Respuestas nuevas

VERDistinto

Ver la vida de diferente forma no es muy común en la mayoría de nosotros que estamos acostumbrados a “estandarizar” de acuerdo a moldes ya establecidos los problemas, las personas y la vida y a rehuir y no afrontarlos; así es la forma común de proceder. Por otra parte, deja gratamente impresionado cuando alguien ve y reflexiona desde un punto diverso las cosas y decimos que son personas “originales” y “creativas” porque buscan en otro lado el sentido profundo de las cosas y se comprometen de lleno a solucionarlas. ¿No te impresiona eso? Estas gentes a veces nos asustan por sus ocurrencias pero más nos sorprenden cuando reflexionamos su forma de “hacer las cosas”.

En este sentido es  impresionante la capacidad que tiene el Papa Francisco de comunicarse con las personas, de hablar con “todos” los periodistas y con cualquier persona sin ningún miedo a preguntas de cualquier género a todos los trata igual y se manifiesta con mucha libertad; pero más impacta cuando siendo creativo da respuestas nuevas ante situaciones nuevas y eso habla de una grande capacidad de reflexión y de discernimiento en su vida, tanta que se siente libre y nunca amenazado por nada ni por nadie, solo amado por Dios. Lo dice continuamente Él.
Un ejemplo lo iluminará mejor. Cuenta un escritor:

“A un amigo mío llamado David, su hermano le regaló un automóvil. Y un día, cuando David salió de su oficina, un niño estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo y admirándolo.
Señor, ¿este es su coche? -preguntó.
David afirmó con la cabeza. Mi hermano me lo regaló.
El niño estaba asombrado. ¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? Vaya, me gustaría…” titubeó el niño.
Desde luego, David sabía lo que el niño iba a decir: que le gustaría tener un auto o un hermano así, pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció a David de pies a cabeza.
“Me gustaría -prosiguió el niño- poder ser un hermano así”.
David miró al niño con asombro, e impulsivamente añadió: “¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto?”.
¡Ah sí, eso me encantaría!. Después de un corto paseo, el niño volteó y con los ojos chispeantes dijo: “Señor… ¿No le importaría que pasáramos frente a mi casa?”. David sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Quería enseñar a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil.
Pero de nuevo, David estaba equivocado.
“¿Se puede detener donde están esos dos escalones?” pidió el niño. Subió corriendo y tardó en regresar, al poco rato David vio que regresaba cargando a su hermano menor que estaba lisiado. Lo sentó en el primer escalón, entonces le señaló hacia el coche. “¿Lo ves Juan?. Allí está, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo regaló y a él no le costó ni un centavo, y algún día yo te voy a regalar uno igualito… entonces podrás ver por ti mismo todas las cosas bonitas de las que te he hablado”.
David, bajó del coche y subió al muchacho enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, se subió tras de él y los tres comenzaron un paseo memorable.
Ese día, David se sintió tocado en el corazón con la frase del Evangelio: “Hay más dicha en dar que en recibir”.

P. Salvador Murguía sdb

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