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La frontera de nuestra vida

Amor FronteraEl Evangelio siempre ha invitado a tener corazón de frontera, sentimientos de frontera, pensamientos de frontera, actuaciones de frontera… Esto quiere decir que somos llamados a tener sentimientos hacia el otro, hacia el diferente, hacia aquél que está ahí próximo y yo puedo ir a su encuentro, hacia quien es extranjero, hacia quien sufre.

Tener corazón y pensamientos de frontera significa pensar sabiendo que hay otros que piensan diverso, que no todos tenemos una manera de pensar homogénea, uniformada. Pensamiento de frontera significa tener el valor y coraje de pensar diferente, de atreverse, de ser innovador.

Actuaciones de frontera es lo opuesto a encerrarse en sí mismo, actuar de frontera es atreverse a ir hacia el otro que requiere de mí, es ir hacia ese que está ahí y que necesita de mí. Actuaciones de frontera es la capacidad misma de implicarse con los otros, aunque sean diferentes o precisamente por ser diferentes. Más en especial si ese otro padece una situación que demanda mi atención.

Como salesianos, que creemos en el sistema preventivo como método de educación y formación, podemos leer estos desafíos como una exigente necesidad de reeducar, de reestructurar pensamientos dominantes que llevan a la exclusión o a suscitar sentimientos de odio o rechazo a lo extranjero, a lo diverso, a lo que “no es lo nuestro”.

Si recientemente se han incrementado esos discursos que buscan separar, que tratan de colocar barreras entre los pueblos, entre los diversos grupos humanos, nosotros deberíamos saber resistir y proponer. Incluso, como escribe muy bien un salesiano trabajando en la frontera que dice: seamos desobedientes ante dichas políticas y discursos.

La tolerancia no es una virtud necesariamente cristiana, lo es más la implicación ante la necesidad de los demás. Pero muchas veces no basta la implicación, es necesario además de la desobediencia, la intolerancia, esto sobre todo si lo que se está imponiendo es la exclusión y discriminación, el rechazo o la estigmatización de los otros por su condición de origen, de raza, de economía entre otras.

Estamos llamados a tener cuidado del hermano más débil, a la promoción de su persona, a la defensa de sus derechos. Esta es nuestra frontera y es la forma en que se deja ver Dios en este mundo, en el otro.

P. Salvador Murguía sdb

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