La vida es un regalo

vidaregalo

“Cuando los viejos no teman la muerte, los jóvenes aprenderán a no temer la vida”

Exodo.

Todo parece indicar que en 2050 México será un país con “más de 36 millones de personas mayores de 60 años, mientras que el segmento de la población de entre 15 y 29 años será de solo 27.9 millones”, según estimaciones de la oficina del Censo especializadas internacionalmente.

Estadísticamente estamos cada vez más condenados a ser “viejitos”. Los factores que harán posible estas matusalénicas proyecciones tienen que ver con el incremento de la esperanza de vida (que va a llegar para entonces a una media de 80 años) y con la inversión de la pirámide poblacional, debido a que el índice de crecimiento de la población se va reduciendo notablemente.

Y esto se conjuga con otros aspecto muy claro en el que vivimos en una sociedad que le tiene miedo a la vejez, a la decadencia y a la muerte. Vemos algunas mujeres y no sólo ellas que podríamos adjudicarlo a cierta vanidad, también hombres de “pasada juventud” que tenemos pánico de mostrar aunque sea una sola arruga, unas canas más y hasta un kilo más.

¿Por qué tanto miedo a la vejez? Nadie quiere morirse, porque estamos hechos para la eternidad. Pero estos «jóvenes eternos», que dicho aparte: “todos tenemos algo de esto”, no es que no queramos morirnos; creo que el miedo pasa porque se le tienen pánico a la decadencia, a «verse viejos» y porque no queremos admitir que todos nos encaminamos indefectiblemente a la tumba.

Decía Santa Teresa, Yo no «muero porque no muero». Pero hay algo que estoy totalmente seguro: ninguno muere ni un minuto antes de lo que Dios tenga dispuesto, ni tampoco un minuto después. Hay que confiar en que los planes de Dios son siempre mejores que los nuestros, y lo único que nos tiene que hacer fuertes es saber amados por Él. Y El tiempo que Dios nos regale de vida, es eso, vida y es regalo.

Me parece hermoso y adecuado el poema de Lope de Vega:

«¿Yo para qué nací? Para salvarme.
Que tengo que morir es infalible;
Dejar de ver a Dios y condenarme
Triste cosa será, pero posible.
¡Posible…! ¿y río y duermo
y quiero holgarme?
¡Posible…! ¿y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago? ¿En qué me ocupo?
¿En qué me encanto?
¡Loco debo yo ser, pues no soy santo!»

P. Salvador Murguía sdb

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