En el rincón de la cocina, la vara. La gran sed de verano

manos-cansadasMamá Margarita tenía las manos destrozadas por el trabajo, pero sabía acariciar dulcemente a sus niños. Porque era una trabajadora, pero sobre todo era siempre la mamá de sus hijos.

Era una mamá dulcísima, pero enérgica y fuerte. Los hijos sabían que cuando decía que no, era no. Y no había caprichos que la hicieran cambiar de parecer. Don Bosco recuerda dos episodios que iluminan vivamente el carácter dulce y firme del amor de su madre.

La vara en el rincón

En un rincón de la cocina había una vara flexible, para castigar las faltas más graves. La mamá no la usó nunca, pero nunca la quitó de aquel rincón. Un día Juan armó un buen lío. Tal vez, por la prisa de ir a jugar, dejó abierta la conejera y todos los conejos se escaparon por los prados. Una fatiga pesada el volver a cazarlos a todos.
Entrando cansados en la cocina, Margarita indicó el rincón.
-Juan, ve a traerme la vara.
El niño se retiró hacia la puerta:
-¿Qué quiere hacer con ella?
-Tráela y lo verás.
El tono era decidido. Juan la tomó y ofreciéndosela desde lejos, dijo:
-Usted quiere usarla en mis espaldas…
-¿Y por qué no, si me armas estos líos?
-Mamá, no lo volveré a hacer

En este punto, la madre sonríe. No “se pone de hocicos”, no “permanece con los nervios tensos”. Sonríe y sonríe también su hijo. Y todo vuelve a ser sereno y tranquilo en la casita.

La gran sed

Un día de sol ardiente, Juan y José vuelven de la viña con una sed tremenda. Margarita va al pozo, saca un cubo de agua fresca y con el cazo de cobre da de beber primero a José.
Juan (cuatro años) saca el morro. Se siente ofendido por aquella preferencia. Cuando la mamá le ofrece de beber también a él, hace señas de que ya no quiere agua. Margarita no dice: “Pobrecito pequeño mío, te he dejado el último y ¿tú te enojas? Vamos, vamos sé bueno…” No dice nada. Lleva el cubo a la cocina y cierra la puerta. Un instante, y llega Juan adentro:
-Mamá
-¿Qué sucede?
-¿Me da agua también a mí?
-Creía que ya no tenías sed
-Perdón mamá
-Así está bien -y le ofrece a él el cazo que goteaba.

ORACIÓN

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, sé nuestro guía en buscar nuestra salvación y la salvación del prójimo. Ayúdanos a vencer las pasiones y cuidar el respeto humano.

Enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y a la Iglesia.

Alcánzanos de Dios una santa muerte para que podamos encontrarnos juntos en el cielo. Amén.

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