Acompañándose

Acompañar

Padres de familia y educadores nos hace bien aprender a escuchar, pero sobre todo a dejarnos guiar, aunque seamos adultos; nadie está exento de este trabajo de crecimiento que dura hasta el día de nuestra muerte. La vida es aprender a escuchar, a dejarnos guiar por los demás, así vamos creciendo.

Y la Biblia es el libro donde se dice que Dios aconseja, guía y orienta a su pueblo y al hombre; y el creyente es el hombre de fe que aprende a escuchar la voz de Dios y hacer su voluntad. Para expresar su voluntad Dios se vale de personas que acompañan, orientan y guían a los demás.

Don Bosco se dejó llevar por Dios haciéndose acompañar de una persona que fue su Ángel de la Guarda. Él lo escogió desde que era muy joven y cuando apenas estaba entrando al seminario y después le ayudaría a formar su oratorio. El P. José Cafasso una rica y admirable personalidad; de esas que son estrellas deslumbrantes por su intenso brillo misericordioso hacia los demás. La ciudad de Turín, aún hoy en dia le guarda un respeto y cariño muy especiales a este hombre y Santo.

“Siempre tenía una palabra precisa, el consejo apropiado, la solución definitiva.
Otras cualidades que en él sobresalían de modo especial eran su tranquilidad inmutable y ejemplar paciencia. En el rostro llevaba siempre una sonrisa amable para acoger a las personas. Como era de baja estatura, decían de él: “Es pequeño de cuerpo, pero gigante de espíritu”.

Esto dice San Juan Bosco, en la biografía que escribió del Padre José Cafasso, quien fue su amigo de toda la vida, maestro y director espiritual mientras vivió pues murió a los 49 años. Destacaba de él varias facetas de su múltiple actividad: “padre de los pobres, consejero de los vacilantes, consolador de los enfermos, auxilio de los agonizantes, alivio de los encarcelados, salud de los condenados a muerte”. Este hombre que formó a muchos sacerdotes que después serían santos hizo su trabajo calladamente acompañando a jóvenes escuchando sus problemas y orientando sus vidas”.

Cuando Don Bosco siendo joven, estaba aún en el seminario y no podía proseguir sus estudios por falta de recursos, el padre Cafasso le pagó media beca y obtuvo de los regentes del seminario que le facilitasen la otra mitad, sirviéndole el joven seminarista de sacristán, remendón y peluquero; y cuando se ordenó, también le costeó el curso en el Convitto para su post-graduación.

Después lo ayudó en su apostolado con los niños, e, incluso cuando todos abandonaron a Don Bosco, continuó siendo su acérrimo defensor. Lo ayudó también en la recién fundada Sociedad Salesiana, siendo considerado por los salesianos como uno de sus mayores benefactores.

Nos hace bien el preguntarnos si nos dejamos guiar por alguna persona en las grandes e importantes decisiones de nuestra vida o tal vez, si acompañamos a los demás en su caminar por la vida.

 

P. Salvador Murguía sdb

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