácil, entonces todo el mundo sería católico.

¿Qué tipo de religión tendríamos si no exigiera nada de nosotros y no fuera un desafío para nosotros? Sin reto, no hay margen para el crecimiento. 

Así que lo más recomendable no es minusvalorar como una simple fase por la que pasan los hijos, pero tampoco reaccionar en forma exagerada; hay que poner cuidado, ayudar a reflexionar y orientar con respuestas sencillas y adaptadas pero no debe ser objeto de una preocupación en exceso.

Una ayuda a jóvenes y padres creyentes para explicar ¿En quién y porqué creemos en Dios? Es la ofrecida por el Papa Benedicto XVI elaboró el “Youcat”, el Catecismo de la Iglesia Católica en lenguaje adaptado a la mentalidad y comprensión de los jóvenes.

P. Salvador Murguía sdb