Mes: septiembre 2016

¿Cómo buscarte?

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Si comunicarse con los demás es importante; mucha más lo es con quienes nos sentimos íntimamente unidos, con nuestros padres, con la familia, con los hijos, con quienes nos quieren y queremos y también con Dios.

Esta comunicación motiva y trae esperanza y alegría en la vida, además nos da la confianza.
Existen ciertos momentos en la vida en los que una oración corta es lo que necesitamos para volver a mirar a Dios y recuperar ese sentido de calma. Puede ser en una situación en la que estamos sobrepasados por el dolor, el miedo, la ansiedad o la preocupación; o momentos en los que estamos apurados, ya sea saliendo de casa camino hacia el trabajo o mientras el profesor va entregando el examen: siempre hay unos segundos para ofrecerle una pequeña oración.

Cualquiera sea la razón, Dios nos dice que importa más la intención del corazón que lo largo o extenso de nuestra oración.

Te propongo esta sencilla, bella y profunda oración de un santo:

Señor Dios, enséñame dónde y cómo buscarte,
dónde y cómo encontrarte…
Tú eres mi Dios, tú eres mi Señor,
y yo nunca te he visto.
Tú me has modelado y me has remodelado,
y me has dado todas las cosas buenas que poseo,
y aún no te conozco…
Enséñame cómo buscarte…
porque yo no sé buscarte si tú no me enseñas,
ni hallarte si tú mismo no te presentas a mí.
Que te busque en mi deseo ,
que te desee en mi búsqueda.
que te busque amándote
y que te ame cuando te encuentre.

P. Salvador Murguía sdb

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Dejar huella

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Hay un afán muy grande en nuestro mundo por este tema de construir, hacer, dejar huella, no ser uno más, ser diferente… pero yo siempre me pregunto: ¿por qué tenemos necesidad de todo esto?

Buscando la respuesta más humana, se me ocurre pensar que tiene que ver con el deseo del hombre de permanecer, de amar, de ser importante para otro. La idea no es mala, importante es el lugar donde se ha puesto el acento. Podemos dejar huella y construir simplemente siendo lo que tenemos que ser, amando. Eso puede sonar muy simple, pero es lo más real y posible. De otra forma serían unos pocos (los inventores, científicos, creadores de algo…) los únicos dignos de ese bien tan preciado por todos: la felicidad.

P. Salvador Murguía sdb