Un llanto de criatura

AcordeonNiño

Una importante y mundialmente famosa compañía productora de chocolates quebró como industria hace unas pocas semanas, cuando se supo que su producción se alimentaba de la explotación del trabajo de cientos de niños de un grande país de África, además del pago de un salario miserable a cada uno de ellos.

Las cifras ya no nos llaman la atención porque nos hemos acostumbrado a escuchar y no ver los rostros. En cada rostro se oculta una historia y como escribía la poeta, narradora y periodista latinoamericana Delfina Acosta:

“Con lámpara en la mano te miré Dios: ¡y vi en tu rostro un llanto de criatura!”

Sí, es el llanto de millones de criaturas que no tienen un tiempo para jugar, para reírse, para cantar y compartir, porque han nacido para trabajar. Hoy, existen cerca de 250 millones de niños que trabajan en el mundo y más de 150 millones lo hacen en condiciones peligrosas. Tras las cifras se esconden historias reales de infancias rotas.

“Muchos niños en el mundo no tienen la libertad de jugar, ir a la escuela, y terminan siendo explotados como mano de obra barata” ha dicho con fuerza y sin tapujos el Papa Francisco.

El trabajo infantil se refiere a cualquier trabajo o actividad que priva a los niños de su infancia. En efecto, se trata de actividades que son perjudiciales para su salud física y mental, por lo cual impiden su adecuado desarrollo. El trabajo infantil incluye: las peores formas de trabajo infantil que consisten en todas las formas de esclavitud o prácticas similares, como el trabajo forzoso, la trata de niños y sobre todo de niñas, la esclavitud por deudas o la servidumbre, tareas domésticas realizadas durante largas horas en un lugar insalubre, en lugares peligrosos que requieran el uso de materiales o herramientas peligrosas.

Los niños que trabajan no están en capacidad de tener una educación normal y serán condenados a convertirse en adultos analfabetos, sin tener la posibilidad de crecer profesionalmente. En muchos casos, el trabajo infantil pone en peligro la dignidad y la moral del niño, especialmente cuando es víctima de explotación sexual, como la prostitución o la pornografía infantil.

En una de las visitas del Santo Padre a Filipinas el año 2015, tuvo que cambiar su discurso pues una niña de 12 años le preguntó en su intervención, “¿Por qué Dios permite la prostitución infantil?, ¿Por qué tan poca gente es la que nos ayuda?”, ante esto el Pontífice se quedó sin palabras. El llanto de millones de niños y niñas no llegan a nuestros oídos.

P. Salvador Murguía sdb

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s