Recuerdos confidenciales a los Directores

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CONTIGO MISMO

1.° Nada te turbe.

2.° Evita las privaciones en la comida. Tus mortificaciones sean la diligencia en los deberes y el soportar las molestias de los demás. Tomarás siete horas de descanso cada noche. Se establece una hora de margen en más o en menos para ti y para los otros, cuando lo pida una causa justa, esto es útil para tu salud y la de tus subordinados.

3.° Celebra la santa misa y reza el Breviario pie, devote, attente («reza el Oficio Divino pie, attente ac devote»). Esto sea para ti y tus subordinados.

4.° No omitas nunca la meditación cada mañana y, a lo largo del día, una visita al Santísimo Sacramento. Lo demás como está mandado por las Reglas de la Sociedad.

5.° Estudia cómo hacerte querer antes que hacerte temer («Estudia cómo hacerte amar mejor que hacerte temer», así en el ejemplar de 1886, mientras que en la copia corregida por don Bosco en 1876 se lee claramente: «si quieres hacerte temer»). La caridad y la paciencia te acompañen constantemente al mandar, al corregir, y procede de manera que cada uno de los tuyos comprenda por tus hechos y palabras que buscas el bien de las almas. Tolera cualquier cosa, cuando se trata de impedir el pecado. Tus solicitudes miren al bien espiritual, higiénico, científico de los muchachos, que la divina Providencia te ha confiado.

6.° En los asuntos de mayor importancia eleva siempre un instante el corazón a Dios antes de deliberar. Cuando te den un informe, óyelo todo, pero procura aclarar bien los hechos antes de juzgar («… pero procura aclarar bien los hechos y escuchar también las partes antes de juzgar…»).

Frecuentemente ciertas cosas parecen vigas a primera vista y no son más que pajas.

 

CON LOS MAESTROS

1.° Procura que no les falte a los maestros nada de lo necesario para la alimentación y el vestido. Ten en cuenta sus trabajos y, cuando estén enfermos o simplemente indispuestos, envía enseguida un substituto a su clase.

2.° Habla a menudo con ellos, por separado y simultáneamente; observa si tienen demasiadas ocupaciones, si carecen de ropa, de libros; si tienen alguna pena física o moral; si en su clase hay alumnos que necesiten corrección o cuidados especiales en la disciplina o en la enseñanza.

Ante cualquier necesidad, haz lo posible por remediarla.

3.° En alguna conferencia expresamente preparada, recomienda que pregunten a todos los alumnos indistintamente; que lean por turno algún trabajo de cada uno. Huyan de las amistades particulares y las parcialidades; nunca introduzcan a ninguno en su habitación («… nunca introduzcan a los alumnos o a otros en su habitación»).

4.° Para dar encargos especiales o avisos a los alumnos, sírvanse de una dependencia destinada a este fin.

5.° Nunca dejen de anunciar con breves palabras las solemnidades, novenas y fiestas que se celebran en honor de María Santísima, de algún santo o de algún misterio de nuestra santísima Religión en la población o en el colegio.

6.° Vigílese para que los maestros no expulsen nunca de la clase a los alumnos, ni peguen a los negligentes o delincuentes («Vigílese para que los maestros no expulsen nunca alumnos de la clase y cuando se vieren absolutamente obligados, los hagan acompañar al Superior. Tampoco peguen nunca por ningún motivo a los negligentes o delincuentes»). Si sucede algo grave, dése enseguida aviso al Jefe de Estudios o al Superior de la Casa.

7.° Los maestros no ejerzan ninguna autoridad fuera de la clase  («no ejerzan autoridad alguna sobre sus alumnos») y limítense a los consejos, avisos, o cuando más, a las correcciones que permite y sugiere la caridad bien entendida.

 

CON LOS ASISTENTES Y JEFES DE DORMITORIO

1.° Todo lo que se ha dicho sobre los maestros puede aplicarse en gran parte a los asistentes y jefes de dormitorio.

2.° Procura que tengan tiempo y comodidad para estudiar, hasta donde sea compatible con sus deberes.

