La sonrisa y algo más…

Sonrisa

Si tenemos sentido del humor es señal de que somos felices o tal vez que estamos en camino de serlo. Si no tenemos sentido del humor, deberíamos pensar en que la felicidad es algo maravilloso y que hay que ir por ella. La alegría se manifiesta por la sonrisa, no por la risa. Aunque la gente que es feliz también se ríe, pero la sonrisa es lo más característico.

La sonrisa en los labios es la expresión de la confianza y en algunas personas lo convierten en la virtud de la esperanza aún en medio de las dificultades. Cuando nos encontramos con una persona que a las 7 de la mañana sonríe, nos llama la atención, pero si a las tres de la tarde sigue sonriendo y los más espectacular es que a las once de la noche, también sonríe, eso significa que su propia interioridad le hace sobreponerse a las circunstancias externas y son ese tipo de personas a las que admiramos porque causa un auténtico gusto convivir con ellas.

A Don Bosco, el Padre de los jóvenes, se le ha llamado con razón «el santo de la alegría». Cuando Pablo VI, el año 1975, regaló a la Iglesia su carta sobre la alegría, «Gaudete in Domino», nombró a San Juan Bosco como uno de los santos que mejor habían aprendido y comunicado el carisma de la alegría Ya en sus tiempos de estudiante en Chieri, hacia el 1832, fundó el primer grupo de muchachos y lo llamó «la Sociedad de la Alegría» entre sus compañeros, mostrando su opción por buscar lo positivo en la vida y evitar toda tristeza («melancolía, fuera de la casa mía»). Y esa fue una de las claves principales de su pedagogía con los niños y los jóvenes y será después un elemento importante de la espiritualidad de la Congregación Salesiana entendida como fiesta y la fe como felicidad. Por una parte, la música, el teatro, las excursiones, el deporte. Por otra, la alegría sobrenatural de la fe. En todo momento la alegría del existir, del poder trabajar, de la entrega a los demás, la alegría de la vida de cada día. El optimismo, la confianza en Dios y en las personas, saber ver, vivir y gozarse de los valores que hay en este mundo, sin lamentarse continuamente, son los secretos de su pedagogía humana y religiosa.

Siempre se ve a Don Bosco sonriendo en medio de los muchachos; leyendo su vida se descubre lo “bromista” que era con personas y especialmente con los jóvenes, no perdió el buen humor ni en el lecho de muerte, le decía al joven salesiano que lo asistía: “Viglietti, dame un poco de café helado, pero que esté muy caliente”. La confianza de sentirse querido por Dios era lo que le hacía irradiar alegría por todos los poros y a todas horas tanto que algunas personas llegaron a pensar que Don Bosco no tenía problemas y que tal vez nunca sufría pues diario se le veía sonriendo.

Vivir con sentido del humor es como viajar en una avión, desde donde somos capaces de ver que si ahora estamos pasando por una cerrada cordillera, más adelante estará un valle en el cual se podrá descansar. Así, aunque se tenga una mala temporada se sabe que tiene que pasar y que vendrán otras mejores, por lo que no debo cambiar mi estado de ánimo y mucho menos perder mi sentido del humor. ¿Acaso no es eso lo que nos han enseñado nuestros antepasados, abuelos y padres?

P. Salvador Murguía sdb

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