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El regalo de la paz

Orar PazHay muchas voces que suenan en este mundo y que por la defensa de otros intereses y egoísmos no son escuchadas; una de ellas es la voz del Papa en estos días pidiendo a todos por la Paz en el mundo e invitando a los creyentes a rezarla y pedirla como un regalo de Dios.

Nos ayuda una reflexión de un mártir de la paz, Diedrich Bonhoeffer.

“El mundo tiene una ardiente sed de la paz de Dios, anhela ver resplandecer el arco iris de la divina gracia después de la tempestad, pero no consigue liberarse de la agitación y de la inquietud, puesto que es un mundo caído al que se le ha infligido el destino inexorable de no conocer la paz. Si se me preguntara en qué consiste esa paz, sólo podría sugerir la imagen de algo que sea transitorio para proporcionar la idea de lo que es imperecedero. Conoces la paz de un niño adormecido, también sabes algo de la paz que experimenta un hombre en sí mismo cuando encuentra a la mujer amada, algo de la paz que encuentra el amigo cuando mira a los ojos del amigo fiel; conoces algo de la paz que experimenta un niño en brazos de su madre, de la paz que reposa en ciertos rostros maduros a la hora de la muerte; de la paz del sol vespertino, de la noche que lo cubre todo y de las estrellas perennes; conoces algo de la paz de aquel que murió en la cruz. Pues bien, toma todo eso como signo caduco, como símbolo pobre de lo que puede ser la paz de Dios. Estar en paz significa saberse seguro, saberse amado, saberse custodiado; significa poder estar tranquilo, tranquilo del todo; estar en paz con un hombre significa poder construir firmemente sobre la fidelidad, significa saberse una sola cosa con él, saberse perdonados por él. La paz de Dios es la fidelidad de Él a pesar de nuestra infidelidad.
En la paz de Dios nos sentimos seguros, protegidos y amados. Es cierto que no nos quita del todo nuestras preocupaciones, nuestras responsabilidades, nuestras inquietudes; pero por detrás de todas nuestras agitaciones y de todas nuestras preocupaciones se ha levantado el arco iris de la paz divina: sabemos que es él quien lleva nuestra vida, que ésta forma unidad con la vida eterna de Dios.
Que Dios haga de nosotros hombres de su paz incomparable… que nos convirtamos el uno para el otro, el amigo para el amigo, el esposo para la esposa, la madre para el hijo, en portadores de esta paz que viene de Dios”

P. Salvador Murguía sdb

 

 

 

 

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El regalo de la paz

pazLa paz, la justicia y el amor verdaderos tocan las más profundas realidades de las personas. Son un regalo de Dios y una construcción que nacen del corazón y del esfuerzo del hombre. El Papa Francisco continuamente pide que recemos y que nos unamos a construir la paz, pues ahora la guerra y el odio presentan muchos matices: guerra en partes, odios, venganzas, mentalidad de violencia y siempre sufren las consecuencias los más pobres, los más necesitados y quienes están sembrando el bien. 

Esta es una oración anónima, escrita en yiddish, encontrada en el campo de la muerte de Auschwitz-Birkenau después de la segunda guerra mundial.

Bendito seas, oh Dios eterno. Que cesen toda venganza, la incitación al castigo o a la recompensa. Los delitos han superado toda medida, todo entendimiento. Ya hay demasiados mártires. No peses sus sufrimientos en la balanza de tu justicia, Señor, y no dejes que estos carniceros se ceben con nosotros. Que se venguen de otro modo.
Da a los verdugos, a los delatores, a los traidores y a todos los hombres malvados el valor, la fuerza espiritual de los otros, su humildad, su dignidad, su continua lucha interior y su esperanza invencible, la sonrisa capaz de borrar las lágrimas, su amor, sus corazones destrozados pero firmes y confiados ante la muerte, sí, hasta el momento de la más extrema debilidad […].

Que todo esto se deposite ante ti, Señor, para el perdón de los pecados como rescate para que triunfe la justicia; que se lleve cuenta del bien y no del mal. Que permanezcamos en el recuerdo de nuestros enemigos no como sus víctimas, ni como una pesadilla, ni como espectros que siguen sus pasos, sino como apoyo en su lucha por destruir el furor de sus pasiones criminales. No les pediremos nada más. Y cuando todo esto acabe, concédenos vivir como hombres entre los hombres y que la paz reine sobre nuestra pobre tierra. Paz para los hombres de buena voluntad y para todos los demás.

P. Salvador Murguía sdb