3.° Alterna de buen grado con ellos para oír su parecer acerca de la conducta de los jóvenes que les están confiados. La parte más importante de sus deberes es la de hallarse puntualmente en el lugar donde se reúnen los muchachos para el descanso, la clase, el trabajo, el recreo, etc.

4.° Si advirtieras que alguno de ellos contrae amistad particular con un alumno, que el cargo que se le confió o que su moralidad están en peligro, le cambiarás de ocupación con la mayor prudencia; y, si el peligro continúa, darás aviso a tu Superior.

5.° Reúne alguna vez a los maestros, asistentes, jefes de dormitorio y diles a todos que se esfuercen por impedir las malas conversaciones, alejar libros, escritos, grabados, pinturas, hic scientia est, y cualquier otra cosa, que ponga en peligro la reina de las virtudes, la pureza. Den buenos consejos, tengan caridad con todos.

6.° Hágase objeto de la solicitud de todos el descubrir a los alumnos peligrosos y, una vez descubiertos, inculca que te revelen sus nombres.

 

CON LOS COADJUTORES Y EL PERSONAL DE SERVICIO

1.° No tengan familiaridad con los muchachos, y dispón las cosas de manera que todas las mañanas («… haz de modo que cada mañana…») puedan oír la santa misa y acercarse a los santísimos sacramentos según las Reglas de la Congregación. Exhórtese a las personas de servicio a confesarse cada quince días o una vez al mes.

2.° Ten gran caridad al mandar, dando a entender con las palabras y los hechos que deseas el bien de sus almas; vigila especialmente para que no contraigan familiaridad con los muchachos o con personas de fuera.

3.° No permitas nunca que entren mujeres en los dormitorios o en la cocina, ni traten con alguno de la casa, a no ser por cuestiones de caridad o de absoluta necesidad. Este artículo es de muchísima importancia.

4.° Si nacen disensiones o altercados entre el personal de servicio, entre los asistentes, entre los alumnos u otros, escucha a todos con bondad; pero, de ordinario, di a cada uno por separado tu parecer de modo que uno no oiga lo que se dice del otro.

5.° Haya al frente del personal de servicio un coadjutor de conocida honradez, que vigile sus trabajos y su moralidad, para que no se cometan hurtos, ni haya malas conversaciones y se esmere de continuo en impedir que alguno admita recados y asuntos concernientes a los padres o a otros extraños, quienes quiera que fueren.

 

CON LOS ALUMNOS

1.° No aceptarás nunca alumnos expulsados de otros Colegios, o cuya mala conducta te conste por otro conducto. Si, a pesar de toda la cautela, acaeciese que se acepta alguno de esta calaña, asígnale enseguida un compañero seguro que lo asista y no lo pierda de vista. Si faltare en temas lúbricos, adviértasele una sola vez, y, si recayese, despáchesele inmediatamente a su casa.

2.° Procura estar con los muchachos todo el tiempo posible y diles alguna palabra afectuosa al oído («Procura darte a conocer a los alumnos y conocerlos tú pasando con ellos todo el tiempo posible, ingeniándote para decirles alguna palabra afectuosa al oído, etc.») como tú bien sabes, a medida que veas la necesidad. Este es el gran secreto que te hará dueño de su corazón.

3.° Preguntarás: ¿qué palabras? Las mismas que en otro tiempo te dijeron a ti. Por ejemplo: – ¿Qué tal estás? – Bien. – ¿Y de alma? – Regular. – Tendrías que ayudarme en una grande empresa: ¿me ayudarás? – Sí, pero ¿en cuál? – En hacerte bueno. – O también: en salvar tu alma; o en hacerte el mejor de todos tus compañeros. – Con los más disipados: – ¿Cuándo quieres comenzar? – ¿A qué? – A darme satisfacción. A ser un san Luis. – A los reacios para recibir los santos sacramentos: – ¿Cuándo quieres que rompamos los cuernos al diablo? – ¿De qué manera? – Con un buena confesión. – ¡Cuando quiera! – Lo antes posible. – Otras veces: – ¿Cuándo haremos un buen lavado? – O también: – ¿Quieres ayudarme a romper los cuernos al diablo? ¿Quieres que seamos amigos para los negocios del alma? Haec aut similia.

