Día: agosto 7, 2017

Ahora y en la hora

volar

Cuenta una madre de familia con trece años de experiencia que ha descubierto en donde están las cuerdas que tiemblan, vibran, jalan sin romperse y ni siquiera se deshilachan que unen a los padres con los hijos y con sus vidas.

Gloria Trevisan y su prometido Marco, dos jóvenes italianos que vivián en uno de los departamento del edificio incendiado en un barrio de Londres, desparecieron. No se tienen noticias de ellos pues todo quedó reducido a cenizas; pero se sabe por los diarios italianos que sus padres estuvieron en continua comunicación con los dos hasta el momento terrible de la muerte.

Los padres de Gloria mencionan con profundo dolor que ella les llamó, tarde por la noche apenas se dieron cuenta que había sucedido algo en los pisos de abajo del condominio viejo de 27 pisos donde vivían y se inició una conversación entre padres e hija cortada por la interferencia y renovada inmediatamente después, hasta que todo terminó…!

¿Cómo habrán vivido las horas, los minutos, entre una llamada y la otra? Ciertamente con mucha valentía. Con su permanencia ahí, en su angustioso lugar, dándose fuerza el uno al otro y esperando siempre… alguna buena señal de esperanza que nunca llegó. Cercanos lo más posible a su hija. Pero la proximidad tenía de por medio la mitad de un continente y un largo y frío tramo de mar. Muchos “y si”, varios metros de “lo siento” y “te extrañaré pero ve y sé feliz”. “Te apoyamos desde aquí”

La hora de su muerte se estaba acercando y ella, Gloria, lo sabía, quiso darse cuenta; junto con su prometido que, hasta que pudo, la tranquilizó, se tranquilizó .

La oración del Ave María termina con una frase de de confianza en María la madre, nunc et in hora mortis nostrae, “ahora y en la hora de nuestra muerte”; Gloria estaba en su “ahora”, con el humo asfixiante que llenó su departamento, y su ahora se volvió en esa hora, la de su propia muerte.

A las cuatro de la madrugada fue la última llamada en que Gloria se comunicó con sus padres y le dijo a su mamá: “Mamá, me he dado cuenta que estoy muriendo. Gracias por lo que hiciste por mí”. Luego, el adiós: “Estoy por irme al cielo, los ayudaré desde ahí”.

Como hacen siempre los hijos, pidió ayuda a los papás, a pesar de su evidente impotencia. ¿Qué habrían podido hacer sus padres por Gloria desde Italia? Los sometió a un dolor y a un estrés enormes, al que solo un padre tiene la fuerza de resistir. Todo por estar con ella. Y ella, pobre muchacha, ¿a quién más habría podido acudir si no a quien la trajo al mundo y la ha amado?

Las últimas palabras de Gloria a su mamá en medio de la cercanía de su “hora” estaban llenas de esperanza.

Anuncios