María

Ahora y en la hora

volar

Cuenta una madre de familia con trece años de experiencia que ha descubierto en donde están las cuerdas que tiemblan, vibran, jalan sin romperse y ni siquiera se deshilachan que unen a los padres con los hijos y con sus vidas.

Gloria Trevisan y su prometido Marco, dos jóvenes italianos que vivián en uno de los departamento del edificio incendiado en un barrio de Londres, desparecieron. No se tienen noticias de ellos pues todo quedó reducido a cenizas; pero se sabe por los diarios italianos que sus padres estuvieron en continua comunicación con los dos hasta el momento terrible de la muerte.

Los padres de Gloria mencionan con profundo dolor que ella les llamó, tarde por la noche apenas se dieron cuenta que había sucedido algo en los pisos de abajo del condominio viejo de 27 pisos donde vivían y se inició una conversación entre padres e hija cortada por la interferencia y renovada inmediatamente después, hasta que todo terminó…!

¿Cómo habrán vivido las horas, los minutos, entre una llamada y la otra? Ciertamente con mucha valentía. Con su permanencia ahí, en su angustioso lugar, dándose fuerza el uno al otro y esperando siempre… alguna buena señal de esperanza que nunca llegó. Cercanos lo más posible a su hija. Pero la proximidad tenía de por medio la mitad de un continente y un largo y frío tramo de mar. Muchos “y si”, varios metros de “lo siento” y “te extrañaré pero ve y sé feliz”. “Te apoyamos desde aquí”

La hora de su muerte se estaba acercando y ella, Gloria, lo sabía, quiso darse cuenta; junto con su prometido que, hasta que pudo, la tranquilizó, se tranquilizó .

La oración del Ave María termina con una frase de de confianza en María la madre, nunc et in hora mortis nostrae, “ahora y en la hora de nuestra muerte”; Gloria estaba en su “ahora”, con el humo asfixiante que llenó su departamento, y su ahora se volvió en esa hora, la de su propia muerte.

A las cuatro de la madrugada fue la última llamada en que Gloria se comunicó con sus padres y le dijo a su mamá: “Mamá, me he dado cuenta que estoy muriendo. Gracias por lo que hiciste por mí”. Luego, el adiós: “Estoy por irme al cielo, los ayudaré desde ahí”.

Como hacen siempre los hijos, pidió ayuda a los papás, a pesar de su evidente impotencia. ¿Qué habrían podido hacer sus padres por Gloria desde Italia? Los sometió a un dolor y a un estrés enormes, al que solo un padre tiene la fuerza de resistir. Todo por estar con ella. Y ella, pobre muchacha, ¿a quién más habría podido acudir si no a quien la trajo al mundo y la ha amado?

Las últimas palabras de Gloria a su mamá en medio de la cercanía de su “hora” estaban llenas de esperanza.

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Ven y mira al recién nacido

CartaMaria

“Ven y mira al recién nacido”, una carta de la Virgen María para ti…

Hijo mío,

Ven a mi lado y mira al recién nacido. Pasa adelante y ponte junto a mí y José. Disculpa la incomodidad y el olor de los animales, ya sabes la historia: cómo buscamos por todos sitios y no pudimos encontrar algo mejor en ese momento apresurado del Nacimiento de Jesús. Pero así lo quería Dios; así que ven, acércate y ponte aquí, junto a mí.

¿Lo ves bien desde ahí? Míralo, es el pequeño Jesús reclinado en ese duro e incómodo pesebre…

Yo quería para Él un lugar cómodo, pero Él no lo quería así. Por eso tampoco yo, en la vida, exigí comodidad para mí. Yo hubiera preferido ahorrarle tantos sufrimientos, pero Él no quería una vida fácil, por lo que yo tampoco pedí que la mía lo fuera… ¡Así que imagina la angustia de mi corazón porque mi Hijo ansiaba morir crucificado para salvarte a ti! Fue una terrible espada la que atravesó mi alma. Ser la Madre de Dios —porque Dios así lo quiso para mí— no fue fácil. Tampoco lo es ahora que velo por ti y por todos mis hijos en el mundo: llamándote, cuidándote del pecado y del Maligno, y apareciéndome en diversos lugares para recordarte que Dios existe, que Jesús es Dios, que Él te ama y que por esa misma razón Se hizo hombre, para redimirte.

Ven, hijo de mi corazón, y no pongas atención al frío intenso de la noche y a la falta de visitantes y de consideraciones que hubo para nosotros. No me preguntes por qué el Señor de señores, Dios y Creador del universo quiso nacer, vivir y morir pobre y humilde, siendo Él la Riqueza misma, habiendo podido vivir adorado y servido por todas sus criaturas, como realmente se lo merece… la profundidad del Corazón amoroso de Dios es inalcanzable, aún para mí.

Este es mi mensaje para ti en esta Navidad, hijo querido: Haz un espacio para Jesús en tu corazón y saca de ahí todo lo que le estorba a Él. Hazle un pesebre en ti e invítame a que llegue con San José para llevarte en brazos a mi Hijo. Aunque Él sea pequeñito aún, es mejor así, hijo mío, porque así podrá ir creciendo poco a poco en ti, ajustándose a tu velocidad de entrega y a tus limitaciones para una mayor conversión y deseo de santidad en tu vida.

Hijo mío, que tengas una Navidad feliz, con el amor y la paz de Jesús en medio de tu vida y tu familia.

Con mi amor de Madre para ti,

María, tu Madre del Cielo, que está siempre contigo.