Autor: csgcomunicacion

Transformando historias

Historias

Los niños a veces son conservadores en cuanto a historias se refiere. Las quieren volver a escuchar con las mismas palabras de la primera vez, por el placer de reconocerlas y de aprenderlas con su secuencia y experimentar las emociones en un orden: sorpresa, miedo, satisfacción… Tienen necesidad de orden y reafirmación. A veces no debemos salirnos demasiado bruscamente de los carriles. Puede pasar que al principio el juego de transformar las historias les enfade y les haga sentirse en peligro. Es importante saberlo jugar en el momento justo.

– Había una vez una niña que se llamaba Caperucita Amarilla.
– ¡No, Roja!
– Ah, sí, Roja. Pues, su papá la llama y…
– Que no, que no era su papá, era su mamá.
– Es verdad. La llama y le dice: ve a casa de la tía Rosita…
– ¡Ve a casa de la abuelita; le dijo, no de la tía!
– …

Así pasa con los protoevangelios que son narraciones que nos cambian las historias que nosotros conocemos por los evangelios; el de Santiago es un protoevangelio apócrifo, es decir que no es auténtico, que no es considerado por la Iglesia como de inspiración divina; pero que habla de la infancia de la Virgen María y del nacimiento de Jesús de Nazareth y que recoge leyendas. Y mira los detalles tiernos de esta narración.

“Y cuando la niña llegó a la edad de tres años, Joaquín dijo: «Llamad a las hijas de los hebreos que estén sin mancilla y que tome cada cual una lámpara, y que estas lámparas se enciendan, para que la niña no vuelva atrás y para que su corazón no se fije en nada que esté fuera del templo del Señor». Y ellas hicieron lo que se les mandaba, hasta el momento en que subieron al templo del Señor. Y el gran sacerdote recibió a la niña y, abrazándola, la bendijo y exclamó: «El Señor ha glorificado tu nombre en todas las generaciones. Y en ti, hasta el último día, el Señor hará ver la redención por él concedida a los hijos de Israel». E hizo sentarse a la niña en la tercera grada del altar, y el Señor envió su gracia sobre ella, y ella danzó sobre sus pies y toda la casa de Israel la amó. Y sus padres salieron del templo llenos de admiración y glorificando al Omnipotente, porque la niña no se había vuelto atrás. Y María permaneció en el templo del Señor, nutriéndose como una paloma, y recibía su alimento de manos de un ángel”.

La de María, niña, es una historia tanformada por Dios y así puede Él transformar la nuestra también.

P. Salvador Murguía sdb

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