Mes: febrero 2018

Ángeles

SYRIA-CONFLICT-REFUGEESDostoievski escribió en una novela que basta con el sufrimiento ineluctable de un niño para hacer saltar todos los silogismos. Hay una realidad ante la cual difícilmente no puede uno conmoverse: el dolor y el sufrimiento de los niños. Tendríamos que estar muy enfermos del corazón para no sentir pena cuando un niño, inocente y frágil sufre.

Anne Dauphine Julliand, doctora pediatra y que recientemente se ha decidido a hacer un documental que tituló «Ganar al Viento», explica que con él, hace alusión a que los niños enfermos, son como capitanes de barco, que pueden usar el viento y gobernarlo. Y lo dice convencida porque ella misma ha sufrido en carne propia la enfermedad y muerte de dos hijas cuando eran muy pequeñas.

Una de las experiencias que he tenido al encontrarme con niños con enfermedades graves e incurables es que ellos “saben” más que los que estamos a su alrededor, son unos verdaderos maestros que nos enseñan y nos recuerdan qué es lo esencial. Son capaces de mostrarnos el auténtico valor a pesar del sufrimiento, y también son capaces de conservar la sencillez, la espontaneidad, la alegría, la esperanza, aunque la realidad remita a lo contrario. A veces me sorprendo cómo parecieran que el dolor no es un límite, es realmente confortante verlos jugando, corriendo, saltando en los pasillos del hospital.

La enfermedad les cambia su rutina diaria, pero el hecho de estar enfermos no les roba su alegría, su capacidad de divertirse, de soñar y las ganas de vivir cada día, disfrutando el presente sin angustiarse por el futuro, sin aferrarse a planes y proyectos, simplemente viviendo el hoy.

Por ello, oramos por cada niño que cierra sus ojos en la muerte:

Dicen que, cuando un niño cierra los ojos en el mundo, un nuevo ángel nace en el cielo. Que cuando sus manos se cierran en la tierra, dos alas se despliegan en la eternidad.

Dicen, que cuando un niño deja de palpitar, un corazón limpio y puro late junto al de Dios. Que cuando dos pies virginales dejan de caminar, un gran sendero, con flores y plantas, espera en lo más alto de la cumbre.

Dicen, que cuando un niño deja de vivir, Dios lo recoge para que siga viviendo eternamente. Porque, un niño, es promesa e ilusión. Es futuro y es siembra. Es mañana y es sonrisa. Es juego y travesura. Y, por ello mismo, porque es esperanza, un niño nunca deja de existir, sino que vive. Vive porque Dios, como creador, no permite una obra inacabada, no quiere que algo suyo quede injustamente en el olvido, desea, que este mundo nuestro sea adornado por la belleza y la candidez, la alegría y la espontaneidad … de un niño.

Por eso, un niño, cuando cierra los ojos prematuramente, un nuevo ángel nace en el cielo, dos alas se despliegan en lo alto, un canto angelical se oye en el firmamento, un susurro celestial sostiene la tristeza del momento. Hoy, un ángel, existe en vuestra familia, en vuestro corazón, en vuestra fe, en vuestra esperanza.

P. Salvador Murguía sdb