4.° El confesor ordinario de nuestras casas es el director, por lo que debes dar pruebas de que escuchas gustoso en confesión a todos, pero dales libertad para confesarse con otros si lo desean («… pero dales amplia libertad para confesarse con otros, si lo desean»). Haz que sepan que tú no intervienes en las reuniones para dar las calificaciones de conducta, y procura alejar toda sospecha de que te sirves o te acuerdas de lo que se te dijo en la confesión. No aparezca tampoco la más mínima señal de parcialidad con quien se confiesa con uno antes que con otro.

5.° Sean recomendados y promovidos el clero infantil y las Compañías de San Luis, del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada Concepción («El clero infantil, la Compañía de San Luis, del Santísimo Sacramento, de la Inmaculada Concepción sean recomendadas y promovidas. Demuestra benevolencia y satisfacción con los que están inscritos en ellas, pero tú serás sólo promotor, etc.»); considéralas como obras de los muchachos, cuya dirección está confiada al catequista, o sea, al director espiritual (En el ejemplar de 1875 venía a continuación este 6.° artículo: «Los papeles odiosos y disciplinares confíense a otros hasta donde sea ello posible». En el ejemplar de 1886 se puso este otro: «Cuando logras descubrir alguna falta grave, manda llamar al culpable, o sospechoso, a tu cuarto y de la manera más caritativa procura que declare la falta y reconozca haberla cometido»: después corrígelo e invítale a arreglar el estado de su conciencia. Con este medio, y prestando al alumno asidua y benévola asistencia, se obtuvieron efectos admirables y enmiendas que parecían imposibles»).

 

CON LOS EXTERNOS

1.° Prestemos de buen grado nuestra obra para el servicio religioso de la predicación, celebración de misas, oír confesiones («Prestemos de buen grado nuestra labor para el servicio religioso de la predicación, celebrar misas para comodidad del público, y oír confesiones, etc.») siempre que lo permitan la caridad y los deberes del propio estado, especialmente en favor de la parroquia dentro de la cual se encuentra nuestra casa. Pero no aceptéis nunca compromisos ni obligaciones que supongan tener que ausentarse de la casa o impedir los cometidos confiados a cada uno.

2.° Invítese por cortesía a los sacerdotes externos para predicar («Invítese por cortesía alguna vez a los sacerdotes externos para predicar, etc») u otro servicio, con ocasión de solemnidades, entretenimientos musicales o de otra clase. Invítese también a las autoridades civiles y a cualquier otra persona benévola o benemérita por favores recibidos o que esté en grado de prestarlos.

3.° La caridad y la cortesía sean las notas características de un Director, con los internos y con los externos.

4.° Cuando se trata de intereses materiales, condesciende en todo lo que puedas, aun con algún perjuicio, con tal de alejar todo motivo de pleitos u otras cuestiones, que puedan menoscabar la caridad.

5.° Si se trata de asuntos espirituales, resuélvanse siempre las cuestiones de manera que puedan servir a mayor gloria de Dios. Compromisos, piques, espíritu de venganza, amor propio, razonamientos, pretensiones e incluso la honra, todo debe sacrificarse para evitar el pecado.

6.° Si el asunto fuere de mucha importancia, será bueno demandar tiempo para orar y pedir consejo a alguna persona piadosa y prudente.

 

CON LOS DE LA SOCIEDAD

1.° La exacta observancia de las Reglas, y especialmente de la obediencia, son las bases de todo. Pero si quieres que los otros te obedezcan, obedece tú a quien corresponda («Pero si quieres que los otros te obedezcan, sé tú obediente a tus superiores»). Nadie, que no sea capaz de obedecer, es idóneo para mandar.

2.° Cuida de repartir las cosas de modo que nadie esté sobrecargado de obligaciones, pero haz que cada uno cumpla fielmente las que le están confiadas.

3.° Ningún socio de la Congregación haga contratos, reciba dinero, haga préstamos a los parientes, a los amigos o a otras personas. Nadie guarde dinero, ni la administración de cosas temporales sin autorización del Superior. La observancia de este artículo alejará la peste más fatal para las Congregaciones religiosas.

