Dar la vida

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La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. Los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se “apasionan” comunicando vida a los demás.

El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, y sobre todo de la conciencia aislada.

Cuando la persona se encierra en sus propios intereses, ya no hay espacio para los demás, los más necesitados de ayuda, los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no se sienten ganas de y entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corremos ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caemos en él y nos convertimos en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el lo que Dios quiere de nosotros.

P. Salvador Murguía sdb

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