La alegría

Si tenemos sentido del humor es señal de que somos felices o de que estamos en camino de serlo. Si no tenemos sentido del humor, deberíamos pensar en que la felicidad es algo maravilloso y que hay que ir por ella.

Santos tristes no existen: serían tristes santos, decía San Francisco de Sales.

La alegría se manifiesta por la sonrisa, no por la risa. Aunque la gente que es feliz también se ríe, pero la sonrisa es lo más característico. Cuando nos encontramos con una persona que a las 7 de la mañana sonríe, nos llama la atención, pero si a las tres de la tarde sigue sonriendo y los más espectacular es que a las once de la noche, también sonríe, eso significa que su propia interioridad le hace sobreponerse a las circunstancias externas y son ese tipo de personas a las que admiramos porque causa un auténtico gusto convivir con ellas.

Don Bosco le dió color a la vida y difundió alegría. La alegría amplia y profunda que que dio como ejemplo su persona se basaba en el gozo de vivir, manifestado en lo cotidiano; la aceptación de los acontecimientos como camino concreto y atrevido para la esperanza; la intuición de las personas con sus dones y sus limitaciones para formar familia; el sentido agudo y práctico del bien; el don de la predilección por la edad juvenil, que abre el corazón y la fantasía hacia el futuro e infunde una flexibilidad inventiva para saber asumir con equilibrio los valores de los tiempos nuevos…

La alegría es el “undécimo mandamiento de las casas salesianas”. Es uno de los grandes secretos del sistema preventivo. No se cansó nunca de repetir a sus jóvenes “Estén siempre alegres“, “Sirvan al Señor estando alegres”, “Vivan con la mayor alegría, con tal que no cometan pecados”.

Vivir con sentido del humor es como viajar en una avión, desde donde somos capaces de ver que si ahora estamos pasando por una cerrada cordillera, más adelante estará un valle en el cual se podrá descansar. Así, aunque se tenga una mala temporada se sabe que tiene que pasar y que vendrán otras mejores, por lo que no debo cambiar mi estado de ánimo y mucho menos perder mi sentido del humor.

Don Bosco supo que la forma de vida del muchacho es la alegría, la libertad, el juego. El muchacho debe ser amado y respetado en su espontaneidad.

P. Salvador Murguía sdb

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