4.° Aborrece como veneno las modificaciones de las Reglas. La exacta observancia de ellas es mejor que cualquier cambio. Lo mejor es enemigo de lo bueno.

5.° El estudio, el tiempo, la experiencia me han convencido hasta la evidencia de que la gula, el interés, la vanagloria fueron la ruina de Congregaciones muy florecientes y de respetables Ordenes Religiosas. Los años te harán conocer verdades que tal vez ahora te parecerán increíbles (Aquí se añadió el artículo siguiente: «6.° Máxima solicitud para promover con las palabras y los hechos la vida común»).

 

A LA HORA DE MANDAR

1.° Procura no mandar nunca nada superior a las fuerzas de los subalternos. No se den tampoco encargos repelentes; al contrario, ten muchísimo cuidado en secundar las inclinaciones de cada uno, confiándole preferiblemente aquello que sabes que es de su mayor agrado («Nunca mandes cosas que juzgas superiores a las fuerzas de los subalternos o haz de cuenta que no te obedecerán. Procura evitar mandatos repelentes; al contrario, ten mucho cuidado en secundar las inclinaciones de cada uno confiándole preferiblemente aquello que sabes es de su mayor agrado»).

En la copia donde el Santo puso esta variante no se lee «las inclinaciones que a alguno» sino «las inclinaciones de cada uno confiándole preferiblemente aquello que sabes es de mayor agrado».

2.° No mandar nunca cosas perjudiciales para la salud, que impidan el necesario descanso o que choquen con otras incumbencias u órdenes de otro superior.

3.° Al mandar, empléense siempre modos y palabras caritativas y suaves. La amenaza, la ira, y, más aún, la violencia, estén lejos de tus palabras y actuaciones.

4.° Cuando haya que mandar algo difícil o poco agradable para un subalterno, dígasele, por ejemplo: ¿podrías hacer esto o aquello? O también: tengo una cosa importante, de la que no quisiera encargarte por ser difícil, pero no hay otro que pueda hacerla como tú; ¿tendrías tiempo, fuerza, no te lo impediría otra ocupación? La experiencia enseña que estos modos, empleados oportunamente, son muy eficaces.

5.° Hágase economía en todo, pero hágase de tal modo que no falte nada («Hágase economía en todo, pero en absoluto de modo que nada falte a los enfermos») a los enfermos. Hágase notar sin embargo a todos que hemos hecho voto de pobreza, y que por esto no hemos de buscar ni desear siquiera comodidades en nada. Debemos amar la pobreza y los compañeros de la pobreza. Por lo tanto, evitar todo gasto que no sea absolutamente necesario en vestidos, libros, muebles, viajes, etc.

Esto es como un testamento, que dejo a los directores de las casas. Si se practican estos avisos, yo muero tranquilo, pues estoy seguro de que nuestra Sociedad ciertamente será bendecida por el Señor y, cada vez más floreciente, alcanzará su fin, que es la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas («Esto es como un TESTAMENTO que dejo a los Directores de las Casas. Si se practican estos avisos, yo muero tranquilo, pues estoy seguro de que nuestra Sociedad será cada día más floreciente a los ojos de los hombres y bendecida por el Señor, y alcanzará su fin que es la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas»).

¿Cómo olvidar estas sapientísimas enseñanzas? La práctica de este Testamento paterno es el único medio para hacer florecer nuestras casas, su espíritu, y vivir la vida de familia, que quería fuese su nota característica…

  • Hazte querer más que temer.
  • Haz siempre una breve elevación del corazón a Dios antes de deliberar.
  • La bondad y la cortesía sean siempre tus virtudes características cara a los de dentro y cara a los de fuera.
  • Procura darte a conocer por los alumnos y conocerlos pasando con ellos todo el tiempo disponible.
  • Confíense a otros los papeles odiosos y disciplinares.
  • Procura secundar las inclinaciones de cada uno, confiándoles preferiblemente los cargos que se sabe son de su mayor agrado.
  • Cuando recibes un informe, óyelo todo, pero procura aclarar los hechos y oír a las partes antes de juzgar.
  • Hágase economía en todo, pero de modo que a los enfermos no les falte nada en absoluto.
  • Aborrece como veneno las modificaciones de las Reglas. Lo mejor es enemigo de lo bueno.

