Corazón con hondas raíces

TomasMoro

Es impresionante la vida y muerte de Tomás Moro. Un hombre de grande inteligencia y de profundas convicciones y que se fue haciendo santo; sabía bien lo que quería y pero conocía bien hacia donde orientaba su vida, pues manejándose en círculos de alta sociedad se supo mantener al margen de cualquier soborno y la causa de su muerte fue la firmeza en lo que creía. Un hombre. No quiso transar con nada ni con nadie en sus creencias, en su fe, en la verdad, en lo que creía justo. Lo ajusticiaron pero fue fiel a sus ideas hasta la muerte. No quiso ser como una veleta que se deja mover por los vientos.

Tomás fue llamado a un último consejo de guerra. Le pidieron que aceptara lo que el rey le mandaba y él respondió: “Tengo que obedecer a lo que mi conciencia me manda, y pensar en la salvación de mi alma. Eso es mucho más importante que todo lo que el mundo pueda ofrecer. No acepto esos errores del rey”. Se le dictó entonces sentencia de muerte. Decía un buen sacerdote Inglés:

“No nos educamos para ser plantas de invernadero, sino hombres con un sentido para lo trascendente, hombres plantados en la vida con ambos pies, que no se doblegan cuando no deben doblegarse”

Son admirables las personas sólidas que se mantienen firmes en medio de la tormenta. No se tambalean. No cambian. Esperan como una roca firme, como un cedro erguido contra el viento. Muchos son los testimonios de personas que mantienen esa fidelidad, esa solidez en la fe, en sus creencias. Me gustaría tener un corazón así de anclado en Dios. Un corazón con hondas raíces. Nos dan seguridad a todos los demás; son los mismos, ayer, hoy y siempre. Dijeron algo una vez y no han dejado de pensar lo mismo.

El hombre firme y auténtico. Fiel y sólido. Heroico. Es un hombre anclado en Dios. Tiene su corazón seguro en Él. No duda, no se desalienta, no huye. No renuncia nunca a sus ideas por miedo, o por querer caer bien a todos. Pero también sabe ser flexible. Sabe que sus opiniones son importantes pero nunca absolutas. Tiene claras las prioridades. ¡Qué importante es saber colocar el corazón en el lugar adecuado! Saber lo que de verdad quiero. Amar lo que sé que es importante en mi vida. Aunque eso no siempre me lleve al lugar más fácil y a los comentarios más agradables de los otros.

La tentación es dejar a un lado las convicciones por una aplauso, por una sonrisa, por un abrazo y así caer bien a todos. Pero mantenerse firme en lo que se cree y no dejarse llevar por la corriente de pensamiento; deja ver con claridad hacia dónde se camina y en Quién se puesto la esperanza de la vida.

P. Salvador Murguía sdb

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