Mes: noviembre 2017

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Necesidades del corazón

Sara

Hoy Sara se ha acostado muy contenta. Su amigo Alex la ha saludado con un beso a la salida del colegio –así lo ha hecho en los últimos días-, pero además le ha tocado la nariz cariñosamente. A Sara le ha gustado el momento. Le ha gustado tanto, que me lo ha dicho mientras regresábamos del colegio y me lo volvió a recordar antes de que cayera rendida al final del día.

Alex va a otra clase, es bastante mayor que Sara y diferente a ella en bastantes cosas. Sin embargo, las necesidades del corazón son las mismas más allá de las diferencias. Ellos dos han sabido acercarse el uno al otro sin filtros y ahora, cada tarde las madres de ambos niños nos sorprendemos del “feeling” que parece haber entre los dos.

Hace algunos días se celebró el Día Universal del Niño. De acuerdo con las Naciones Unidas con la Unicef, y desde muchas instituciones, se reivindican los derechos de los más pequeños y se dan a conocer cifras que deberían hacernos pensar -y actuar-. Según “Misiones Salesinanas”, por mencionar uno de estos organismos, más de 200 millones de niños, niñas y jóvenes no tienen acceso a la educación; 50 millones ni siquiera son inscritos al nacer y por lo tanto “no existen”; 24.000 menores mueren cada día por falta de atenciones básicas; 1 millón de ellos cae en redes de prostitución cada año y más de 200 millones trabajan o son explotados en el mundo.

Podría seguir hablando de realidades que deberían quitarnos el sueño, aunque todos sigamos con nuestra rutina. Pero creo que todas estas cifras resumen en algo que Alex y Sara han ejemplificado hoy. Todos los niños deberían tener derecho a vivir en un entorno cargado de amor, con todo lo que ello conlleva.

No está en nuestra mano acabar con los grandes dramas de la humanidad. Pero sí tenemos la responsabilidad como padres, como educadores y como adultos de que a los hijos y a todos los niños no les falte el cariño que necesitan para crecer armónicamente sanos. Las cifras de las que habla Misiones Salesianas pueden quedarnos muy lejanas, pero en los colegios en los que estudian nuestros hijos hay muchos niños para los que cada día no les resulta tan fácil y muchas familias pasan penurias y que necesitan ayuda. Vivir ajenos a las más fundamentales necesidades del corazón de los niños no debe ser lo nuestro.

P. Salvador Murguía sdb