Muestras de amor

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Hay miradas, tonos de voz, gestos, palabras que te atraviesan todo el cuerpo como un calambre hasta llegar a lo más profundo del corazón. No hablemos ya de las caricias que amparan, expresan unión y confianza, comunican aliento y calor…

La ternura, cuando es auténtica, es un “sí” a la otra persona, es complacencia, inclinación, participación, es una expresión concreta del sufrir y gozar con el otro.

La forma más primitiva de las caricias es la proximidad corporal. Todos deseamos sentirnos cobijados, desde los recién nacidos y los ancianos más vulnerables hasta las personas más fuertes, y recibir ternura puede ayudarnos a ello.

La ternura puede servir para mantener viva y acrecentar la intensidad del amor. Pero que sea este amor el que haga nacer la ternura, y no el dominio del yo sobre el tú.

Muchas personas sufren inseguridad y sentimientos de inferioridad por no haber recibido en su infancia un poco de ternura nacida de un amor natural y verdadero. ¡Cuánta hambre de caricias en tantos que no perciben cuánto valen o sufren angustia existencial!

Acariciándonos desde el alma con la piel, la mirada, la palabra,… se expresa también así la Biblia. Es Dios que nos muestra su amor a través de caricias, de cuidados intensivos y librándonos del soledad.

“Como un Padre se compadece de sus hijos así el Señor se compadece de nosotros y por eso estamos alegres”.

P. Salvador Murguía sdb

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