Mes: junio 2016

Empatía adolescente

empatia adolescente

La empatía es la capacidad de ponernos en el lugar del otro. Es una capacidad por lo tanto fundamental para relacionarnos con los demás.

La capacidad de poder comprender a los demás y ponerse en el lugar de otros es algo fundamental para el desarrollo de la persona.

  • Nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos.
  • Favorece el desarrollo y la adaptación emocional, ya que aprendemos a no centrar en nosotros mismos aquello que ocurre a nuestro alrededor.
  • Las personas empáticas, por lo tanto se relacionan mejor con los demás.
  • Contribuye a desarrollar la sociabilidad, y por lo tanto es un elemento fundamental de las habilidades sociales.
  • La empatía es esencial para ser personas populares y queridas.
  • Al contribuir a todo esto, la empatía por lo tanto va a fortalecer la autoestima de la persona, su seguridad y equilibrio.

PAUTAS PARA DESARROLLAR LA EMPATIA

  • Desarrolla tu empatía y muéstrala a los pequeños, ya que aprenden por lo que ven. Los valores y la forma de actuar de los adultos más cercanos es transmitida a los niños y niñas sin que apenas nos demos cuenta de ello.
  • Desarrolla una autoestima sana y fuerte en los pequeños, esto les permitirá ponerse en el lugar de los otros sin sentirse vulnerables o verse dañados por interpretaciones erróneas.
  • Enséñales a escuchar a los demás, que sienten los otros, que piensan, que les alegra, que les entristece, que temen, etc.
  • Habla con ellos y explícales tus emociones y tus sentimientos. De esta forma irán entiendo que ante una misma situación los otros también tienen pensamientos y emociones ajenas a las de uno mismo.
  • Enséñales con a prestar atención a los demás. Cuando hable otra persona escúchala, ellos aprenderán que eso es lo que se debe hacer y animales a ellos a que escuchen y miren a la persona.

6 ACTIVIDADES PARA DESARROLLAR LA EMPATIA EN LA ADOLESCENCIA

  1. Utiliza cuentos y dibujos animados o series y películas. Explícales y dialoga con ellos sobre las diferentes emociones de los personajes y sobre su manera de expresarlas. Pregúntales ¿Cómo crees que se siente? ¿Por qué se siente así? ¿qué crees que puede estar pensando?
  2. Juega con ellos a imaginar que piensan y sienten otras personas. Podemos emplear una película, o una persona que nos encontremos en el autobús. La actividad consiste en decirles observa a esta persona (en el caso de la película, quitaremos el sonido y pararemos la imagen). ¿cómo crees que se siente? ¿Por qué puede ser que se sienta así? ¿qué puede estar pensando?
  3. Utiliza caretas o sombreros que simbolicen diferentes expresiones emocionales, una con cara sonriente, otra triste, enfadada, sorprendida, etc. Los niños y niñas se pondrán las caretas y representarán la emoción que muestra la cara, también podemos pedirles que expliquen porque se sienten así.
  4. Reflexiona con ellos sobre diferentes acontecimientos o situaciones. Si se ha enfado con uno de sus amiguitos, le escucharemos pero también le ayudaremos a ponerse en el lugar del otro, podemos preguntarle y cómo crees que se siente él o ella, que estará pensando.
  5. ¿Cómo te sentirías tú, si …? Se trata de comentar diferentes situaciones, por ejemplo el niño o niña comenta “a esta persona le ha ocurrido esto….” le diremos entonces, ¿cómo te sentirías tú? ¿qué harías? ¿qué crees que puede sentir y pensar esa persona…?
  6. Actividades de comunicación. Realiza diálogos y debates con los demás donde les enseñaremos a escuchar y a respetar el turno de palabra.

 

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

Anuncios

La sonrisa y algo más…

Sonrisa

Si tenemos sentido del humor es señal de que somos felices o tal vez que estamos en camino de serlo. Si no tenemos sentido del humor, deberíamos pensar en que la felicidad es algo maravilloso y que hay que ir por ella. La alegría se manifiesta por la sonrisa, no por la risa. Aunque la gente que es feliz también se ríe, pero la sonrisa es lo más característico.

La sonrisa en los labios es la expresión de la confianza y en algunas personas lo convierten en la virtud de la esperanza aún en medio de las dificultades. Cuando nos encontramos con una persona que a las 7 de la mañana sonríe, nos llama la atención, pero si a las tres de la tarde sigue sonriendo y los más espectacular es que a las once de la noche, también sonríe, eso significa que su propia interioridad le hace sobreponerse a las circunstancias externas y son ese tipo de personas a las que admiramos porque causa un auténtico gusto convivir con ellas.

A Don Bosco, el Padre de los jóvenes, se le ha llamado con razón «el santo de la alegría». Cuando Pablo VI, el año 1975, regaló a la Iglesia su carta sobre la alegría, «Gaudete in Domino», nombró a San Juan Bosco como uno de los santos que mejor habían aprendido y comunicado el carisma de la alegría Ya en sus tiempos de estudiante en Chieri, hacia el 1832, fundó el primer grupo de muchachos y lo llamó «la Sociedad de la Alegría» entre sus compañeros, mostrando su opción por buscar lo positivo en la vida y evitar toda tristeza («melancolía, fuera de la casa mía»). Y esa fue una de las claves principales de su pedagogía con los niños y los jóvenes y será después un elemento importante de la espiritualidad de la Congregación Salesiana entendida como fiesta y la fe como felicidad. Por una parte, la música, el teatro, las excursiones, el deporte. Por otra, la alegría sobrenatural de la fe. En todo momento la alegría del existir, del poder trabajar, de la entrega a los demás, la alegría de la vida de cada día. El optimismo, la confianza en Dios y en las personas, saber ver, vivir y gozarse de los valores que hay en este mundo, sin lamentarse continuamente, son los secretos de su pedagogía humana y religiosa.

Siempre se ve a Don Bosco sonriendo en medio de los muchachos; leyendo su vida se descubre lo “bromista” que era con personas y especialmente con los jóvenes, no perdió el buen humor ni en el lecho de muerte, le decía al joven salesiano que lo asistía: “Viglietti, dame un poco de café helado, pero que esté muy caliente”. La confianza de sentirse querido por Dios era lo que le hacía irradiar alegría por todos los poros y a todas horas tanto que algunas personas llegaron a pensar que Don Bosco no tenía problemas y que tal vez nunca sufría pues diario se le veía sonriendo.

Vivir con sentido del humor es como viajar en una avión, desde donde somos capaces de ver que si ahora estamos pasando por una cerrada cordillera, más adelante estará un valle en el cual se podrá descansar. Así, aunque se tenga una mala temporada se sabe que tiene que pasar y que vendrán otras mejores, por lo que no debo cambiar mi estado de ánimo y mucho menos perder mi sentido del humor. ¿Acaso no es eso lo que nos han enseñado nuestros antepasados, abuelos y padres?

P. Salvador Murguía sdb