El valor de la cortesía

Cortesia

La “buena educación” es la más simple, modesta y olvidada de las virtudes, pero está en la base de todas las demás.

Como de costumbre, desde la cocina, la mujer dijo: “¡Todo está listo!”.

El esposo, que estaba leyendo el periódico, y los dos hijos, que miraban la televisión y escuchaban música ruidosamente se sentaron en la mesa, cogieron ruidosa e impacientemente los cubiertos. Llegó la mujer.

Pero en lugar de los acostumbrados y perfumados platos, puso en el centro de la mesa un montoncito de heno.

“¡Pero… pero!”, dijeron los tres hombres. “¡Qué!, ¿te has vuelto loca?”.

La mujer los miró y contestó: “Bueno, ¿cómo lo habría podido imaginar para que ustedes se dieran cuenta? Cocino para ustedes desde hace veinte años y durante todo este tiempo nunca he escuchado de ustedes una palabra que me hiciera comprender que estaba mascando heno”.

Toda persona es sagrada, nos enseñan los primeros renglones de la Biblia. Traducido en términos prácticos, esto significa también “no existen sirvientas en familia”. Ser conscientes del valor absoluto de toda persona significa verla con los ojos del Creador, con su misma actitud en cada momento de la Creación. La Biblia empieza con un estribillo: “Dios vio que estaba bien”.

Llamamos cortesía, o también “buena educación”, todo lo que hace al mundo donde vivimos “bello”. Como todas las cosas importantes naturalmente son simples y fáciles.

Sonreír

Es el elemento que hace a la persona más elegante que los vestidos. En el momento en que dos miradas se cruzan, quien sonría con naturaleza contagia al otro. Es el secreto de la felicidad familiar. Recordar siempre que, especialmente en familia, nuestra felicidad, incluso si a veces cuesta un gran esfuerzo, puede hacer feliz a algún otro.

Saludar

Significa decirle a alguien: “Estoy contento de haberte encontrado”. Los rituales más importantes en una familia son aquellos “del umbral”, todos los que salen deben recibir un beso y un abrazo, y todos los que entran deben ser besados y abrazados. Ser familia significa ser felices de estar juntos.

Escucharse

Y no se trata solo de ver, sino también de escuchar. El respeto no existe si no sabemos estar atentos a lo que los demás dicen. Esto no es fácil, especialmente en nuestros días, en la “sociedad del ruido”. Así a veces la conversación familiar es de este tipo:

Hijo: ¿Has escuchado lo que ha sucedido en Siria?

Padre: ¡Qué va!

Madre: ¿Tiene suficiente sal la sopa?

Hijo: Es un problema, ¿verdad?

Padre: Sí.

Hijo: Entonces, ¿qué piensas de ese asunto?

Padre: Tienes razón, falta un poquito de sal.

Madre: Aquí está.

Hijo: Es sorprendente cómo se haya llegado a tanto.

Madre: ¿Qué nota sacaste en matemáticas?

Padre: Yo nunca he comprendido nada de matemáticas. Madre: Esta noche hace frío…

Una escucha verdadera es el regalo más bello que se puede hacer a una persona. Significa: “Tú eres importante para mí, por eso te presto toda mi atención”.

Agradecer

Empezando por los padres. Han dado lo más bello, importante y genial que existe: la vida. Cualquiera que sea su edad hay que cuidar de ellos con pequeños gestos dia-rios (una llamada, un sms, una sorpresa…). Siempre tenemos deudas con ellos, incluso si han cometidos errores. Son seres huma-nos y, como todos, no son perfectos.

Respetarse

Existen personas que parecen invisi-bles. La vida va adelante sin su pre-sencia: las personas hablan entre sí, desarrollan sus acostumbradas acti-vidades, bromean, comen, fantasean, se rascan la cabeza, hacen crucigramas, como si ellos no existieran. Es fre-cuente tener una experiencia de este tipo en una tienda o en una oficina. Si esto sucede en casa o entre amigos, es más preocupante. Pero qué alegría cuan-do alguien ve lo que necesitamos, cuando alguien se da cuenta de lo que queremos, cuando alguien nos manifiesta estima y nos aprecia; tal vez también más que nosotros mismos, cree en nosotros aun cuando nuestra autoestima es vacilante.

La buena educación

Todas las reglas de urbanidad, especialmente en las comidas hechas juntos, son esenciales. Respetar los horarios, usar correctamente los cubiertos y la servilleta. No echar a perder la comida, servir gentilmente a los más pequeños. Ayudar a preparar y a quitar la mesa. Las comidas no son un pequeño ‘tribunal’, sino el momento de la alegría familiar.

Rezar juntos

La familia que reza unida, nor-malmente permanece unida.

 

Escrito por: Bruno Ferrero  y Ana Peiretti, para el Boletín Salesiano de Perú.

Liga: http://boletinsalesiano.pe/boletin/noticias/el-valor-de-la-cortesia

 

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