Nacidos por amor y para amar

Viktor Frankl tiene una bella expresión cuando habla de lo que es propio y común de la condición humana, dice que es la “Voluntad de sentido”. Quiere decir que no nos basta con vivir, con pasar los días y con entretenernos con miles de disputas y de trabajos y de ocupaciones; deseamos vivir una vida con sentido, que merezca la pena, que tenga valor en sí misma. Todo ser humano, por naturaleza, desea vivir una vida con sentido.

Cuando un ser humano experimenta que su vida, que lo que hace todos los días tiene un valor, posee un sentido, experimenta que su vida es valiosa y eso le hace muy feliz.

Ello no le exime del cansancio, de la fatiga y hasta de la indignación, pero siente que su tarea es útil, que, a través de ella, construye alguna forma de bien.

Sin embargo, cuando uno percibe que su vida está vacía, cuando no le llena lo que hace, cuando siente que nada de lo que dice o de lo que hace posee valor en sí mismo, experimenta que su vida es tediosa, irrelevante, completamente estéril. Entonces sufre lo que Viktor Frankl denomina el vacío existencial.

Son hermosas las reflexiones que hace una joven escritora de pequeños artículos como Miriam Díez Bosch, cuando señala que para un creyente, vivir la vida con fe y sabiéndose querido y amado por Dios es una profunda ayuda al vacío existencial, pero no es la única forma, pues muchas personas lo resuelven en otras formas. Existe una pluralidad de modos para dotar la vida de sentido.

Pero lo que es seguro, que sólo el amor le da la tónica a la vida de las personas. Una vida sin amor carece de sentido. El ser humano está hecho para amar y ésta es su finalidad inherente, con lo cual solo puede colmar de sentido su vida si es capaz de dar amor y de recibirlo.

Creer en Dios es vivir la vida como un don, como algo valioso que deber ser protegido y cuidado. No sólo la propia vida es valiosa, todas las formas de vida lo son.

Buscar el sentido de la vida es nuestro compromiso en cada cosa que hacemos para vivir la vida con sentido.

Con ojos de fe y corazón de padre de educadores y pastores contemplamos con esperanza cristiana el sufrimiento y el dolor de tantas familias y personas que en el mundo viven y sufren por la propagación del Covid-19 y agradecemos a quienes están en el frente de batalla, doctores, enfermeras, trabajadores de la salud. Dios les bendiga.

Mons. Salvador Murguía sdb

Sentido de lo que hacemos

Sentido VidaLa convicción de un creyente es clara, la vida es un regalo de Dios. Todo ser humano está llamado a decidir qué va a hacer con ella, cómo va a dotarla de significado. Y el sentido de la vida no se aprende en los libros, se aprende por ensayo y por error, viviendo. La fe en Dios no aparta del mundo ni es ajena a los quehaceres concretos de los hombres. Creer en Dios es vivir la vida como un don que hay que hacer rendir al máximo, como algo valioso que deber ser protegido y cuidado. No sólo la propia vida es valiosa, todas las formas de vida lo son.

Lo que de verdad importa es el sentido que das a tu vida mediante el trabajo y la actitud con la que la vives y con la forma en que haces tu trabajo; quiere decir que mucho cuenta si amas lo que haces.

Cualquier persona tiene como denominador común el deseo y la búsqueda de la felicidad. La felicidad absoluta solo se encontrará al final del camino pero desde ahora se va construyendo en lo que se hace y en la forma como se hace y vive cada momento. Y nuestra fe de creyentes nos enseña que la felicidad completa solamente la alcanzaremos en el cielo, es decir gozando en la presencia de quien nos ha creado amorosamente. Pero mientras tanto, a lo largo de la vida, cada episodio de nuestro libro vital puede estar escrito con alegría o con amargura, y eso sí depende de nosotros. Porque “depende de la actitud”, lo dice Victor Küppers; y depende del “sentido de la vida”, lo señala Viktor Frankl.

Encontrar sentido a nuestros días y a nuestro trabajo es lo que nos da vigor para levantarnos cada mañana, es lo que llena de ilusiones cada cosa que hacemos durante el día y es lo que nos sostiene en los momentos difíciles y llenos de problemas; el sentido llena de esperanza el horizonte de una persona.

El asunto es estudiar en tu interior quién o qué cosa le da sentido a lo que haces y eso reflejará tu convicción.

Mons. Salvador Murguía sdb