orar

Quiero conocerte

RezarCalle

Todos hemos sentido en algún momento de nuestro día, o de la semana, tal vez del año, el deseo de llegar al fondo de nuestra vida, de saber el porqué hacemos las cosas y porqué vivimos así nuestra vida. Y todos sentimos en algún momento deseos de expresar a Dios eso que nace del fondo del corazón. Esto es lo que se llama, oración. Y el creyente en Dios la hace en forma sencilla y regularmente.

El filósofo Friedrich Nietzsche, quien proclamó “Dios ha muerto” y con su pensamiento ha sido el exaltador del “superhombre”, influyendo así en el pensamiento de tantos que se proclaman ateos y también de tantos que se sienten “únicos, necesarios y poderosos en este mundo”, tuvo también en diversos momentos de su vida unas plegarias que nacían de un corazón con añoranza de Dios y sed de sentirse amado por él.

Vivió profundos momentos de silencio y de reflexión y expresó su fe en oraciones profundas (aunque decía no creer en Dios); quizás la oración más entrañable que pronunció fue la que algunos reconocen como sus últimas palabras antes de morir, pronunciadas en un marco de silencio y evasión de la realidad: “Madre, soy un tonto”.
Desde joven cuando apenas tenía 20 vivía en una contínua y desesperada búsqueda de sentido de la vida y ya desde entonces escribió esta oración:

“Antes de seguir mi camino y de poner mis ojos hacia delante,
alzo otra vez, solitario, mis manos hacia Ti,
al que me acojo, al que en el más hondo fondo del corazón consagré, solemne, altares, para que en todo tiempo tu voz,
una vez más, vuelva a llamarme.
Abrásame, encima, inscrita hondo, la palabra:
Al Dios desconocido: suyo soy, y siento los lazos que en la lucha me abaten,
y si huir quiero, me fuerzan al fin a su servicio.
Quiero conocerte, Desconocido, tú,
que ahondas en mi alma, que surcas mi vida cual tormenta,
¡tú, inaprehensible, mi semejante!
¡Quiero conocerte, servirte quiero!
¿No es acaso eso lo que le sucedió al muchacho que el evangelio llama “Hijo Pródigo·” que abandonando a su Padre regresó a sus brazos?

P. Salvador Murguía sdb

Callejón sin salida

callejon_la_macarenaSan Agustín este gran hombre que vivió su juventud como quiso y que fue modelo de conversión en su vida cuando se sintió “tocado” por Dios; este filósofo y después obispo y Doctor de la Iglesia; pues este mismo, con su genialidad nos ha metido por un “callejón sin salida” cuando afirmó que la oración no era eficaz, y lo dice en latín: quia malum, quia mala, quia male; que quiere decir: porque soy malo, porque pido cosas malas, porque las pido de mala manera. Este razonamiento es insostenible, porque, comprobando que Dios no responde a lo que le pedimos, nos las arreglamos para dejar a salvo a Dios, pues la culpa la tenemos siempre nosotros.

Con nuestro lenguaje diríamos así: Si rezamos, esperando que Dios cambie la realidad: “malo”. Si esperamos que cambie a los demás, “malo”, “malo”. Si pedimos, esperando que el mismo Dios cambie: “malo”, “malo”, “malo”. Y si terminamos creyendo que Dios me ha hecho caso y me ha concedido lo que le pedía: “rematadamente malo”.

Cualquier argucia es buena, con tal de no vernos obligados a hacer lo único que es posible y además, está en nuestras manos: cambiar nosotros.

P. Salvador Murguía sdb