Contar historias

relatos

Hablar de espiritualidad es hablar de relatos. “Había una vez…”. “Existía una princesa…”. “Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto…” (Deuteronomio). “Al principio existía la palabra…” (Evangelio de Juan). Se pueden añadir historias de personas, testimonios…: el de Monseñor Romero, la experiencia de Auroville (Aurobindo), el testimonio de una profesora que admirábamos porque nos escuchaba y nos hacía pensar.

Padres de familia y educadores estamos llamados a desarrollar este género de la literatura, pues los relatos ponen en contacto con la experiencia de tiempo, de construcción, de devenir que todos hacemos. Ser persona, ser más persona, es también un devenir. Los niños disfrutan los relatos porque quieren ser como el personaje que es presentado con valores.

Hay narraciones que “aguantan” lecturas y relecturas. Y también sabemos de las que, tras una lectura, mejor dejarlas guardadas: no sentimos que nos puedan acompañar. Hay relatos que sirven para atravesar el desierto o cruzar el océano, y otros que no resisten la menor sequía o marejada.

P. Salvador Murguía sdb

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