¡Con este programa toda comunidad religiosa formará un solo corazón y una sola alma con el propio superior!

Como explicación y complemento de los Recuerdos se formularon unas Normas, recogidas en las Conferencias generales a medida que se sugerían. Así aparecen en un primer manuscrito. Y fueron coordinadas y corregidas después por el mismo don Miguel Rúa, según se ve en la copia de los Recuerdos, del «día de san José del año 1876».

 

Normas privadas para los Directores, que pueden servir de explicación y complemento de los Recuerdos confidenciales.

1.° Preocúpense los Superiores de cada casa de dirigir y formar su propio personal para la docencia, la asistencia y el servicio. Especialmente en estos años en que hay penuria de personas, y el personal que tenemos es casi todo muy joven.

2.° Traten los Directores con mucha bondad y condescendencia a sus subordinados, y, por cuanto les sea posible, no asuman papeles odiosos. Si es materia disciplinar, ejecútela el prefecto. Si es algo importante concerniente a un hermano, comuníquese por escrito al Superior General.

Las noticias para los padres sobre la conducta de los alumnos, de ordinario délas el Director; si éste no puede o no conviene por tener que tomar medidas algo severas, pase al prefecto o a otro las normas a seguir para desempeñar este oficio.

3.° Acérquense a menudo los Directores a los más necesitados para animarlos y mejorar su conducta, y para conocer sus particulares necesidades y poner remedio.

4.° Ténganse especiales atenciones con los miembros que han contraído méritos particulares, así en los viajes como en las distintas circunstancias de la vida y especialmente en las enfermedades.

5.° Guárdese en todos los colegios especialísima consideración con los profesos, sean clérigos o coadjutores, déseles mucha confianza y confíenseles, aunque sean menos hábiles que otros, los asuntos más confidenciales y delicados, incluso diciéndoselo, o haciendo que se den cuenta de que se les encarga aquello antes que a otros, porque son profesos y considerados como verdaderos hermanos.

6.° Todo Director tenga mucho interés por la clase de teología, y cuide que se dé con diligencia y no se omita nunca.

7.° Todo Director procure hablar o escribir con tiempo al Rector Mayor acerca de los que considera dignos para recibir las sagradas órdenes. Pero antes trate de ello con su Capítulo, y envíe su parecer. Acuérdese de volver a enviar la delegación con las indicaciones necesarias.

8.° Dése comodidad a los sacerdotes recién ordenados para estudiar moral.

9.° No dejen nunca los Directores de dar dos conferencias al mes; en una léanse y explíquense las Reglas, y en la otra trátese algún tema moral. Si el Director no puede dar la conferencia, hágase una lectura espiritual que la supla; pero no se omita nunca esto.

10.° No se olvide nunca el coloquio mensual (rendiconto); hágase pausadamente y con esmero. El Director interrogue especialmente sobre estos dos puntos:

1) ¿Encontráis en vuestro cargo algo que os causa aversión y que pueda impedir vuestra vocación? ¿Desde el otro coloquio a éste os parece haber hecho algún progreso espiritual?

2) ¿Os consta de algo que pueda hacerse o impedirse para alejar la ofensa de Dios, evitar algún desorden o escándalo?

Muchas veces se descubren cosas, que jamás imaginábamos, y de las que ellos creían estábamos enterados o que no les dábamos importancia. Cuando a través de un coloquio se conoce algo que puede ser fuente de mal, de desórdenes para un hermano, tómese nota, y, cuando llegue el turno del interesado, hágansele preguntas alusivas, o pregúntesele abiertamente esto o aquello, según los casos. Así podremos preservar hasta de peligros graves y de modo que nadie quede ofendido, e impedir escándalos sin que nadie se dé cuenta.

Pero póngase mucha atención en los coloquios para no tocar cosas de conciencia.

11.° Coloquio mensual y confesión deben ser cosas totalmente distintas; el coloquio trate de cosas exteriores, porque necesitamos servirnos de él siempre, lo cual no podría hacerse si se trataran asuntos de conciencia, sin peligro de confundirlos con cosas de confesión.

