La conexión entre mirada y corazón

miradas

Nuestra sabiduría popular dice que “De la abundancia del corazón habla la boca” y así se percibe en cualquier encuentro con las personas y esto resulta mucho más cierto cuando la persona que habla lo dice espontáneamente y en forma “apasionada” y decimos que “habla con el corazón y vende lo que trae”. Juan Pablo II decía: “La mirada explica lo que hay en el corazón”. Y también  Jesús  lo dice, que “de lo que rebosa el corazón habla la boca” Lc 6, 43.

Cada uno de nosotros tal vez no sabemos muy bien de qué rebosa nuestro corazón. Nos gustaría que fuera de buenos pensamientos, de buenas ideas, de buenos deseos. De amor, de ternura, de generosidad.

Me gustaría mirar a Jesús y agradecer por todo lo bueno que hace en mi vida. Me gustaría no quedarme sólo con lo que no tengo, con lo que quiero y no consigo, con lo que no me gusta y padezco. Me gustaría, tal vez, hacerme ilusiones y soñar despierto y pensar que mi boca sólo dirá aquello que hay en mi corazón.
Me gustaría que mi corazón estuviera lleno de cosas buenas, un mar hondo lleno de bondad y misericordia. De pensamientos buenos, de miradas positivas sobre la vida, sobre las personas.

No sé bien de qué rebosa realmente mi corazón. Es un mar revuelto de dudas y anhelos. De sueños imposibles. De fracasos contados. De deseos y proyectos. De desilusiones y alegrías.Y lo único de lo que estoy muy seguro es que Dios puede entrar en él si yo le dejo. Puede cambiarlo, puede hacerme de nuevo. Puede sembrar luz en medio de las sombras. Y vestirme de vida allí donde muero. Este Año de la Misericordia podría ser el mejor momento para dejarlo entrar.

Sé que sólo Él me conoce y me comprende en toda mi verdad de lo que soy. Me conoce aunque me esconda. Y me acompaña aunque me aleje. Sé que Él me quiere por lo que soy, no sólo por lo que hago y vendo; más por lo que soy. Por mis caídas y destellos de belleza. Por mi pobreza y me fragilidad; pero porque soy persona, creado por Él y porque soy su hijo. Igual que un papá de familia, o tal vez, mucho mejor. De eso estoy seguro. Ojalá llenara Él mi corazón.

P. Salvador Murguía sdb

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