Dale la vuelta al castigo

castigoescolar

Tradicionalmente el castigo ha sido empleado como método para corregir la conducta de los niños y las niñas. Sin embargo, este método no siempre tiene los resultados deseados.

El castigo supone una reacción contra la mala conducta del niño o la niña. Esta reacción suele suponer gritos, reprimendas y algo que sabemos que perjudica al niño o la niña. Algunos de los castigos más comunes pueden ser: estar castigado sin salir de tu cuarto, quedarse sin tele o videojuegos, o sin móvil, castigado sin salir, sin postre, etc.

Aunque estos castigos supongan una penalización por una mala conducta, en la mayoría de los casos quedan muy lejos de ser efectivos.

Normalmente los castigos no tienen ninguna relación con la conducta y, por lo tanto, aunque son una penalización, no son una consecuencia lógica a lo que hicieron mal. El castigo no va al origen de eso que han hecho mal y solo genera malestar emocional, poca comprensión con la conducta a corregir, enfado y miedos.

Con el castigo podemos lograr que el niño o la niña modifique su conducta, pero no por un aprendizaje, por verdadera convicción o por comprensión, sino por miedo a la penalización.

¿Por qué dar la vuelta al castigo?

Cuando nos enfrentamos a la tarea de criar a un niño o niña, nuestro objetivo ha de ser crear verdaderos aprendizajes, es decir que el niño o niña aprenda cuál es la manera correcta de proceder, no por miedo, sino por interiorización de unos principios, valores y normas. Para cambiar esto debemos darle la vuelta al castigo y comenzar a emplear métodos y recursos que nos sirvan para que el niño o la niña, aprenda a gestionar sus conductas.

Dar la vuelta al castigo es la única opción para educar de verdad y conseguir que el niño o la niña, comprenda que es lo que ha hecho mal y qué se espera que haga.

Dar la vuelta al castigo

  • Dar la vuelta al castigo implica centrar la atención en el niño/a y no en la conducta.
  • Dar la vuelta al castigo implica centrarnos en el proceso de aprendizaje y de desarrollo y no en la crítica de la acción.
  • Dar la vuelta al castigo implica cambiar penalización por aprendizaje.
  • Dar la vuelta al castigo implica cambiar malestar por bienestar y armonía.

¿Cómo podemos dar la vuelta al castigo?

  • Presta atención a la conducta del niño o la niña, analízala y busca su origen. En muchas ocasiones el origen de las malas conductas está en una necesidad que no ha sido cubierta y que necesita atenderse.
  • Habla con el niño o la niña y explícale que es lo que ha hecho mal, que es lo que te molesta y qué esperas de él o ella. En muchas ocasiones reñimos a los pequeños pero no les ofrecemos alternativas.
  • En lugar de castigos sin sentido, dale la oportunidad de corregir lo que ha hecho mal, se trata de aplicar una consecuencia lógica. Por ejemplo, si el niño o niña no estudia, la idea de castigarle sin salir o sin tele no tiene sentido, en lugar de eso aplicaremos una consecuencia lógica que consista en estudiar.

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

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