Acompañar la vida de los otros

Happy family walking on the railway at the day time.

Impresionado, como todos Ustedes, por los sucedido en este colegio de Monterrey, tal vez porque me tocó ver las imágenes inmediatamente subidas en las redes, no dejo de reflexionar con dificultad buscando encontrar explicaciones y después querer interpretar las las posibles causas detrás de los hechos en la vida de este muchacho que agrede compañeros y a la maestra con una arma.

Don Bosco fue siempre para sus muchachos, ante todo, un Padre y un Amigo que abriéndoles el corazón les mostró que les quería por encima de todos y su vida era toda de ellos y así lo experimentaros todos los muchachos. Pero la base de sus intervenciones entre ellos y para ellos era el clima de confianza que resultaba de quererlo mucho y ellos de sentirse queridos por Don Bosco. Por eso nuestra labor como padres y educadores, aunque es un reto, pues siempre lo ha sido, es posible y es hermosa y a la distancia se verán los buenos resultados.

Que bien nos vendría fijarnos más en los valores positivos de los demás. Y al observar sus defectos, o lo que nos parece que son defectos, piensemos antes de intervenir si no los tenemos -esos mimos- también en nuestra vida.

No perdamos nunca la paciencia y menos al educar y corregir. ¡Esto cuesta mucho! Cuando pienses cosas como “le he dicho a mi hijo muchas veces veces que… y no hay manera”, no dejes de preguntarte si quizá también tú te has propuesto cantidad de veces muchas cosas que luego no has logrado hacer. Esto no quiere decir que no debamos exigir y corregir porque nosotros no seamos perfectos. El educar es un deber diario del padre de familia y del educador que tendrá que ser entendido también como proceso lento pero de transformación. Porque cuando alguien es consciente de sus propios defectos, la tarea de educar se entiende casi como una tarea de paciente acompañamiento y búsqueda de soluciones mejores: se celebra el triunfo del otro y se sabe disculpar y disimular la derrota, porque se confía en que le llegarán también tiempos de victoria.

Ser prudente antes de juzgar o corregir: recuerdemos aquello de que “el bien debe ser supuesto, el mal debe ser probado”; y también eso otro de “oír la otra campana, y saber quién es el campanero…”

Y ya lo decíamos antes, para que la corrección sea eficaz, es preciso lograr previamente un clima de confianza. Porque sólo la confianza es un grande valor y también instrumento de educación.

Sigo creyendo que muchos de nuestros problemas se resuelven creando confianza, amando con el corazón y recorriendo junto a los hijos y alumnos el camino de la vida, acompañándoles en cada paso que dan. 

P. Salvador Murguía sdb

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