12.° En todos nuestros colegios procure el Director que el Catequista se cuide de un modo especial de los clérigos, ayudándolos a cumplir exactamente sus deberes, amonestándolos amablemente para que corrijan sus faltas y avisando al Director, si teme algún desorden; por eso pídale informes de ellos a menudo.

13.° Los Directores, por sí mismos o por medio del Catequista, vigilen la celebración de la misa de sus sacerdotes y hagan advertencias para que se observen las ceremonias, salgan al altar con mucha devoción y no sea su misa demasiado corta, ni demasiado larga cuando celebran en público.

14.° Los sacerdotes o clérigos, enviados a celebrar o a ayudar la misa fuera de nuestros colegios, distínganse entre todos por su devoción y por su exactitud en las ceremonias. Si a éstos no se les deja plena libertad, es preferible no aceptar la invitación. Lo piden el decoro de la Congregación y de la Casa que los envía.

15.° Cuiden los Directores de que ni los profesores ni los otros Superiores subalternos contraigan relaciones con los externos y especialmente de que no hagan visitas a casas particulares.

16.° Para la enseñanza se contraten siempre lo menos posible profesores externos, ya sea por la cuantiosa suma que se gasta, ya sea porque ellos generalmente no se cuidan de la parte moral, que debe ser constantemente el primero y último fin de nuestros actos. Cuando se puedan simplificar las cosas juntando dos cursos, con menos personal, hágase siempre; por ejemplo, en la Historia estudien todos un año la Edad Media; al año siguiente la Edad Moderna; en la Filosofía, un año todos la Lógica, al otro todos la Ética. Y cuando no se puede prescindir de un profesor externo, antes de escogerlo pida el Director permiso y consejo al Rector Mayor.

17.° Cada trimestre den un informe sobre la situación higiénica, económica, escolástica y especialmente moral del propio colegio, notando los detalles acerca de la conducta de los socios, ya sea en bien ya sea en mal, y eso para norma del Rector Mayor para conocer a los miembros de la Congregación.

18.° Para la administración general del Director llévese un ((1050)) libro de cuentas donde él anote las entradas de todo género y del dinero que le entrega semanalmente el prefecto, registre también en él todas las salidas de dinero, aun las que entrega al prefecto para los gastos ordinarios y extraordinarios, procurando clasificar entradas y salidas. Si tuviese que hacer gastos particulares secretos, podrá anotarlos en un libro especial para presentarlo al Superior General y que deberá servir para la rendición de cuentas particulares del Director al fin del año escolar y en cualquier momento que se lo pidiese el Superior.

19.° No se introduzcan nunca variaciones en la contabilidad o en otra cosa, sin especial acuerdo con el Rector Mayor.

20.° Se recomienda cumplir, hasta donde sea posible, los decretos de Roma de 1848, sin preocuparse excesivamente, por ahora, de lo que todavía no puede hacerse.

21.° Con respecto a los examinadores que éstos piden, los miembros de los Capítulos de cada casa ejercerán las funciones de examinadores provinciales y los miembros del Capítulo Superior serán examinadores generales. Esta determinación es provisional.

22.° Regularmente el cargo de Director en un colegio dure seis años como el de los miembros del Capítulo Superior, pero el Superior General tiene facultad para cambiarlos antes, cuando así lo pide la necesidad, o de confirmarlos, si lo pide la mayor gloria de Dios.

23.° Una cosa a la que deben tender todos los Directores, junto con los miembros del Capítulo Superior, es la de unificar la dirección general de la Congregación y para ello estudiar la manera de emancipar al Capítulo Superior de la dirección del Oratorio    (La formación del Capítulo particular del Oratorio se llevó a cabo en 1873).

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N.B. Tocante a las escuelas nocturnas, se determinó en las conferencias otoñales, que se ensayara en cada colegio, fuera del Oratorio, el hacerlas antes de cenar, para ver si era más conveniente, pero manteniendo la hora de las oraciones que debe ser a las nueve.

 

La íntima unión familiar, a través de la más asidua y caritativa vigilancia paterna, el cuidado de todos para llevar una vida ejemplar, y el espíritu de pobreza en la vida común, eran las recomendaciones que continuamente salían del corazón del Santo Fundador.

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